FOTOS: Niños dejan de ir a la escuela por falta de comida

Mariángel Massiah | Fotos: Karen Paradas |

¿Qué le voy a dar a mi hija mañana para que desayune en la escuela? Se preguntaba Nairobis Soto mientras recorría el centro de la ciudad junto a su hija para ver en cuál abasto podría rendir mejor lo que le quedaba de quincena.

La ciudadana tiene dos hijas en edad escolar, una de 6 y otra de 10 años. Relata que hace dos años podía darse el lujo de comprar pastelitos, empanadas chilenas, ponquesitos, chupetas o cualquier otra chuchería que se le ocurriera para que sus hijas acompañaran el desayuno con alguna que otra merienda.

Hoy en día ni siquiera el dinero le alcanza para comprar el desayuno de sus niñas. Esta madre cada semana compra lo que consigue o le rinde su presupuesto.

“Cuando corro con suerte, compro harina y les preparo arepas con queso de desayuno. La semana pasada solo me alcanzó para el pan, pero ni siquiera se consigue la cantidad que uno desea porque las panaderías venden una pieza por persona. Si me queda algo extra, compro frutas para hacer juguitos, aunque en mi hogar la mayoría de las comidas las pasábamos con agua”, expresó Soto.

Con rabia en la voz y tristeza en los ojos, la madre confesó que las dos primeras semanas de enero no pudo enviar a sus hijas a clases, simplemente porque no tenía comida para darles.

Por otro lado, la cantinera de una casa de estudio en el centro de la ciudad, la cual no se quiso identificar, manifestó que desde finales del pasado año escolar las cantinas en las colegios y liceos se las ven fuerte ante la disminución de compradores y los altos precios de la materia prima.

“Hace dos años, en la hora del receso, la cantina se llenaba de niños que ansiaban comprarse un rico desayuno con el dinero que les daban sus padres o, un dulcito para activarse del sueño que los atormentaba. Hoy en día la mayoría de los estudiantes traen la comida de su casa, es muy raro que un mismo alumno compre dos días seguidos en la cantina”.

Igual destacó que la compra de la harina era una tarea imposible. Incluso pasan algunas semanas sin vender empanadas porque su proveedor no consigue el ingrediente principal o cuando lo encuentra es importado y a precios exuberantes.

En tanto, Marisol Rodríguez, vendedora de una tienda de pasapalos al mayor, aseguró que las madres antes resolvían con la compra de una bandeja que trae 100 tequeños o pastelitos (al ser más económicos), para cocinarle la merienda a los niños a lo largo de la semana; pero hoy en día estas ventas disminuyeron 40 %, porque las madres de familias se han visto a la tarea de priorizar en qué gastan el dinero, y las chucherías y meriendas no entran en esa lista.

En tanto, la directora del colegio Nueva Segovia, Nelida Azuaje, informó que se ha vuelto una tarea cuesta arriba que los representantes se hagan cargo de los gastos secundarios de la educación de sus hijos: comida, útiles, fotocopias o una simple merienda.

“Nosotros mismos, los profesores, antes desayunábamos en la cantina del colegio, ahora ni siquiera podemos darnos el lujo de comprar un café. Es una situación fuerte para todos: profesores, alumnos, representantes y vendedores”.

La directora, expresó como madre de dos hijos, que se siente atada algunas veces al no saber que les dará de comer. “Es difícil ese sentimiento de incertidumbre pero todos hacemos lo mejor que podamos por nuestros hijos y tenemos esperanzas de que la situación acabará un día porque para nadie es justo lo que sucede”.

 

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