FOTOS: El último adiós a Pablo Chiossone Ríos en su tierra natal

Lorena Quintanilla Muñoz | Fotos: Stiven Valecillos |

A las seis y tres minutos de la tarde arribaron a Barquisimeto los restos del piloto venezolano Pablo Ernesto Chiossone Ríos, quien murió tras producirse un ataque terrorista en el Hotel Intercontinental de Kabul el pasado 20 de enero en horas de la noche.

Diez días después, tras múltiples trámites y un dolor indescriptible, familiares, amigos y pilotos recibieron al aviador, quien se dedicó al oficio por casi 30 años.

A la 1:30 de la tarde aterrizó en suelo venezolano. El trayecto: Kabul, Estambul, La Habana, Caracas y Barquisimeto.

Pablo Ernesto llegó a la que fue su casa toda una vida. Pasadas las seis de la tarde, cruzó la pista de aterrizaje del Aeroclub, fundado por su abuelo.

De un avión del ejército venezolano camuflado, con las siglas M-28, bajaron Yuyita Ríos Carmona de Chiossone y Juana Inés Chiossone Ríos, madre y hermana de Pablo Ernesto, quienes aguardaron por su ser amado en el aeropuerto de Maiquetía.

Yuyita bajó con un retrato de su hijo, enmarcado y rodeado de flores que fue preparado por los pilotos y demás miembros de Aeropostal, donde laboró el destacado profesional de la aviación.

Juan Pablo, hijo de Pablo Ernesto, salió al encuentro de su abuela, fundiéndose en un abrazo más que emotivo.

Al apenas visualizarse el féretro, varios aviadores y amigos salieron a su encuentro, cargaron la urna y emprendieron una caminata desde el borde de la pista, pasando por los hangares, hasta llegar a la recepción, donde el padre Héctor Mario Cárdenas, párroco de la iglesia Santa Eduviges de Cabudare, recibió al difunto con un responso.

Sobre el sarcófago se desplegó el Tricolor Nacional, se colocó la fotografía de Pablo Ernesto y su visera de piloto. Los deudos, alrededor del receptáculo, se santiguaron y unieron en oración. El hecho todavía resulta increíble e inenarrable para muchos.

El sacerdote, tras el Padre Nuestro, regó agua bendita sobre el féretro y pidió por el descanso eterno del hijo de Pablo y Yuyita.

Los presentes, para finalizar el homenaje póstumo, hicieron como una especie de capilla ardiente en señal de respeto y admiración.

A todos partió el corazón el sentimiento de Juan Pablo, quien permaneció todo el tiempo de la mano de su abuela y su mamá.

Hoy, a las 8:00 a.m. partirá el cortejo fúnebre desde la Funeraria Metropolitana hasta el Cementerio Metropolitano de Cabudare, donde se realizará una misa de cuerpo presente a las 9:00 de la mañana. Luego se realizará la cremación del cuerpo. Las cenizas se colocarán en un nicho ubicado en el referido camposanto.

Se conoció que el papá, Dr. Pablo Chiossone, desconoce lo ocurrido, sus familiares han decidido presentarle otra realidad debido a su estado de salud.

Un Ángel de la Guarda

Yuyita de Chiossone lamentó profundamente que la aerolínea para la cual trabajó su hijo, KamAir, fue incapaz de trasladar el cuerpo del piloto hasta Estambul. Atribuye esto a la indolencia y falta de principios.

“La aerolínea para la que trabajó ni siquiera sacó a los difuntos de Kabul. De esto se encargó Turkish Airlines”.

Al tiempo que cumplía con un penosísimo deber, De Chiossone recordó que su hijo se encontraba trabajando en Afganistán en condiciones muy duras.

Agradeció al Ángel de la Guarda, Alejandro Ovalles, piloto y compañero de trabajo de Chiossone Ríos y Adelsis Ramos, los dos capitanes fallecidos.

“Él no estaba durante el ataque terrorista, cumplía otra ruta, pero luego de la tragedia, no abandonó ni un solo segundo a sus hermanos venezolanos, en medio de un país hostil, en medio de la guerra”.

Considera que el comportamiento de Ovalles ha sido heroico, quien se negó a salir de Afganistán hasta que no trajeran, junto a él, los restos de sus compañeros.

La Cancillería venezolana, sin tener relaciones con Kabul, supo orientarlo durante el proceso de repatriación de los cuerpos.

“Estos son los daños colaterales de una guerra, donde estos venezolanos no tenían nada qué ver, estaban trabajando. El piloto Ovalles nos cuenta que los aviadores que trabajan en Kabul tienen que volar de noche con las luces apagadas para evitar los misiles”.

Mencionó que el estado afgano tuvo unas palabras de agradecimiento hacia los aviadores.
Dijeron que habían perdido a dos grandes profesionales, incluso, estaban dando el apoyo de instructores de vuelo para enseñar a volar a los pilotos afganos.

La presidenta de Bandesir agradeció también la gestión que realizó la Cancillería venezolana desde el primer momento hasta el día de ayer cuando despacharon el cuerpo de Maiquetía.

“Con una humanidad y calor familiar digno de encomio, en medio de la pena y el sentimiento que nunca tendrá consuelo ni cura, la Cancillería nos hizo sentir que esa es la Venezuela que somos, sin importar las diferencias, porque era un venezolano que estaba en el exterior trabajando, con un duro contrato de servicio para el bienestar de su hijo. Sin distingo de ningún tipo la Cancillería se encargó de todo”.

Otro agradecimiento estuvo dirigido al Registro Público de Santa Rosalía, que realizó sin contratiempos la inserción de las partidas.

“En el aeropuerto nos recibieron y se nos hizo pasar por la rampa cuatro, que significa mucho, porque es de uso exclusivo de la Presidencia de la República. Fuimos tratados de la manera más cálida”.

Al referirse al Aeroclub de Barquisimeto, destino final de Pablo Ernesto, su madre recordó que desde pequeño su abuelo lo llevaba para que fuese parte de esa experiencia que significan los aviones.

“Este era su primer hogar. Aquí nació su vocación, él se traía un trapito para limpiar los aviones como si fueran carros. Él era feliz en este aeroclub, incluso llegó a ser su presidente”.

De Chiossone agradeció a la directiva del aeroclub, al general Fréitez, a las autoridades regionales, generales de la aviación, al comandante Reyes quien coordinó con los generales el vuelo del ejército que trajo al piloto.

“Murió como un valiente, porque él fue uno de los primeros en caer en el momento del ataque. Nunca sabré a ciencia cierta las circunstancias en las que falleció mi hijo, este dolor no me lo va a curar nadie. Es algo que siempre llevaré hasta el fin de los días”.

 

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