El Rincón de los Miércoles 03-06-15

Caracas, la capital venezolana, parece agonizar lentamente cuando llega la noche. Está tenebrosamente oscura, golpeada por la indiferencia por los cuatro costados sin que el otrora majestuoso Cerro el Ávila pueda hacer algo por la que fuera su novia de siempre. Las luces mortecinas de los ranchos que circundan la ciudad producen un efecto óptico en el visitante. Esa primera visión, falsa por lo demás, nos trae el recuerdo de los pesebres de la navidad cuando en realidad son una terrible muestra de la pobreza en la que viven los caraqueños. La ciudad que siempre vistió trajes de gala para la visita es ahora una caricatura dibujada con todo el dramatismo de su tragedia por el gran Pedro León Zapata. Avanzo por la autopista que une a la capital con el estado Vargas y las escenas de miseria se repiten como una secuencia cinematográfica. Balanceándose en los cerros, a punto de venirse abajo, las casuchas con la carga humana en su interior parecen ensayar una danza donde la muerte es la bailarina principal. Bello Monte ya no es bello ni tiene la mejor vista de la ciudad como hace años. Está sucia de toda suciedad que uno pueda imaginarse y sus callejuelas ya no se parecen a las del viejo Madrid. El silencio de Caracas aturde, la gran capital ya perdió su encanto y se parece mucho a la ruinosa Habana, que fuera una perla en el Caribe antes de la llegada de los Castro. ¿Será que el socialismo está asociado a la multiplicación de la pobreza y a la destrucción de lo ya construido?. El caraqueño ocultó su alegría en el cofre de los recuerdos. Respira, pero yace en un sueño convertido en pesadilla de la que quisiera despertar para volver a sonreírle a la vida que se merece, y no a la que quieren imponerle a la fuerza.

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El escándalo que salpica a la FIFA tiene demasiados antecedentes. Desde hace mucho tiempo lo hemos venido diciendo en esta columna ante el sospechoso interés que algunos dirigentes han mostrado en perpetuarse en el poder. La presidencia de la Federación Venezolana de Fútbol tiene características muy especiales que la convierten en casi una institución con reglas similares a una monarquía. El trono de la FVF se hereda y el titular de la corona la cede solo cuando se muere, como ocurre en la cúpula de la organización. René Hamer falleció en ejercicio de la presidencia para dar paso al “Quemao” Olivares, intocable hasta su desaparición. Fue entonces cuando Rafael Esquivel llegó a los Altares y se ha mantenido por casi 30 años sin dar ninguna señal de retirarse o dar paso a una nueva dirigencia. Los que de alguna manera hemos estado vinculado al fútbol teníamos la sospecha de que intereses muy personales se manejaba desde muy arriba, como en efecto ha sucedido. Sin embargo aquí en el país no hubo ninguna diligencia para averiguar a fondo las actividades de la clase dirigente de ese deporte que, de una manera u otra, tiene la representación de Venezuela en el mundo. Parece ser que el reinado del esquivo Esquivel ha llegado a su fin. Lo importante ahora es revisar toda la gestión del presidente de la FVF y darle en el futuro la colaboración necesaria al trabajo de los verdaderos dirigentes deportivos para que estos puedan recobrar la confianza de todos los futbolistas que forman parte de nuestras organizaciones. Es cierto que hay incorporar a la nueva generación al trabajo en las asociaciones con el fin de crear un ambiente de honestidad y transparencia a sus proyectos en el futuro.
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MARCHA: Los venezolanos han salido a las calles de nuevo para decirle al mundo que no estamos satisfechos con lo que está sucediendo en nuestro país y que necesitamos con urgencia cambiar los esquemas políticos con los cuales estamos siendo gobernados. En una democracia no tienen por qué existir presos políticos y perseguidos por defender sus ideas, tampoco el clima de violencia y odio que ya ha cobrado miles de vida entre la población más vulnerable. Decía alguien que uno de los peores efectos del odio es que se pierde el sentido común y nos negamos a ser razonables. Cuando la sin razón es la razón de una conducta general del ser humano, habremos perdido la confianza de Dios y de nosotros mismos para condenarnos irremediablemente en los infiernos. Queremos tener Patria, sí, pero una patria donde todos podamos vivir y trabajar en paz para construir la gran nación con la cual soñaron los Libertadores.

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Barcelona ha ganado la Copa del Rey y se ha ganado también la repulsa de toda España cuando se irrespetó al himno nacional de su propio país. Ya saben que los nacionalismos solo traen consigo odio e intolerancia, y en la Península abundan los seguidores de esas tendencias gracias a la activa movilización de organizaciones que desean fracturar la unidad nacional solo por apetencias políticas de unos cuantos. Pitar el himno nacional no es solo una falta de consideración para el monarca, que se encontraba en el Camp Nou, sino una ofensa a todo el pueblo español. Si los vascos y los catalanes mantienen sus posiciones independentistas, no se entiende entonces que vayan a jugar una Copa del Rey.

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