#COLUMNA El rincón de los miércoles #27Nov

Luis Rodríguez Moreno | Foto: Archivo IMP |

Cuando se construyó la avenida Vargas de Barquisimeto, la cual divide prácticamente a la ciudad, todos pensamos en que se convertiría con el tiempo en una arteria vial con las mismas características de lugares tan emblemáticos como existen, por ejemplo, en Buenos Aires, con su Calle Corrientes y la Gran Vía, de Madrid, para citar apenas dos, donde los ciudadanos y los visitantes podían disfrutar de templos de entretenimientos como pequeños teatros, cafés concert, restaurantes con una variada oferta de especialidades gastronómicas y otros atractivos propios de una moderna capital. La Vargas pudo ser entonces una muestra del avance de un turismo nacional e internacional bien entendido. En algunas columnas del pasado me referí a esa posibilidad, más aún cuando comenzaron a instalarse varios establecimientos dedicados a esas actividades sobre las cuales hablamos antes. Incluso se construyó la llamada Torre Consolidada, sede de un banco comercial de mucha importancia para la época, cuya actividad concordaba con un febril movimiento peatonal en la zona, al igual que restaurantes y pequeñas terrazas con pequeñas mesas para el refrigerio y la buena conversación. También se construyó en una esquina de la avenida edificios de la cámara de comercio y la sede administrativa de la empresa eléctrica  de Barquisimeto. El último tramo de la avenida, entre la redoma y el hospital central, fue sembrada con plantas ornamentales de gran vistosidad. En el Concejo Municipal de la ciudad se quedaron algunos proyectos orientados a hacer de la Vargas una avenida moderna, capaz de competir con las capitalinas. No hubo, sin embargo, entusiasmo ni recursos suficientes para iniciar un proyecto de esta naturaleza, por lo cual, la avenida comenzó a ser ocupada anárquicamente, sin respetar un orden urbanístico y evitar el caos que ya se presagiaba por la falta de interés de los propios barquisimetanos y de su administración municipal.

II

La llegada de la nueva dirigencia política tampoco dedicó tiempo al mejoramiento de la capital larense, hoy en franco deterioro por donde quiera mirarse. La metamorfosis de las principales arterias viales ha sido terrible. Al igual que la avenida 20, la Vargas ha sido víctima de la ferocidad de los depredadores. Los grandes almacenes de la calle del comercio, como se le decía antes, han desaparecido para darle paso al comercio informal en sus diferentes manifestaciones, obligando a un buen número de empresarios a buscar refugio en los grandes centros comerciales que se construyeron en el este, además de cambiarle a una de sus urbanizaciones  la zonificación de uso residencial que por años tuvo. La 20, como se le conoce popularmente, y la Vargas, son las grandes víctimas de pésimas políticas urbanas desarrolladas en los últimos 20 años. Los alcaldes y concejales miran hacia el otro lado cuando se trata de ordenar la vida de una ciudad que pudo ser una de las más bellas capitales, no solamente de Venezuela sino de nuestra América Latina. Ese desprecio olímpico de la administración municipal por Barquisimeto está a la vista de todos, pero el silencio impera y se hace cómplice de la ineptitud de los encarados de establecer las reglas de  convivencia han provocado el éxodo de miles de personas hacia la capital larense como consecuencia de la multiplicación de la pobreza en el interior del estado, cuya representación se ve obligada por las circunstancia a ocupar espacios en calles y avenidas de un Barquisimeto amenazado actualmente por la destrucción  de su antigua riqueza urbana.

III

SOS, Dos personas muy queridas están necesitando con urgencia de nuestra ayuda en una valiente lucha por recuperar la salud. Lilian Ledezma, una hermosa voz, y Alberto Diaz. Hijo de Daniel Díaz, quien fuera uno de los primeros jugadores del Cardenales de Lara en su primera etapa como equipo profesional. Ambos, por caminos distintos, pero con la misma fe en Dios y sus médicos enfrentan un gran reto donde, creemos, saldrán victoriosos. En las redes sociales hay un llamado a formar parte de todos los que apreciamos a estos grandes amigos, y que el gran arquitecto del universo les premie siempre

Fuerza Lilian, fuerza Alberto.

Luis Rodríguez Moreno

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