#Opinión Sobre Caminos y Andares

Marisela Gonzalo Febres | Ilustración : Victoria Peña |

“No es un asunto de secretos, sino de aprender a hacer las cosas juntos.”, nos diría Gustavo Salas con la sencillez de quienes a partir de su experiencia, dan por descontado, lo que Machado poetizara y Serrat nos pusiera a cantar hace décadas: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. El amplio salón había sido distribuido de manera tal, que quienes participaban como ponentes y público, lo hicieron consecutivamente desde ángulos distintos, dando lugar al manejo interactivo del espacio donde funciona la Escuela Cooperativa Cecosesola.

Un excelente equipo de gente joven tuvo la oportunidad de participar en la preparación y ejecución de la Conferencia Anual, “Barquisimeto: Afirmación Ciudadana”, que ofreciera el Consejo Consultivo de la Ciudad, CCCB, a lo largo del miércoles 12 de septiembre. Reinaldo Rojas reflexionaría quiénes somos en su conferencia, sobre “La tradición civil en la historia de Venezuela”y  Margarita López Maya, con su “Afirmación ciudadana en la actual coyuntura del país”, recorrería en síntesis pedagógica, los complejos y variados caminos del populismo en nuestro continente, cuyos países entraron sin anestesia ni preparación alguna en el liberalismo económico europeo.

La danza de Isabel Barrios nos entregaría a todos, los caminos abiertos de la emoción y sensibilidad estética. De la que nos recuerda que también el cuerpo escribe y se inscribe en los discursos sociales. La siempre cálida energía poética de su padre, el poeta Jesús Barrios, nos recordó que el lenguaje, abre los caminos que cada quien quiera transitar.  En la tarde, se darían las participaciones de los anfitriones; de los caminos recorridos desde la música por la “Suite Subterránea” y las reflexiones de todos en la grata conversación que bajo el nombre de “La vida civil, el modo de ser grande”, sostuvieran Elías Santana y Esteban Reyes. Al final, el concierto ofrecido por los jóvenes músicos de “La Suite Subterránea”, reafirmaría su condición de lenguaje universal.

Gustavo Salas, al comenzar la tarde, nos guiaría por la complejidad de una experiencia de cooperativismo, que rompe modelos organizacionales, por haber sido el resultado de la experiencia cuyo secreto reside en aprender a “actuar en la cotidianeidad”, al ser parte de los procesos y dominar, a punta de la conversa diáfana, el peso de “la cultura de los jefes.”Pasión a la cual se habían referido los ponentes mañaneros.  Reinaldo llamándola: la “motivación al poder”, que conduce al caudillismo y personalismo, cuyo goce se expresa en el control ejercido sobre los demás. Margarita, al hecho de haber sido fundadas las repúblicas, por los señores de la tierra, instalando desde sus comienzos la desigualdad y el clientelismo, que darían lugar a la irrupción del caudillo, sin dar lugar, a la consolidación de la democracia liberal del viejo continente, en la cual si hubo una evolución de los sujetos políticos y reforzamiento de las instituciones democráticas liberales.

El ejercicio de la ciudadanía desde enfoques distintos, sería evocado cuando G. Salas hablara, sobre las dificultades vividas y superadas, en la construcción cooperativista, de una estructura organizativa sin estructura jerárquica, acorde a la potencialidad de cada uno, posible cuando las “responsabilidades y tareas se comparten y los cambios se producen en la organizaciones y adentro de la gente”. Ya llevan medio siglo de andadura por los caminos de la palabra compartida y transparente, mediante las llamadas “Conversaciones abiertas, buscando criterios colectivos, sin miedo a las reconsideraciones, porque nada es estático”, cuando la comunicación fluye en todos los sentidos, sin papeles ni memos, ni oficios. Tan solo “oral y oportuna”para la toma de decisiones rápidas, sobre la marcha en tiempos de  urgencia. Puesto que “se asumen responsabilidades individuales,habrán ingresosiguales, equitativos más que igualitarios,apoyados en la ética,  generadores de confianza.

Disfrutamos mucho “pescando juntos”, insiste.  Marturana les abriría la senda de la cultura de la emocionalidad, de la importancia de los deseos cimentados en la arquitectura emocional, entrelazados por el lenguaje. La necesidad de romper con los estereotipos“que nos hacen acumular conocimientos sin compartirlos o guiarnos por los prejuicios.” Llamaría a la viveza criolla, una “cultura tan fregada”, que requiere para transformarse, de la convivencialidad, “de lo que somos y vamos siendo”, en la relación diaria que sigue al “rebullicio de reuniones”. Insistió en que “nadie nos puede cambiar pues yo cambio, si yo quiero”, en la construcción de responsabilidad, puesto que no somos “ni verticales ni horizontales; ni individuos todo el tiempo y colectivo a ratos”. Una frase puede resumir una emoción compartida por quienes creemos en la construcción de ciudadanía: “No sabemos dónde vamos, pero no estamos perdidos”.

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