#OPINIÓN Caleidoscopio: El niño con pijama de rayas (The Boy in the Striped Pajamas) #9Ago

Fritz Márquez | Foto: Cortesía |

(Director: Mark Herman)

Las mamas y papas sean quienes sean, ángeles y demonios terrenales, siempre quieren lo mejor para sus hijos, en el fondo, sin decirlo y muchas veces sin mostrarlo buscan proteger al hijo, es una condición natural del ser humano.

El Niño con el Pijama de Rayas muestra a Bruno (Asa Butterfield) que tiene ocho años y desconoce el significado de la solución final del holocausto. Todo lo que sabe es que su padre fue ascendido a comandante y debió mudarse a una confortable casa aislada de la ciudad. Todo cambia cuando conoce a Schmuel, un niño judío que vive una extraña existencia al otro lado de la alambrada. El encuentro de Bruno con el chico del pijama de rayas le lleva a adentrarse de la forma más inocente en el mundo de adultos que les rodea. Entabla una amistad con Shmuel con terribles consecuencias. 

Ahora bien, el padre de Bruno es el comandante del campo de exterminio de Auschwitz, es decir, en sus manos estaba organizar la muerte del enemigo preso (más de un millón y medio de personas murieron en el complejo de campos en la segunda guerra mundial), sin duda un hombre cruel y malvado, pero cuando llegaba a su casa era el papa de Bruno y esposo protector, al respecto en la teoría familiar del médico psiquiatra Bowen, plantea “que por naturaleza los miembros de las familias están conectados intencionalmente, esa interdependencia emocional promueve la cooperación que las familias requieren para proteger, refugiar y alimentar a sus miembros”, es decir, como en los juicios luego de la guerra se le hicieron a los culpables, matar para ellos era su trabajo, eran buenos padres de familia.

Bruno tiene ocho años y  según el psicólogo y biólogo Suizo, Jean Piaget en su teoría de la división del desarrollo del niño, a esa edad los niños aplican la lógica con ciertas limitaciones: aquí y ahora siempre les resulta más fácil, es decir, ni Bruno ni el niño en pijama sabían lo que pasaba y les iba a pasar, no podían utilizar el pensamiento abstracto que se desarrolla en otra edad, lo de ello es hacer lo que según mismo Piaget es propio de esa edad, tener amigos, buscar amistad entre iguales, jugar y pertenecer.

La psicóloga infantil María Andrea Quintero de guía familia nos dice que a nivel emocional en los niños de ocho años las normas familiares son las que rigen su comportamiento, pero al mismo tiempo ellos se dan cuenta que en las familias de sus amiguitos hacen y exigen cosas diferentes, y es allí donde comienza la curiosidad de Bruno en saber que había del otro lado de la alambrada, el porqué en la granja todos se vestían con pijama y eran raros.

Este film del año 2008 es otro intento de revisar un evento histórico doloroso que nunca debería ser olvidado, no fue nominada al Oscar, gano el premio Goya por mejor película extranjera. No es una película inolvidable, pero sí es, en cambio una enseñanza duradera, su historia sencilla es contada de forma directa y con claridad e intensidad emocional. Muestra de forma incomoda la ingenuidad y maldad cruzada a metros de distancia, pone en evidencia que la niñez se mide a través del sonido, olores y observaciones antes de que aparezca la sombra oscura de la razón, para Bruno y el niño de la Pijama ese momento, nunca llegó.

Fritz Márquez

@fritzmarquez360

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