#OPINIÓN Calma y cordura

Antonio A. Herrera-Vaillant | Foto: Archivo/Referencial |

El fin de toda dictadura responde a muchos factores, y comienza a ocurrir cuando casi todos sus integrantes – salvo los más criminales o los pocos ilusos que viven mundos de fantasía – enfrentan un total fracaso y quedan desmoralizados.

La intempestiva entelequia que un día llamaron “socialismo del siglo 21” ya no tiene futuro. Sus dos pilares: El encantador de serpientes, y un chorro de dólares que creían inagotable – hace rato se volvieron polvo.

Hoy la gobernabilidad se desmorona aceleradamente. Las reservas se esfuman, la hiperinflación camina hacia lo exponencial, la moneda vale menos que papel, y la gallina de los huevos de oro, PDVSA, está moribunda. La anarquía delictiva ha tomado las calles y la sociedad vive degradada.

Por ahora se impone precariamente una pequeña pandilla rapaz, torpe, ignorante e incompetente, acorralada y con pocas vías de escape, sostenida por un puñado de cómplices castrenses que la comunidad internacional ya ha identificado, puntualizado y sancionado.

El minoritario “lumpen” que aún les sirve de comparsa es apenas un desesperado segmento que toda nación padece en porcentajes variables, sin horizontes ni nada que perder, que piensa solo por la tapa de la barriga, y baila al son que le toquen. Carecen de peso político, salvo para integrar claques o votar como ganado.

Es difícil saber si un detonante hará explotar la caldera en que vive la sociedad venezolana, pero un régimen esencialmente militar solo sale cuando el grueso del sector castrense descubre que la farsa ya no da para más – como en la Venezuela de 1958, la Argentina de 1982-3; o que la postración económica no permite más experimentos revolucionarios, como en el Perú de 1980.

Entonces se adelantan al desenlace y preparan una retirada decorosa, que limpie de culpas a la institución militar, concentrando las culpas en los principales comandantes del desastre.

La anunciada pantomima electoral del día 20 les da una singular oportunidad para una retirada que no fracture violentamente al sector castrense: O presionan el retiro la candidatura del exsargento Falcón y se cancela la mojiganga; o lo imponen sea cual sea el número de votantes, para que organice una transición medianamente civilizada.

Lo segundo no sería novedad: En diciembre de 1935 el hoy aplaudido General López Contreras impulsó desde el propio régimen gomecista la sigilosa salida del entorno íntimo del “Benemérito” por el puerto de Turiamo, para que disfrutaran sus mal habidas riquezas afuera y evitar una orgía de venganzas. La justicia siempre tendrá su momento. Calma y cordura.

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