Pascua de Resurrección

Mons. Antonio José López Castillo | Foto: Itesil.org |

“Pues hasta entonces, no habían entendido la escritura que Él había de resucitar de entre los muertos”, así expresa el Evangelio de hoy la Resurrección de Cristo.

Llenos de regocijo estamos celebrando como cristianos la Pascua de Resurrección. Ahora bien, ¿Qué significa “pascua”?

Es bueno recordar como fuente histórica que la Pascua es la fiesta más solemne de los hebreos, quienes celebran a mitad de la luna en marzo, en memoria de la liberación del cautiverio de Egipto, como “paso” a la libertad.

En la Iglesia Católica es la celebración litúrgica solemne como memorial de la Resurrección de Cristo. Por tanto también es “paso” de la Cruz a la vida. Festividad móvil que oscila entre el 22 de marzo y el 25 de abril.

Ahondemos, la Pascua es la gran fiesta de los judíos, fiesta religiosa nacional hebrea por excelencia, con el ofrecimiento a Dios de un cordero o cabrito nacido en el año, macho y sin defectos, asado al fuego, debía comerse entero, sin partirle un hueso, con panes ácimos y lechugas silvestres, amargas. Si quedaba algo del cordero, debía ser quemado el mismo día (Éxodo 12). Era la celebración del “paso” o Pascua de la esclavitud a la libertad en Dios.

 

La Pascua de Jesús

Cristo celebra fielmente con sus discípulos, la Pascua judía y de una manera especialmente solemne “la víspera de padecer como lo expresa la primera anáfora de la misa”, “en la noche en que fue entregado” (1Corintios 11,23). En ella la Nueva Pascua anula definitivamente la antigua. Jesús es el nuevo Cordero Pascual, que ofrece como sacrificio su Cuerpo y su Sangre en la Cruz, y así quita los pecados del mundo, tal cual como la sangre esparcida en los dinteles, de las puertas, salvó de la muerte a los primogénitos Judíos. Es el “paso” en Cristo, de la muerte del pecado a la Salvación, como vida en la fe.

Jesús es la nueva Pascua del verdadero pan ácimo, que multiplicado se da como alimento en la fe. Jesús realiza el “paso” del vacío sin Dios, a la realización con Dios.

La Pascua es el “paso” de Yahvé que “pasó” de largo las casas israelitas, mientras hería a las de los Egipcios (Éxodo 12, 13, 23-27).

La Pascua es el “paso al nuevo templo, en que Jesús purifica el Santuario provisional y anuncia el Santuario Definitivo: “Su Cuerpo Resucitado” (Juan 2, 13-23)

Finalmente la Pascua del nuevo cordero en la cual Jesús ocupa el puesto de la victima, instituyó la nueva comida pascual, la Eucaristía, y efectúa su propio éxodo o “paso” de este mundo pecador, al Reino del Padre (Juan 13,1)

Los cristianos celebran litúrgicamente la liberación del pecado y de la muerte uniéndose a Cristo Crucificado y Resucitado para compartir con Él, la vida eterna y orienta su esperanza hacia su Pascua Gloriosa. De esta manera hemos pasado de la muerte a la vida. En esta noche que brilla ante sus ojos como el día, el católico se prepara a celebrar la Eucaristía como memorial en donde el Cordero de Dios quita los pecados del mundo, y fortalece su fe.

Los bautizados constituyen el nuevo pueblo de Dios que en el exilio de la vida temporal, marchan con los lomos ceñidos protegidos por la Gracia Divina en combate constante contra el mal, hacia la tierra prometida, del Reino de los cielos.

Puesto que Cristo ha sido inmolado y “pasó” de la muerte a la vida, se debe vivir no como la vieja levadura de la mala conducta, sin ética, sino con los ácimos de la verdad, dignidad, honradez y fe. Con Cristo, los bautizados han aprendido a morir, es decir, a celebrar la pascua o “el paso” del pecado a la resurrección, viviendo una vida nueva, llena de Dios y de fraternidad. Por ello la Resurrección es una llamada a la vida después de la muerte física, pero también es una invitación a una vida en el tiempo, responsable, honesta en donde exigimos nuestros derechos, pero sobre todo sepamos cumplir con nuestros deberes.

Como dice la Homilía de Melitón de Sardes, Obispo, sobre la Pascua, en el oficio de lecturas del Jueves Santo: “Cristo nos ha hecho “pasar” de la esclavitud a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de la tiranía al Reino eterno y ha hecho de nosotros un Sacerdocio, Nuevo, un pueblo elegido, eterno. El es la Pascua de nuestra Salvación”.

Vivamos en la Eucaristía de cada Domingo, el Día del Señor, la Pascua como “paso” de la muerte al mal, a la Resurrección al bien, en Cristo.

Felices Pascuas de Resurrección.

 

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