Gobierno español lanza ultimátum a Puigdemont para que renuncie a independencia

AP/IML | Foto: AP |
Catalan regional President Carles Puigdemont works on his speech at his desk inside the Palau de la Generalitat in Barcelona, Spain, Tuesday Oct. 10, 2017, which is the seat of the Catalan government. Puigdemont plans to address the Catalan parliament on Tuesday evening in a session that some have portrayed as the staging of an independence declaration for the northeastern region of 7.5 million, although others have said the move would only be symbolic. (AP Photo/Emilio Morenatti)

El gobierno español pidió el martes al presidente catalán Carles Puigdemont que no haga nada “irreversible” y renuncie a declarar la independencia en el Parlament, en la peor crisis política de la democracia española moderna.

“Quiero pedirle al señor Puigdemont que no haga nada irreversible, que no emprenda ningún camino que no tenga vuelta, que no lleve a cabo ninguna declaración unilateral de independencia, que vuelva a la legalidad”, dijo a la prensa el portavoz del gobierno español, Íñigo Méndez de Vigo.

Prueba de la tensa espera que rodea esta declaración prevista ante el legislativo regional, la policía catalana cerró al público el recinto para “prevenir situaciones de presión sobre la actividad parlamentaria”, ya sean unionistas o secesionistas, señaló un portavoz del cuerpo policial.

A partir de las 16H00 GMT, Puigdemont comparece ante su parlamento por primera vez desde el referendo prohibido del 1 de octubre, que su gobierno consideró vencido por los independentistas a pesar de la baja participación.

El contenido de su discurso es una incógnita: inicialmente prometió declarar la secesión como colofón a la escalada con el gobierno central de Mariano Rajoy, firmemente opuesto a permitir una consulta legal reclamada por una amplia mayoría en la región.

El portavoz del gobierno catalán, Jordi Turull, en su rueda de prensa semanal, se negó a comentar nada sobre el contenido del discurso de Puigdemont, pero negó que hubiera divisiones internas: el ejecutivo catalán está “absolutamente cohesionado”, dijo.

Entre los independentistas conviven diferentes sensibilidades, más moderadas o radicales, y Puigdemont afronta el reto de contentarlas a todas.

Las principales asociaciones separatistas de la región habían convocado una manifestación frente al parlamento para “apoyar y defender la declaración de independencia”, y que finalmente será trasladada al exterior de este parque.

  De Guindos: Europa apoyará la respuesta de Madrid

Desde Madrid, el gobierno español de Mariano Rajoy promete actuar con firmeza, inclusive si se trata de una declaración retórica o sin efecto inmediato, y sobre la mesa está la suspensión de la autonomía regional o incluso decretar un estado de emergencia.

Rajoy comparecerá el miércoles a las 14H00 GMT en el Congreso de los Diputado.

Pero las presionas nacionales e internacionales, así como la fuga de empresas y la incertidumbre económica, podrían moderar la postura de Puigdemont, que reclama una mediación internacional para solucionar el conflicto.

En juego está el futuro de un territorio estratégico para España, con una superficie similar a la de Bélgica, con un 16% de su población y un 19% de su Producto Interior Bruto. Y desde Madrid, no piensan quedarse de brazos cruzados.

Madrid cuenta con el apoyo de Europa, dijo en Luxemburo el ministro español de Economía, Luis de Guindos, asegurando que la respuesta será la “adecuada”.

“Esto no es un tema de independencia sí, independencia no. Esto es un tema de rebelión contra el Estado de derecho y el Estado de derecho es la base no solamente de la convivencia en España sino también de la convivencia en Europa”, estimó De Guindos.

Sobre la mesa está la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que prevé la suspensión del autogobierno de Cataluña, restaurado tras la dictadura de Francisco Franco (1939-1975), o incluso decretar un estado de emergencia en la región.

En los últimos 100 años, el gobierno catalán ha proclamado en dos ocasiones la independencia, sin que llegara a materializarse. El primero en hacerlo fue Francesc Macià en 1931, y el segundo Lluís Companys, en 1934, lo que le costó ir a la cárcel.

 

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