Los escenarios del país: Breve recorrido por la hiperinflación

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Al finalizar la primera guerra mundial, Alemania, que había sido derrotada en la contienda, fue obligada a firmar el Tratado de Versalles (1919). El mismo contemplaba, desde la pérdida de territorios y colonias, hasta pagos millonarios como compensaciones de guerra. El gobierno de entonces, sin reservas de oro, recurrió en principio a una devaluación exponencial del marco alemán, y posteriormente, a la emisión masiva de papel moneda (papiermark), que para el fin de 1923 alcanzó la cifra de 400 trillones de marcos. Esta enorme cantidad de dinero, emitido sin respaldo económico, fue la chispa que propició la hiperinflación de la entonces República de Weimar, donde precios y salarios entraron en una vorágine, que terminó arruinando a la población y aniquilando el valor del marco; el mismo se cotizaba en 1914 en 4 unidades por dólar estadounidense, y terminó en 6 billones por dólar el 30 de Octubre de 1923.

Culminada la segunda guerra mundial, Hungría fue presa de la hiperinflación más grande conocida. Entre julio de 1945 y julio de 1946, las tasas de inflación eran de 207% mensual, hasta culminar en este último mes en una tasa pico de 13.000 billones por ciento (13.000.000.000.000.000%). El “pengö”, moneda oficial para la época, comenzó  -igual que el marco alemán en su momento- a ser emitido en billetes de mayores denominaciones, hasta alcanzar la cifra récord de un billete de 100 trillones de pengös.

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Estas experiencias hiperinflacionarias, y las ocurridas en Grecia, Polonia, Rusia y Austria permitieron a Philip Cagan, conceptualizar la hiperinflación como un escenario que empieza en el mes donde el índice de precios supera el 50%, terminando el mes anterior a la caída de esa tasa y su mantenimiento, al menos por un año. (P. Cagan: TheMonetaryDinamics of Hyperinflation.1956)

En las décadas 80-90 del siglo XX, varios países sudamericanos padecieron hiperinflaciones similares a las consideradas; Bolivia, entre abril 1984 y septiembre 1985, con tasa de 23.447% en agosto 1985. Otros países la experimentaron, pero dentro de un contexto no tradicional; Argentina entre marzo de 1989 y mayo de 1990, con tasa máxima de 20.266% en marzo de 1990; Perú, entre julio-agosto 1990 con tasa máxima de 12.378%; Brasil, entre diciembre 1989 y abril 1990 con tasa máxima de 6.821% (FMI: International FinancialStatistics)

En el siglo XXI, Robert Mugabe, jefe de gobierno de la República de Zimbabue desde 1981, puso en práctica una política de expropiación de tierras y de impresión de dinero inorgánico para financiar el déficit fiscal, generando una elevada espiral inflacionaria, que llegó a un porcentaje de 11.250.000% en junio de 2008. El Banco Central emitió billetes de hasta 100 billones de dólares zimbabuenses. Como en los casos precedentes, la economía colapsó, el empleo y la producción se estancaron, y el país -según el Banco Mundial-  tuvo una recesión del -18% en 2008. Para abril de 2009, el gobierno prohibió la circulación del dólar zimbabuense, que fue sustituido por el dólar norteamericano, el rand sudafricano y otras divisas convertibles.

 

La hiperinflación hoy

La hiperinflación resulta, en todos los casos -y esa es la experiencia histórica- de desacertadas decisiones de las autoridades monetarias, que producen un aumento rápido y sostenido de la masa monetaria, la cual presiona el incremento de los precios, culminando con una disminución del poder de compra de la moneda, en un círculo vicioso en el transcurso del cual, nuevas emisiones de dinero inorgánico continúan presionando los precios, y así sucesivamente.

En las hiperinflaciones contemporáneas, han sido determinantes los controles sobre los capitales, sobre las tasas de cambio y sobre los precios; corrupción, distorsión de los mercados, y un largo período de alta inflación. Sin embargo, globalmente, la inflación es hoy un fenómeno económico controlado. Friedrich Hayek sostenía que se producía por la “debilidad o la ignorancia de aquellos que tienen a su cargo la política monetaria”.

En la Venezuela de la “revolución bolivariana”, el Banco Central abandonó su rol como “garante de la estabilidad de precios y de la preservación del valor de la moneda”, tal y como está establecido en el artículo 5 de la Ley que norma su funcionamiento. En julio de 2005, la Asamblea Nacional de entonces, aprobó la Reforma de la Ley del Banco Central, convirtiéndolo en un operador político del régimen. Se creó el Fonden, que habilitó el traspaso de parte de las reservas internacionales a manos del ejecutivo, y comenzó el proceso de aniquilamiento de la estabilidad monetaria en Venezuela. Posteriores devaluaciones, emisión de dinero inorgánico, expansión de la base monetaria, creación del “bolívar fuerte”, e inoperantes ajustes salariales, como soporte de las políticas populistas, han presionado la apertura de la Caja de Pandora de la hiperinflación en Venezuela.

En 2016, el país cerró, con una tasa de inflación entre 500-700%; en el presente año, las previsiones iniciales del FMI, apuntan a 2000%. De mantenerse esta tendencia, las consecuencias, serían catastróficas.

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