#OPINIÓN Hombres de sol y sueños #17Nov

Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

 En un trabajo de investigación, riguroso y muy bien documentado sobre los orígenes del Central Pastora, su autor el historiador caroreño Juan María Morales califica a la generación pionera como   Hombres de Sol, a lo cual habría que agregar que también eran magníficos soñadores, ya que su oficio era la ganadería y sus vivencias y expectativas giraban en torno a la vaca y los potreros y no obstante apostaron por una actividad incierta sobre la cual no tenían experiencia ni  contaban con los recursos cognitivos que da la tradición.

Carora nace pegada al Rio Morere y su interrelación comercial y social estaba vertebrada por los caminos que la comunicaban con Coro, esto comenzó a cambiar cuando el ímpetu productivo puso pie en otros territorios, como fue el caso de La Veredita, que así se llamaba a principios del Siglo 20 la ruta que nos comunicaba con las tierras del piedemonte andino trujillano. Para ese entonces esa zona era, como lo sigue siendo, productora del mejor papelón de Venezuela y por ello abundaban trapiches a lo largo de sus carreteras. El caroreño aunque afanado con la vaca y el chivo incursiona también en esta industria, pero le da un giro ambicioso y se propone producir azúcar con miras a un mercado de consumidores más amplio y consistente. Así nace el Central Pastora.

Desde su inicio en 1952 hasta ahora la historia de la empresa ha  sido una constante de logros escalonados que han tenido como plataforma la relación estrecha de los productores con la industria, porque de hecho allí existe una perfecta integración ya que campo y factoría son manejados con el propósito de que los cañicultores sean la médula del negocio.

El gran empuje que recibió el Central Pastora viene dado por una asociación estratégica que hizo con un holding azucarero nacional, el cual además de inyectarle capital le dio una plataforma gerencial y tecnológica de primer nivel según cualquier estándar internacional. No obstante los caroreños mantuvieron mayoría accionaria en la empresa y se reservaron el manejo de la factoría, asumiendo este reto mediante un gran esfuerzo de capacitación que llevó a las nuevas generaciones a exigirse estudios académicos especializados como condición para consolidar y ampliar logros operativos y financieros.

Pero la clave de los éxitos alcanzados por el Central Pastora se ubica en la conducta genésica de los pioneros, hombres de campo, atados a la tierra, sus costumbres y a las relaciones estrechas con los trabajadores de sus núcleos productivos. Esa conducta, ese sentimiento, hizo posible que la empresa se fusionara perfectamente con su entorno y de esta manera, gracias a un trabajo de hormiguita recorriendo zonas vecinas, la lista de cañicultores que siembran y arriman caña a la factoría creció y ahora se encuentra estabilizada alrededor de los 140 productores. Lo cual ha generado un impacto positivo en las poblaciones cercanas a la empresa, las cuales además de incrementar sus ingresos económicos ha disfrutado de un conjunto de políticas sociales ejecutadas por la empresa.

El Central Pastora es un buen ejemplo de constancia, esfuerzo, capacitación y compromiso productivo. Algo que en Venezuela es y  será siempre esencial.            

Jorge Euclides Ramírez

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