Ingreso a la educación superior debe ser producto del esfuerzo

El Decanato de Ciencias de la Salud de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA), fue uno de los más perjudicados por las reformas del Sistema Nacional de Ingreso (SNI), prueba de ello son los 110 bachilleres asignados por la Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU) que, en su mayoría, cuentan con un promedio ubicado entre 14 y 18 puntos.

Esta modificación relegó a lista de espera a quienes registran una puntuación de 19 y 20 puntos del estrato socioeconómico (A), e incluyó a los estudiantes de menor rendimiento que pertenecen a los niveles socioeconómicos (D) y (E).

José Francisco Guirnaldos, decano de la citada facultad, cree que el ministerio tiene la buena intención al dar respuesta a los jóvenes de bajos recursos, pero considera que no fue la mejor fórmula, debido a que es un sistema excluyente y distante de la verificación necesaria en términos de credibilidad. Explica que lo más importante no es ingresar, sino egresar.

“Como dice el refrán, el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones. Infortunadamente optaron por una salida más expedita, que no dará los resultados que ellos esperan porque además del ingreso existe la prosecución dentro de la carrera. Lo más probable, es que los bachilleres asignados vean la complejidad de las cátedras y entren en una espiral de repitencia o terminen desertando tempranamente al mercado laboral”, explicó.

“Tenemos casos donde un estudiante de 20 puntos quedó el puesto 116, es decir en la sexta posición en lista de espera. También otro bachiller con 20 puntos se ubicó en el 168. También tenemos el testimonio de algunos papás que mintieron al ingresar los datos socioeconómicos de sus hijos en el SIN, esto nos dice que el proceso ha sido viciado por no contar con la verificación necesaria, tal y como era la admisión según notas certificadas”, acotó.

Subrayó que antes de preocuparse por el ingreso de bachilleres, el Estado debe potenciar la educación pública en el país. Desde su experiencia, expone que los estudiantes de liceos públicos tienen mayores fallas en comparación a los que egresan de institutos privados, principalmente en las áreas de ciencias, donde se presenta un déficit de profesores en las cátedras de física, química y matemática.

En medicina anualmente ingresan 110 estudiantes y cuenta con una lista de espera que supera los 900. La academia no ha podido cumplir con la demanda del estado Lara por problemas presupuestarios. Los recursos no alcanzan para el reacondicionamiento y amplitud de la planta física. La estructura donde funciona el decanato, a un lado del Hospital Central, cuenta con 40 años y hasta la fecha no ha sufrido modificaciones.

El decano considera dos propuestas de ingreso. La primera de ellas es la selección de los estudiantes de la lista de espera con una previa verificación de su condición socioeconómica y la aplicación de una prueba de Aptitud Académica para confirmar habilidades. Mientras que la segunda, es la introducción de 200 bachilleres al curso propedéutico y la asignación de los mejores 110 como prueba fehaciente de meritocracia académica.

 

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