#OPINIÓN Ventana abierta: ¡Muerto enchaquetado! #6Mar

Eduardo González | Ilustración: Victoria Peña |

Para recodar:

“Mas Él le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos…”

(Lucas 9:60)

Mi papá, Claudio Miguel, cuando veía a un motorizado corriendo a toda máquina, decía: “¡Ahí va un muerto enchaquetado!”. Él no le deseaba mal al piloto, era una forma de decir que el conductor, aunque estaba vivo, llevaba el signo de la muerte al volante.

En varias oportunidades hemos manifestado que la muerte es: Cesación de la vida. Que somos almas vivientes; y la llamada alma, es mortal; en la muerte no se sabe nada y dejaremos varios versículos que sustentan esta doctrina (Génesis 2:7; Eclesiastés 9:5,6; Eclesiastés 18:4; Salmos 94:17; Salmos 146:4; Juan 11:25).

Cuando Jesucristo invitó a un discípulo que lo siguiera, tal hombre le pidió permiso para enterrar primero a su padre. Mas Cristo le dijo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos” (Lucas 9: 59-61).

Jesús, no estaba cambiando el concepto de la muerte, porque los muertos no puede enterrar a otros, pero quería enseñarnos: Que seguirle a Él, es estar vivo físicamente hablando, y se tiene la resurrección y la vida eterna asegurada (Juan 11:25, Mateo 6:33).

 Y al referirse a la familia, del discípulo, como muertos, se parece a lo que decía mi padre del motorizado, porque aunque les permitió cumplir con su deber, demostraba que sin Cristo, estamos vivos, sí, pero como muertos andantes, porque sin Él nadie podrá resucitar, en caso de morir (ver Juan 11:25); aunque el veredicto final de vida o muerte es de Dios.

Desde hace varios años, a pesar que el monopolio del cemento está en manos del Estado, los municipios no lo pueden adquirir (ver www.elimpulso.com/2014/01/25/…). Entonces los funcionarios municipales, estadales o nacionales están como la familia del discípulo, ya que permiten que se estén enterrando a las personas de la forma más cruel, en un país con tanto recurso.

 En el llamado cementerio nuevo, de Barquisimeto, están inhumando sin fosa, sin cemento, sin planchas selladoras, causando en un 99%, una gran contaminación ambiental. Recomendamos un artículo: “¿Cuánto contamina un cadáver? Según, www.lavanguardia.com, del 01/08/16, donde muestran lo que ocurre en países desarrollados ¿Cómo será en los cementerios municipales de Venezuela?

Sin cemento, los delincuentes, hechiceros y otros, violentan las fosas más fáciles, abren las urnas, roban los cajones, huesos y las autoridades están vivos, pero como muertos, al no parar esto, y aparentemente nadie muestra respeto o temor por los difuntos ¡Inaudito!  

Hace poco, el 02/03/19, falleció una apreciada dama, miembro de uno de los templos de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, quien en vida fuera la hermana Bonifacia (Facha) Rivas, quien a sus noventa años dejo una modesta, respetada y numerosa familia. Y aunque ahora ella descansa, murió creyendo en Cristo como su Salvador.

Pero, tanto familiares y amigos, nos llevamos esa tremenda sorpresa, porque la dama mencionada fue enterrada echándole la tierra encima de la urna, y eso nos produjo a los presentes dolor e indignación. Observamos que todos los entierros, en tal cementerio, lo están realizando de esa manera vergonzosa, y de paso, apurados por la latente aparición de delincuentes. Como dijo uno de sus hijos: “Parece que estábamos un campo de guerra”.

Nos preguntamos: ¿Este tipo de entierro, está violando los derechos humanos? ¿Llegará un artículo como este, a la Alta Comisionada de la ONU, Michelle Bachelet?

Eso no lo sabemos, pero así como Jesús llamó a un discípulo para que le siguiera (al camino de la vida), nos invita a aceptarlo, anunciar su evangelio eterno de salvación y a cumplir con nuestros deberes terrenales, porque de lo contrario estaríamos vivos, pero como muertos andantes o muertos enchaquetados.

Eduardo Iván González González

www.ventanabiertalmundo.com

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