Escenarios del país: La difícil situación de nuestra economía

Gerardo Álvarez | Foto: Archivo |

En primer lugar, debo ofrecer mis más caras disculpas a los no muchos lectores que me siguen, por no haber publicado mis artículos, debido a algunas dificultades imputables a mi salud, las cuales, gracias a Dios, a la Divina Pastora y al Dr. Rino Borzellino, han sido superadas.

Igualmente, agradezco a todos mis amigos haber estado pendiente de mi satisfactoria evolución. En segundo lugar, me he tomado la libertad de escoger este particular tema pues consideramos que, junto con la situación social y política, constituyen los principales problemas que afronta el venezolano diariamente.

En tercer lugar, permítanme decirles que escribir sobre esta materia podría ser redundante, pues todos vivimos y padecemos este flagelo que nos afecta día a día. No obstante, en nuestra condición de analista económico podríamos agregar algunas consideraciones. Como decía Kotepa Delgado, antiguo periodista de El Nacional: “Escribe que algo queda”.

No sería temerario señalar que nuestra situación económica ha llegado a niveles muy preocupantes nunca antes visto.

Ricardo Haussmann la ha catalogado de “ inimaginable”, aunque nosotros consideramos que si se analizan las tendencias recientes de nuestra economía, era imaginable que esto pudiera suceder. Como señaló Antonio Machado: “Aquellos polvos trajeron estos lodos”.

El mismo Presidente de la República en la presentación de su Memoria y Cuenta a la entonces Asamblea Nacional en febrero de 2016, calificó a esta situación muy acertadamente de “crisis catastrófica”.Tenía razón, jamás en la historia republicana del país, con excepcion de los años en guerra se había presentado una situación similar.

Muchas veces los analistas económicos se lo advertimos públicamente tanto al Presidente como a su equipo económico.

No solo no nos oyó, sino que además no nos creyó. Les dijimos en muchas ocasiones que había que tomar medidas estoicas de política económica (y se las señalamos) pues de no implementarlas, la situación económica iba a empeorar, como en efecto sucedió, o sería mucho más dolorosa tomarlas más tarde y afecta con mayor intensidad tanto a la economía como al venezolano.

Podríamos inferir que esas decisiones no se tomaron y por el contrario, los asesores económicos tanto nacionales como internacionales han planteado todo un conjunto de políticas públicas que, lejos de solventar la situación, la han agravado.

Sin embargo, debemos reconocer que el Ejecutivo Nacional entregó el pasado mes de diciembre un informe a la Securities Exchange Comission de los Estados Unidos sobre el desempeño de la economía venezolana, pero para el año 2016. Ya en diciembre de 2015, el Banco Central de Venezuela había presentado algunas cifras sobre el comportamiento de nuestra economía, informe por demás muy incompleto.

Esa fue la última publicación de estadísticas económicas por parte del Instituto Emisor. Pues bien, en las cifras entregadas a esa comisión americana (no conocemos las razones de esa entrega). El Ejecutivo Nacional señalaba que en el 2016 el Producto Interno Bruto, es decir, el tamaño de nuestra economía, se redujo 16,5 % en relación al año 2015, constituyendo el tercer año consecutivo de contracción económica, según las mismas cifras oficiales.

Si a esto le sumamos que en el 2017 la caída del Producto, según analistas económicos nacionales, fue del 12 %, tenemos una resultante de suyo que enciende las alarmas de la economía: en solo dos años la Producción Nacional ha disminuido en casi 30 %. Esto solo lo padecen las economías en guerra.

El mismo informe señala que la formación bruta de capital fijo, mejor conocido como la inversión disminuyó en 38,4 % en 2016 y en 63 % con respecto a 2012. Probablemente, uno los incentivos de la inversión es la confianza en un país así como la seguridad jurídica y económica. Un disminución tan drástica revela claramente que ninguna de esas condiciones están presente en la economía venezolana.

El mismo informe registra una brecha importante entre los ingresos y los gastos públicos de 17 % del Producto Interno Bruto. Y desde el 2012 al 2016 el déficit fiscal promedio ha sido del 14 %, el más elevado de Latinoamérica.

Pero de esta situación resulta ser que ese déficit ha sido financiado con la emisión inorgánica de dinero por parte del Banco Central de Venezuela, lo cual se ha evidenciado en un inusitado e inédito aumento de la liquidez monetaria en 22 veces durante el año pasado y en el periodo 2012 -2016 el incremento fue de 162 veces, según lo reseña la carta abierta que en el mes de diciembre un grupo de economistas le enviaran al Presidente de la República.

Por otra parte, al parecer tanto China como Rusia y los mercados financieros internacionales han estado, si me permiten la expresión, resistentes o muy conservadores a la hora de seguir financiando al Gobierno nacional, aunque la información pública sobre este tema se maneja con mucha reserva. Asimismo, prácticamente no existen muchos activos internacionales que se puedan ofrecer como garantía para solicitar créditos adicionales, a excepción del oro, cuyo manejo se realiza también con mucha reserva, por lo tanto, el Gobierno nacional no ha tenido otra alternativa que acudir al Banco Central a fin de crear dinero inorgánico para financiar el abultado déficit fiscal existente .

Esto ha generado un incremento desbordado en la base monetaria, ergo en la liquidez y en la inflación que ha llegado a niveles nunca antes visto. De acuerdo con el economista Frank Muci,quien escribe en la página web de prodavinci, “la maquinita de Banco Central financia al menos tres cuartas partes de los bolívares que gasta el Gobierno”.

Esto incluye los aumentos del salario mínimo y el cestaticket, las llamadas misiones sociales, los pagos de bonos especiales a la población, etc. En suma, estamos viviendo una burbuja hiperinflacionaria que se alimenta fundamentalmente de la monetización del déficit fiscal. Ya lo decía Milton Friedman, brillante economista americano y premio nobel de economía: “La única y verdadera causa del aumento inusitado de los precios no es otra que el incremento continuo y desmedido de la cantidad de dinero en circulación”.

Lo mismo señalaron el grupo de economistas en carta pública que le enviarán al Presidente de la República, citados antes: “Una expansión de los medios de pago mientras la oferta agregada decae, repercute en una presión alcista sobre los precios, imposible de contener”. Tenemos entonces en primer lugar un gran desequilibrio macroeconómico que se ha enquistado en los intersticios de nuestra economía :un aumento desbordado de la liquidez monetaria frente a una disminución continua y sostenida del Producto Interno Bruto con las nefastas consecuencias antes descritas.

La Comisión Permanente de Finanzas de la Asamblea Nacional que preside el economista José Guerra, utilizando la misma metodología que el Banco Central de Venezuela, calculó para finales de 2017 una tasa de inflación del 2.616 %. Esas son las consecuencias de las erradas políticas cambiarias, monetarias y fiscales que se han tomado en los últimos cuatro años, las cuales no se justifican aunque se hubiesen tomado sin conocimiento de causa.

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