#ESPECIAL FOTOS: Baches en el corazón histórico de Carora

Marlyn Silva | Fotos: Karen Paradas |

Por preocupación de quienes habitan en las casas de la Zona Colonial de Carora, municipio Torres, la mayor parte de las estructuras se mantiene en buen estado y conserva las características originales que hacen de esa área de la capital del municipio Torres un imán para los turistas y otorga un boleto para rememorar la historia del suelo torrense.

La casona donde actualmente funciona la Casa de la Diversidad; al igual que la Casa Amarilla, sede de la biblioteca Ildefonso Riera Aguinagalde, y el Balcón de Los Álvarez han sido de las últimas restauradas para mostrarse límpidas en las calles de adoquines.

Menos diligentes han sido quienes han permitido que el tiempo deshilache la historia con parsimonia dolorosa para quienes como el restaurador y conservador de monumentos, Ignacio González, sienten apego por el patrimonio local. “Tenemos que aprender a convivir. A mí más que a nadie me cuesta, porque yo amo la zona colonial”. Pese a esa disposición de ayudar, lamenta, “no es fácil despertar la conciencia del otro”.

Por esas conciencias dormidas hay casas abandonadas, plazas con bancos tristes, una iglesia donde nadie reza, un Teatro Colonial (donde funcionaba una sala de cine) con vidrios rotos, y acumulaciones de basura dan la bienvenida a las ruinas de la iglesia La Pastora.

En el casco histórico, conforme al conteo de González, actualmente hay cinco casas en riesgo de derrumbe y en otras ocho el peligro es regular. Tanto como existen propietarios preocupados por mantener las estructuras también hay otros enajenados del valor histórico que esas paredes anidan.

Si bien la Catedral y la iglesia El Calvario se mantienen en buen estado, hay un tercer templo dentro del casco histórico donde los fieles no oran ni el turista admira. A la iglesia San Dionisio se le desprendió parte del techo y desde entonces el abandono sigue hiriendo la estructura.

Hace aproximadamente cinco años, se aprobó desde el gobierno municipal el presupuesto para la rehabilitación y hace tres años se le entregó a la autoridad eclesiástica, pero por la devaluación el monto era insuficiente, rememora González. Para devolverle utilidad, dijo el también vocero de patrimonio cultural de Carora, lo primordial es completar la cubierta que se cayó, pues las paredes son de piedra y pueden resistir.

Frente a esta iglesia está situada la plaza José Herrera Oropeza, cuyos bancos permanecen desolados la mayor parte del día. Por estar situada en las últimas calles de la Zona Colonial y frente a casas en ruinas, pocas personas se animan a darle la utilidad de esparcimiento para la que fue construida.

El servicio de agua potable es otra de las desventajas para habitantes, instituciones culturales y comercio anclados en ese sector de Carora. A finales de enero, comentó la empleada de una institución, se repuso el agua por tuberías, después de dos meses sin tenerla.

Poco valor

Para llegar a la iglesia La Pastora, templo desmoronado, salvo el arco de entrada durante las inundaciones de 1916, es necesario atravesar por la calle Libertad de Barrio Nuevo, un trecho accidentado porque desde hace aproximadamente cinco años por orden de la Alcaldía se comenzaron trabajos de sustitución de tuberías de agua blanca y no la asfaltaron de nuevo. Encima, el mejoramiento del sistema no satisfizo a la comunidad entera porque hay casas en las calles San Juan y San Francisco donde no llega agua, acusó la vecina Iris Infante.

Al final de ese trecho se levanta el arco de La Pastora, pero antes de llegar hay desperdigadas botellas de plástico, bolsas del mismo material y cajas de cartón. Unos metros más adelante, una alcantarilla cubierta solo por un par de latas oxidadas es la antesala de la fachada replicada en cientos de postales y retratos de turistas.

Mantener limpia el área, opina González, depende de la organización de los habitantes de la zona.

Intervenir ese espacio para darle realce turístico o protección no es recomendable, al modo de ver de este experto en conservación de monumentos: “Lo mejor es no hacerle nada. Eso no se puede maquillar. Es una ruina y puede mantenerse así”. Sostiene que la estructura puede mantenerse unos 400 o 500 años más porque la fachada es de piedra y, advierte, “la fuerza humana puede debilitarla”.

Tampoco es factible construir en esa zona porque es inundable. Para darle mejor aspecto, sugiere el experto, podría recrearse la calle original y recuperar el Paseo Los Ilustres, cuyos bustos están destruidos.

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