Sin tregua – “Y SU PALABRA ES LA LEY…”

El 23 de Enero de Caracas es un submundo convertido en símbolo de lo que ocurre en toda Venezuela. Los investigadores podrían hacer de aquella parroquia su laboratorio para estudiar los diferentes y muy variados fenómenos sociales, políticos y culturales que afectan a esta silueta de país que nos va quedando. Ese microestado tiene su propia dinámica, que ha sido suficientemente manipulada por los caciques, para ajustarla a sus propósitos. Hasta lo más sagrado ha sido profanado: En un mural aparece la virgen María cargando a su niño Jesús, a quien colocaron una metralleta en sus manos.

Esos pequeños estados, estratégicamente ubicados detrás de Miraflores, están divididos en lo que pudiéramos llamar principados. Cada monarca tiene su espacio para mandar según su real gana. Su palabra es la medida. Son la ley y el orden. No permiten la entrada de Dibise, G.N.B., Cicpc u otros cuerpos armados del vecino país, conocido como Venezuela. Tienen bandera, escudo e himno nacional que les da identidad como un estado dentro del estado. Su iconografía responde a su sustrato ideológico, por lo cual las plazas celebran las “gestas heroicas” de Marulanda, el mono Jojoy y Raúl Reyes Reyes, cuyos bustos y estatuas adornan lugares privilegiados de esa parroquia.

Y aquello no es casual, pues el modelo que emulan es el de las FARC. Poderosa organización que durante 40 años dominó Colombia e impuso sus reglas. Incluso hoy – muy debilitada – sigue matando, secuestrando y todavía parece imperar en la productiva economía del narcotráfico. Como aprendieron de las FARC, empiezan el adoctrinamiento de sus huestes desde la más tierna infancia.

Los niños son catequizados en el marxismo. Imagino que “Las venas abiertas de América Latina” del uruguayo Eduardo Galeano o los cuadernos de la chilena Martha Harckneker son los catecismos en esta temprana ideologización, que también incluyen manejos de armas cortas y largas. Tienen, pues, que familiarizarse con la idea aquella que reza: “La violencia es la partera de la historia”.

También son microdictaduras con sus respectivos tiranos, devenidos en salvadores que componen sus reglas y normas. Se hace lo que el protector dice y quiere. Mientras todos los vasallos sobreviven en el miedo y en “estado general de sospecha”, como diría el tristemente célebre Eliécer Otaiza, reducido hoy a flamante director del Terminal de “La bandera”.

Los siervos de la gleba del 23 de Enero están sometidos a los mandamientos de sus respectivos salvadores, quienes les imponen formas de vivir y de comportarse. Les aíslan para dominarlos y esclavizarlos mejor, tal como hace Fidel con los 12 millones de habitantes, que sufren en aquella isla convertida en cárcel hace más de 50 años.

Estos salvadores tienen la primera y la última palabra, y su “palabra es la ley” como apunta la popular canción de José Alfredo Jiménez. No dialogan, no negocian, no discuten. Los avasallados y los leales deben acudir a escucharlos y a aplaudirlos. Estos no necesitan pensar, solo obedecer porque el gran hermano tiene la fórmula y la solución de todos sus problemas.

Como en cualquier secta, la feligresía debe entregar su alma y su diezmo, para que el redentor pueda cumplir la sagrada misión, que se autoencomendó como Dios en la tierra. Por eso, un sujeto como Valentín Santana, tiene en sus manos la vida o la muerte de los habitantes de esa parroquia caraqueña. Allí creó el colectivo La Piedrita, para obligar a sus moradores a militar en el fanatismo doctrinario de su violenta congregación.

Para un predestinado como Santana – además “guapo y apoyao” por la cúpula roja rojita – no hay límites ni control. Eso sí, no puede evitar que los otros elegidos reclamen sus territorios y derechos, y desafíen al más mediático de los salvadores del 23. Llegado ese momento se impone la ley de la selva, la del lejano oeste. Esto es plomo parejo con las inevitables bajas en algunas de esas bandas delictivas.

Esto ocurrió una vez más, el pasado sábado, sólo que hubo más violencia y algo trascendió hasta llegar a los medios de comunicación no oficialistas. Fue evidente, entonces, el enorme poder de fuego de estos colectivos y la lamentable debilidad de los cuerpos de seguridad con los cuales Esteban se propone derrotar al imperio. Aquí, con el Grupo Frío, se rueda una película parecida. Los aprendices de brujos agrupados en la cúpula chavista, ahora son víctimas de sus propios maleficios. Que les aproveche, pues!

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