Dividida Unión Europea celebra cumbre de emergencia por crisis migrante 

Los divididos jefes de gobierno de la Unión Europea acudieron este miércoles a una cumbre de emergencia para buscar respuestas a largo plazo a la creciente crisis migrante en el continente, un desafío histórico en el que, según dijo el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, el bloque no ha estado a la altura por ahora.

Tusk, anfitrión oficial del encuentro, quiere resolver asuntos pendientes como un aumento de la asistencia a los estados miembros de la UE que reciben al grueso de los migrantes, así como aumentar la cooperación con los países ajenos a la UE en los Balcanes y Turquía, donde ahora hay dos millones de refugiados, muchos de los cuales huyen de la guerra civil siria.

Tusk, que visitó hace poco Oriente Medio, también quiere abordar los esfuerzos diplomáticos para poner fin al conflicto sirio. Hay un asunto que requiere atención urgente, señaló: aumentar las contribuciones al programa Mundial de Alimentos de la ONU para ayudar en su tarea de llevar a 11 millones de personas en Siria y alrededores los suministros de alimentos que necesitan con premura.

El bloque de 28 naciones dio el martes un pequeño paso para gestionar la situación al acordar la reubicación de 120.000 solicitantes de asilo para aliviar la carga de Grecia e Italia, que están en la vanguardia de la marea de migrantes. Pero la decisión dejó patentes las amplias divisiones abiertas por la mayor crisis de refugiados en Europa desde la II Guerra Mundial, ya que cuatro países del este de Europa —República Checa, Eslovaquia, Rumanía y Hungría— votaron en contra.

Incluso después de que se adoptara el plan de la UE, el primer ministro checo, Bohuslav Sobotka, lo tachó de mala decisión y su homólogo eslovaco insinuó que su gobierno podría no aplicarlo.

La llegada de unas 500.000 personas este año ha forzado a los países a endurecer la seguridad de fronteras y llevado a Hungría a construir una cerca de alambre de cuchillas. Reina la tensión entre países vecinos de los Balcanes que hace no tanto estaban en guerra, mientras Serbia y Croacia cruzan acusaciones sobre si se está haciendo suficiente para detener el flujo de personas que buscan una vida mejor en Europa.

Tusk dijo reconocer que los países de la UE tienen “experiencias y percepciones diferentes” y que “no hay soluciones fáciles”. Pero tanto él como el bloque deben alcanzar un acuerdo sobre una estrategia global y una política migratoria sólida para gestionar un desafío que, según dijo, durará varios años. La crisis, afirmó, es una prueba para la “humanidad y la responsabilidad” de Europa.

“La actual ‘política migratoria’ es una suma de la desesperación de las víctimas que huyen de la guerra y la persecución, de su determinación en la búsqueda de una vida mejor, del cinismo de los contrabandistas y, con demasiada frecuencia, del trágico sino de los migrantes y refugiados”, dijo Tusk.

Antes de la cumbre, el máximo responsable de la Comisión Europea a cargo de las relaciones con los vecinos del bloque dijo esperar que pudieran reunirse 1.000 millones de euros (1.120 millones de dólares) para un fondo de ayuda a los refugiados sirios.

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