#ESPECIAL Creatividad y conciencia a la hora de cocinar

Mariángel Durán / Foto: CDI |
APIO Y YUCA EN LA RONDA DE MERCADO EN EL TEREPAIMA BARQUISIMETO ESTADO LARA FECHA 20/01/2007 FOTO LUIS SALAZAR VERDURA

La mayoría de los rubros que en la actualidad tienen precios regulados se encuentran desaparecidos de los anaqueles de los principales establecimientos del país y aunque es posible obtenerlos, mediante los llamados “caminos verdes”, su alto costo hace que sea imposible para numerosas familias.

Muchos de estos insumos siempre estaban presentes en la mesa del venezolano, en distintas presentaciones. Por eso, cuesta aceptar que ahora sea difícil cenar o desayunar una arepa, que la carne y el pollo deban consumirse unas pocas veces al mes o que no se tenga una porción de arroz o de pasta, como acompañante en el almuerzo.

La alimentación es una necesidad básica insustituible, por ello es necesario buscar alternativas y soluciones que permitan satisfacer la alimentación diaria, dado que por lo general se acostumbra a comer los mismos platos cada semana.

Existen muchos alimentos que se utilizan poco en la cocina o se preparan siempre de la misma manera, pese a que su uso es versátil. La arepa, el pan, la pasta y arroz, son los cuatro alimentos que resultaban insustituibles en las mesas de muchos hogares.

Según los expertos el aporte nutricional de algunos insumos escasos puede ser sustituido. Por ejemplo, la harina de maíz o de trigo para hacer arepas puede cambiarse por batata, yuca, arroz, ocumo, ñame o auyama.

En diferentes páginas web y en redes sociales como Facebook circulan desde hace varios meses videos y recetas que indican cómo preparar una arepa de yuca o de auyama, o bien una mechada de concha de plátano (muy similar a la carne mechada) que puede ser acompañada con arroz.

Lo más importante frente a la coyuntura que se vive es intentar mantener los niveles de nutrición adecuados, para lo cual es necesario consumir alimentos que provean las calorías oportunas para preservar la salud en adultos y propiciar el sano crecimiento en niños y adolescentes.

Los tubérculos, raíces, frutas y hortalizas representan alternativas de alimentación, pese a que su costo se ha elevado de forma considerable en los últimos meses, debido a incremento de la demanda.

El kilo de harina de maíz cuesta 195 bolívares y rinde para varios desayunos o cenas, mientras que el kilo de yuca alcanza los 800 bolívares y se emplea para unas pocas porciones. Lo mismo sucede con el plátano.

Pero, frente a la escasez de harina de maíz y de trigo, es importante tener en cuenta estos rubros como opciones en la cocina. La planificación es un aspecto fundamental para la familia, en el área de la alimentación, puesto que la idea es evitar que se pierdan alimentos en la nevera.

La información es la clave

Buscar información y asesoría de expertos es clave para manejar la crisis y obtener propuestas de alimentación. Se deber ser creativo y estar abierto a nuevas posibilidades.

De igual forma, resulta fundamental conocer el aporte nutricional que ofrece  cada alimento.

En el sitio web del Centro de Atención Nutricional Infantil de Antímano, en la capital del país, se ofrece información importante en materia nutricional y sobre las características y propiedades de algunos alimentos como el aguacate, la lechosa, los huevos, el maíz, la sardina, entre otros.

Sobre el aguate, por ejemplo, explican que se trata de un fruto pese a que es considerado un vegetal por la forma como se prepara, pero “por su composición nutricional forma parte del grupo de las grasas ya que 100 gramos de aguacate aportan 14 gramos de grasa, de esta 805 es monoinsaturada. También aporta 1,3 gramos de proteína, 6,4 gramos de carbohidratos, 1,6 gramos de fibra y 142 calorías. Es una excelente fuente de potasio y ácido fólico. Se puede comer solo, en ensaladas y vinagretas. Es parte esencial de ricas salsas como la guasacaca venezolana y el guacamole mexicano. Se puede conservar en la nevera, pero sin quitarle la semilla y congelado, en forma de puré, con jugo de limón”.

