#CRÍTICA No es casualidad, la Vinotinto trabaja para ganar #18Ene

Luis Miguel Rodríguez - @unluismiguel | Foto: Cortesía Perú 21 |

Y no fue en vano cada módulo de entrenamiento, 29 en total desde hace año y medio por parte del cuerpo técnico y todos los jóvenes que soñaron con ser parte de una nueva y prometedora selección sub-20.

No es casualidad, la victoria de ayer por la mínima diferencia ante la selección del país vecino, Colombia, demuestra que un trabajo inyectado de seriedad, da sus frutos. ¿Suerte? Mucho menos, es el resultado que genera el talento, la inteligencia y la dedicación, no sólo de los jugadores sino de quienes los preparan y dirigen.

En el estadio El Teniente de Rancagua, Chile, los “cafeteros” volvieron a caer ante, según lo expresan periodistas deportivos de la tierra hermana, una selección que «siempre se juega la vida” en el llamado “clásico de la frontera”, y en el que incluso resaltan que: “parece que les ganan antes de jugar” (sea la categoría que sea), como lo reseñó un conocido diario colombiano.

Pero continuando con lo expuesto ¿Por qué excusar las derrotas ante Venezuela por el relajo/confianza de sus jugadores? Hay quienes prefieren auto-desmeritar a los suyos, señalarlos de serenos cada vez que juegan con una selección Vinotinto, a tener que dar su brazo a torcer y admitir que (independientemente de la debacle pasada de la selección mayor y la terrible organización del fútbol local), las selecciones venezolanas han crecido a pasos agigantados y que ahora, desde hace un par de décadas atrás, siempre les compiten de tú a tú.

Tranquilos, es entendible que crean que un país con una fuerte crisis político-económico-social, con tradición históricamente beisbolera y sin un Mundial de mayores disputado, no pueda ser capaz de forjar talentos tan igual o mejores que los suyos o peor aún, que siempre les «compliquen la vida» cada vez que jueguen contra ellos. Ante todo, hay que dejar el egoísmo, hay que aprender a aceptar las realidades.

Por otro lado, un aplauso para Don Rafael Dudamel, que desde hace años ha tomado la batuta de las selecciones tanto de menores como de mayores, quien nos ha llevado a dos de los tres Mundiales de Fútbol (masculinos) que hemos disputado. Se ha convertido en el nuevo “padre formador” de cientos de jóvenes, su aprendizaje pasado lo ha retransmitido correctamente a quienes sueñan con algún día ser grandes profesionales de esta linda disciplina, eso lo vemos en la cancha.

 

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