#OPINIÓN Cronicario: El sincretismo unió sentimientos de indios, negros e hispanos en el tamunangue #11Jun

Juan José Peralta | Foto: Cortesía |

Con la batalla, la esgrima criolla que antecede a los sones, empieza el tamunangue y nos adelantamos a su celebración este jueves 13 de junio, cuando sus danzas y cantos alegrarán una amplia geografía, desde su ancestral raíz en El Tocuyo hasta los estados circunvecinos donde ha llegado en un sentimiento colectivo gracias al sincretismo que supo unir los sentimientos de negros, indios e hispanos.

El tamunangue lo componen siete sones y la batalla que abre camino a la procesión cuando la imagen es sacada de la iglesia en brazos de las damas. Es el comienzo donde dos personas con garrotes representan la lucha por la vida. Los estudiosos aseguran que es la lucha entre el bien y el mal.

Nuestra suite de danzas, como lo llamaba mi padre César Peralta, se celebra en honor a San Antonio de Padua, sacerdote nacido en Lisboa, capital de Portugal en 1195, primero agustino, después franciscano. Predicador de gran prestigio, fue misionero en África y sus últimos días los pasó en Padua, donde sin cumplir un año de muerto fue canonizado por su fama de milagroso.

Sus compañeros franciscanos presentes en El Tocuyo le dedicaron la fiesta o bailes de negros bautizado por el más grande de los tambores que marca el ritmo, el tamunango. Lo acompañan, el cuatro y una batería de cordófonos parientes, con varias encordaduras y diferentes afinaciones que en su conjunto provocan esa música sin igual, alegre, muy original y solamente propia de esta fiesta.

A este Doctor de la Iglesia y teólogo notable San Antonio de Padua se le reconoce como prodigioso hallador de cosas extraviadas, para recuperar la salud y sobre todo, conseguidor de pareja, aunque dicen los consigue demasiado parranderos. Muchas damas bailan sus sones pidiéndole novio y dicen no importarles porque ellas los enderezan. Son ellas quienes sacan la imagen del santo de la iglesia para la procesión.

Antes de empezar cada son, los bailadores se santiguan para reverenciar su permiso, ella con el garrote en el antebrazo izquierdo y él en el derecho para iniciar los giros con gracia y alegría, dando comienzo a los galanteos. Solistas y coros van ordenando qué harán los bailadores, mientras promueven el enamoramiento.

Siendo El Tocuyo el más importante centro de producción en tiempos coloniales para la explotación minera, siembra y recolección como pastoreo, trajeron negros esclavos de África a quienes en catequización, como mandaba la corona, se les atrajo a las sociedades religiosas de ese tiempo. Las etnias locales como los negros esclavizados celebraban a su modo –con sus propios rituales– la llegada del solsticio de verano, comienzo de las cosechas y multiplicación de las especies animales, fervor por la temporada aprovechada por los catequizadores para acercar a indios y negros a la fe religiosa, asignando santos cristianos por similitudes a sus devociones, en lo llamado sincretismo. En la Cofradía de San Antonio de Padua de El Tocuyo, con sede en el Convento de San Francisco, aceptaron a negros y morenos, libres o esclavos, para honrar a San Antonio, permitiéndoles manifestarse con sus expresiones propias.

Así nació el tamunangue, expresión folklórica netamente larense considerada la danza venezolana de mayor riqueza coreográfica, desde tiempo colonial bailado en diversos pueblos del estado Lara, desde El Tocuyo, de donde se considera originario a Curarigua, Sanare, Guarico, Barquisimeto, Carora, Quíbor y poblados circunvecinos, dando relevancia a esta tradición extendida a poblaciones de Yaracuy, Portuguesa y Falcón.

Trece martes antes del 13 de junio se hacen rezos al santo y un novenario en días previos al llamado el Mes de San Antonio, tiempo en que las bailadoras preparan sus faldas generalmente floreadas y las blusas con volados, porque no está permitido bailar en pantalones y si alguna intrusa se metiera, los músicos de inmediato detienen el son. Una flor en la cabeza completa el tocado, además de las alpargatas, especie en extinción. También tejen hermosas pantaletas por si en los furores del baile se les esponja demasiado el camisón. Las mujeres también se ocupan de las flores para adornar el altar. Los hombres preparan sus trajes, a veces liquilique, nuestro traje nacional también en extinción. Ropa blanca en general. Pantalones y camisas. Alpargatas y sombrero. Se ocupan de la música y de recoger donaciones, además de los ingredientes del infaltable sancocho o el mondongo para los asistentes a la fiesta.

Para aclarar la garganta los cantadores degustan nuestro cocuy, nuestra bebida tradicional durante mucho tiempo ignorada, pese a formar parte de nuestras costumbres más ancestrales, herencia de nuestros antepasados, los pobladores de estos territorios muchísimos años, siglos antes de la llegada del conquistador quienes se maravillaron de hallar en tierras lejanas sustituto a sus bebidas europeas. El cocuy, patrimonio artesanal del estado Lara, luego de siglos de persecuciones y desconocimiento, para nuestros aborígenes fue planta de salud por sus beneficios medicinales y múltiples usos con sus fibras.

