“Aprender a vivir en un país desordenado”

Angélica Romero Navas | Fotos: Archivo |

A través de estas ventanas ya no se ven los crepúsculos, el humo de las bombas lacrimógenas lo impide, colocamos cajas de cartón para taparlas, es preferible no ver ni sentir nada de lo que está pasando afuera.

Así relata una habitante de la urbanización Los Cardones, uno de los muchos cambios que su vida y su rutina han sufrido. Para ella, y para el resto de quienes habitan en zonas de conflicto que han sido escenarios de las protestas antigubernamentales, el único tema de conversación es la crisis del país.

Desde que se levantan hasta la hora de conciliar el sueño, su pensamiento se vuelca hacia las noticias del día, relacionadas al tema político, económico y social. Ya no hay tiempo para el esparcimiento, para distraerse viendo un programa de cocina o sacar a pasear a sus mascotas como meses atrás podían hacerlo.

Ahora viven entre las cuatro paredes, tratando de blindarse de las piedras, perdigones y hasta balas. Oír las sirenas de los vehículos de los organismos de seguridad, les pone la piel de gallina. Saben que cualquier cosa puede pasar.

En las áreas comunes reina la soledad, incluso los estacionamientos están vacíos, hace tiempo la mayoría eligió reguardar sus vehículos en otros lugares, “cuando dan tregua” aprovechan para salir a abastecerse de alimentos y hacer diligencias urgentes, pero la mayoría permanece “atrincherado” en sus casas.

-Algunos días amanecemos con ánimo de seguir luchando por el país, estamos enérgicos, hacemos reuniones para apoyarnos como vecinos, pero otros días no paramos de llorar, cuenta una vecina del Club Hípico Las Trinitarias, otra de las áreas de conflicto de la ciudad.

Los niños están confundidos. Dice una mamá que convive con el caos, donde sus dos hijas de 3 y 4 años juegan a “tirar bombas”, corren, gritan y se esconden. A ellas les causa risa, pero a su madre no. Ella sabe que están sufriendo un daño psicológico, que no es normal que cambiaran sus muñecas por bolas de papel que simulan los “explosivos” y que quedarán secuelas.

Las personas de la tercera edad han visto su salud deteriorada, sufren afecciones respiratorias, en la piel y descontrol de la presión arterial entre muchas otras patologías. Pero además han tenido que suspender tratamientos por la imposibilidad de salir de sus casas y asistir al centro médico.

-Es difícil estar así, con los sentimientos a flor de piel, especialmente los negativos, cualquier cosa nos causa angustia, rabia, tristeza, pero tenemos que aprender a vivir así porque no sabemos cuánto falta para que termine, manifiesta una señora en una parada de transporte público en Las Mercedes, Palavecino.

Describe que el cambio en su día tras día ha sido del cielo a la tierra, ahora es más cautelosa hasta para hablar, “me siento amedrentada, invadida, ni siquiera mi casa es un lugar seguro, vivo rezando, pero algo me dice en mi corazón que no estamos perdidos y que algún día los veré vestidos de rayas”.

Impacto psicológico

Pero todas estas conductas, pensamientos y sensaciones pueden ser controladas, explica Yarimar Rodríguez, especialista en psicología y quien actualmente trabaja en proyectos para aprender a afrontar la crisis.

Resalta que la prioridad para evitar que los emociones negativas se inmiscuyan en la rutina, es no dramatizar la realidad propia.

-Sé que es muy difícil porque somos seres humanos y somos emocionales, pero debemos diferenciar entre el drama y lo que estoy sintiendo en realidad, no quiere decir que no esté pasando todo lo que ya sabemos pero debemos afrontarlo como adultos, no como adolescentes o niños, no ponernos en la posición de dar lástima sino tener autocontrol.

Rodríguez cree que siguiendo algunas recomiendaciones es posible hacer que cada día valga la pena, aún en tiempos de dificultad, y conviviendo entre los problemas.
Sugiere no generar una alarma mayor de la necesaria por situaciones difíciles que se presenten en el día. Tampoco hacer eco únicamente de malas experiencias sino contar a nuestros familiares y amigos, lo bueno que nos pasó.

Tomar decisiones correctas de acuerdo al momento y al presupuesto. Por ejemplo, al hacer la compra, no enfocarnos solamente en ver que todo está caro, sino tratar de rebuscar precios, comprar lo justo y comprender que la realidad para la mayoría es igual de difícil y que en algún momento va a mejorar.

Para la psicóloga, llevar el conflicto a la casa acarrea consecuencias devastadoras que afectan el núcleo familiar, papá, mamá e hijos están tocados por la situación y hay que acabar con eso por salud propia.

Con la pareja y en la casa se deben tocar temas puntuales sobre la situación del país, pero no hacer de ello el tema de conversación en la mesa o a la hora del descanso. Luego pasar a otra sintonía, planificar proyectos a corto plazo, cosas simples pero que nos refresquen la mente.

No aislar a los niños de la realidad diciéndoles mentiras. A ellos se les debe explicar el panorama, dejarle saber la opinión personal sobre lo que está pasando pero siempre desde el respeto, sin radicalismos y sin descalificar al que piense distinto.

-Si ellos nos ven de un lado de la barrera, radical, groseros, van a copiar esa conducta. Les estoy transmitiendo que no podemos convivir con quienes piensen distinto a nosotros y que lo tengo que odiar por eso. Tenemos que criar hijos para un mundo diverso.

Aun así, indiscutiblemente van a quedar secuelas en la generación que se está levantando, afirma Rodríguez. “Lo que los padres tenemos que lograr es que no sean tan graves, ni vaya a interferir en su sano crecimiento”.

Para ello, también recomienda evitar la contaminación de las redes sociales, desconectarse varias horas al día, escuchar música, ordenar la casa, hacer del hogar un recinto de tranquilidad, planear actividades para la distracción sin perder el estado de alerta. “Existe una realidad país que nos obliga a estar alerta, pero sin atormentarnos”.

Reorganizar proyecto de vida personal

La especialista propone a cada venezolano, reorganizar el proyecto de vida personal.
Para eso, inicialmente cada uno se debe establecer metas cortas, que esté seguro que puede alcanzar y enrumbarse hacia ello.

Otro consejo que brinda la psicóloga es crear cada día momentos gratificantes. “Pese a la situación económica, es posible vivir instantes que generen sonrisas, como leer, ver fotografías, películas de comedia, conectarse con familiares cercanos o compartir juntos en la mesa”.

Rodríguez dice que salir del país o quedarse, debe valer la pena. No es necesario vivir pensando en el futuro, que para todos es igual de incierto, sino que hay que dejar fluir sin generar falsas expectativas.

Finalmente pide cuidar la familia, la pareja y los amigos pues lo temas de un país tienden a cambiar, sin embargo las relaciones personales pueden sufrir daños irreversibles.

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