El arroz, por su parte, es un cereal considerado como uno de los principales acompañantes de las comidas en todo el país y en gran parte del mundo.

“Antes de cocinarlo, para que conserve las vitaminas y minerales que le han añadido, no se debe lavar ni desechar el agua de cocción. Una vez cocinado, debe guardarse bien tapado en el refrigerador y así puede durar hasta una semana. También puede congelarse y mantenerse por varios meses, realizando el proceso de descongelación lentamente antes de calentarlo”.

La cáscara o concha de plátano es rica en betacaroteno, nutriente esencial en la formación de vitamina A que el organismo lo necesita para la salud de los ojos, también ayuda a disminuir los problemas digestivos por su abundante fibra dietética que estimula los movimientos intestinales y ayuda en la absorción de grasas e hidratos de carbono. También contiene vitaminas C, A, B6 y B9 (ácido fólico), minerales como potasio, fósforo, magnesio, calcio, zinc y hierro.

Variedad y balance

El nutricionista y dietista Héctor Cruces escribió, hace poco más un año, un artículo de opinión en el diario El Nacional, en el que ofreció opciones y consejos de alimentación en tiempos de crisis. Su contenido cobra mayor fuerza en esta época, cuando se sabe que muchas familias han dejado de consumir alimentos esenciales y muchos casos, se sabe que sólo comen dos o una vez al día, o bien ingieren un solo rubro.

“Aún cuando las condiciones económicas no están dadas debemos procurar comer variado y balanceado, la salud es una gran bendición, un privilegio en tiempos de crisis, cuidemos del crecimiento de los niños, el mantenimiento del organismo durante la edad adulta y la vejez, evitemos las enfermedades que tienen origen en el consumo de alimentos (por déficit o exceso)”, recomienda.

Además, acota que “el problema de diseñar un menú bajo la sombra de un presupuesto muy limitado es que no siempre se consigue mantener el equilibrio y, en el afán por ajustarse a los números, el resultado puede ser el contrario, las malas elecciones se traducen en una cesta de la compra más fácil y barata, que conduce a desajustes nutricionales elevados niveles de colesterol, triglicéridos, glicemia, ácido úrico, ganancia de peso que condicionan la salud”.

Nutrición y desarrollo

Henry Fitzroy, director del Instituto Caribeño de Alimentación y Nutrición (OPS/OMS), asegura en un informe titulado Esfuerzos para preservar la nutrición durante momentos de crisis: La experiencia caribeña y publicado en el año 2010, que “todos los años se genera evidencia científica adicional y persuasiva acerca de la creciente relación de la nutrición con el bienestar y las enfermedades”.

Destaca que los principales elementos que afectan la condición nutricional son de origen económico, sociocultural, ambiental y político. Estos elementos interactúan de varias maneras para afectar la condición nutricional y la ingesta alimenticia de los individuos a través de factores intermedios.

“Estos factores, de manera separada y colectiva, influyen en la condición nutricional de los individuos.

La condición nutricional, a su vez, tiene un efecto sobre el desarrollo de individuos, comunidades y naciones”.

A su juicio, la importancia de la nutrición va mucho más allá de la relación que guarda con los Objetivos de Desarrollo del Milenio establecidos por Naciones Unidas, dado que ejerce un papel significativo en la salud y en otros aspectos del desarrollo nacional y regional, una premisa que aplica para cualquier país del mundo.

Al analizar los factores que pueden afectar la nutrición, señala que el alza de los precios de los artículos alimenticios “constituye otro tipo de crisis que puede tener consecuencias devastadoras sobre los esfuerzos para preservar la condición nutricional, muy en particular la de niñas y niños. Para evaluar apropiadamente el impacto de esta crisis, los aumentos en los precios de los alimentos deben relacionarse con el poder adquisitivo de los miembros más vulnerables de la sociedad”.

De allí la importancia de buscar alternativas alimenticias para proteger la condición nutricional de todos los integrantes de las familias venezolanas, en especial la de los niños, adolescentes y adultos mayores.

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