Los conocedores esperan con ansias el poco a poco con sus maravillas teatrales, en una primera parte cuando la mujer atiende los calambres del hombre entre las risas de los presentes y los mimos exagerados del enamorado. El momento más emocionante es cuando la mujer doma y domestica al hombre como a un caballo y lo somete entre risas y aplausos para dar paso a la corrida. En la perrendenga la mujer muestra su dominio del garrote para poner orden a los asedios del galán enamorado que la pretende, parte de un picaresco juego.

Devueltos los garrotes al altar, músicos y cantadores desplazan sus acordes en la parte más festiva y alegre del tamunangue, el galerón, penúltimo de los sones que a decir de los conocedores tiene 48 pasos o figuras, aunque en general puede hablarse de su gran riqueza coreográfica con la influencia de antiguas piezas españolas como contradanzas y cuadrillas también presentes en el seis figuriao. En el galerón la danza es colectiva y los bailadores realizan diferentes pasos y figuras sin orden establecido con zapateo, valseo, palmoteos, giros y otras variaciones y se pueden observar parejas enlazadas, cruzadas o girando, mientras el baile se anima con los versos alegres en cuartetas. El único requisito a las damas es respetar el atuendo, sus faldas floreadas o estampadas. En el galerón puede bailar cualquiera que se anime y encuentre pareja. Los pagadores de promesas aprovechan para echar un pie toda vez que en el resto de los sones hace falta conocer los secretos del tamunangue. La bella es el segundo son del baile, de danza libre entre las parejas, en el cual sigue el galanteo masculino y la dama responde con picardía y coqueteo, ambos con ademanes sobrios. Hay dos bellas, la trovada, menos conocida y la corrida.

Al seis figuriao se le considera el más rico coreográfica y musicalmente de los sones y en él participan los más conocedores de la danza. Al final los aplausos no se hacen esperar, pese a la nostalgia de saber que la fiesta, con esta danza ha concluido y sólo queda la degustación de los platos preparados y el mondongo o el sancocho para reponer las energías. El seis figuriao, también llamado seis floreado o seis corrido lo bailan tres parejas muy bien entrenadas que comienza con valseo primero de una pareja, se incorpora la segunda y luego la tercera, que se van entrelazando en complejos giros y acciones que exigen coordinación y conocimiento de las 36 figuras a realizar. Es el cierre de la suite de danzas.

Una de las tradiciones acompañantes del tamunangue son los panes de San Antonio también llamados los panes de los pobres repartidos entre participantes y curiosos. Es una tradición muy antigua y contaba El Eco Franciscano que a una señora muy piadosa de Tolón, ciudad del sur de Francia, cercana a la frontera con Italia, a orillas del Mediterráneo, se le trabó la cerradura de la puerta de su panadería. Como resultaban infructuosos los esfuerzos y movimientos a la llave, trajeron a un cerrajero quien tampoco logró abrirla. La señora prometió un poco de pan a San Antonio para sus pobres con tal de no tumbarla y entre admiración y alegría el portón cedió sin dificultad. Así nació esta tradición cuando la señora con sus amigas lo hicieron saber en sus oraciones al santo y la entrega de los panes de los pobres. Algunas personas lo guardan y otros se lo comen con el sancocho o el mondongo, pero esos panes son bendecidos para el tamunangue.

En algunas festividades se acostumbra la salve al comienzo del tamunangue y en otras al final. Lo que sí es obligatorio es entonarla en el velorio del día anterior, al invocar la bendición de San Antonio.

Desde El Impulso saludamos a tamunangueros, cantantes, músicos, bailadores y devotos de San Antonio, a los grupos organizados que han hecho de esta devoción uno de los más importantes valores tradicionales de la región, al ensamble Barquiyana, a las Guaragolpes, a Expresión Morandina, algunas de las agrupaciones femeninas golperas. Por supuesto a todas. Saludos muy especiales a María Magdalena Colmenárez primera reina del folklore. Al Grupo Folklórico Barquisimeto y sus eternas reinas del folklore, Yadira Rodríguez y Anairis Sequera, a Tico Páez y Carlos Romero, almas de dicho grupo. Y no seguimos nombrando para no dejar a nadie por fuera. Que sean muy hermosas y sentidas las celebraciones de este jueves a San Antonio de Padua, hallador de objetos extraviados, mejorador de la salud y sobre todo, proveedor de novios a las almas solitarias y pidiéndole no los consiga tan parranderos. En todo caso que parrandeen con ellas.

La batalla con Francisco Pacheco, Aquiles Báez y Santoral

Juan José Peralta

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