#OPINIÓN Carora vista por el Chueco Oropeza #23Feb

Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

Cuando el hombre y la sociedad yacen junto a las ilusiones muertas y en el alma se aprieta la angustia abrazada al sentimiento de desamparo es tiempo de darle rienda suelta a la imaginación y convertir la capacidad de supervivencia en un instrumento creativo que rescate la inteligencia y la poesía de los callejones sin salida donde se encuentra. El sufrir y el llorar bailan juntos la música triste del despecho, en estos tiempos de sufrimiento colectivo lloramos un pasado dichoso que nunca tuvimos…siempre hemos sido quejumbrosos penitentes de una culpa social que nos confina a un permanente y circular rezago civilizatorio, como si este fuera inexorable, ineludible casi como una determinación genética.

Lo venezolano pareciera atravesar una crisis profunda , en verdad ni siquiera sabemos que nos define y ubica como diferentes dentro del espectro poblacional del planeta…sobre nuestra idiosincrasia más bien tenemos ideas aproximadas que certezas raigales..Buscamos en Bolívar nuestra justificación universal y el generosamente continua cobijándonos con sus ideas, sus miedos, sus romances y su criolla hispanidad alimentada de vuelos cosmogónicos.

Si lo venezolano está en crisis no tenemos otro camino que agarrar lo que podamos del proceso civilizatorio reciente y construir con ello una barricada moral que al menos nos permita “morir” con dignidad democrática y no en el paredón de los indiferentes donde será ejecutada la modernidad.

Este compromiso ciudadano pasa por organizar los grupos que al margen del quehacer partidista tienen como objetivo mejorar las condiciones de vida de toda la comunidad…En Carora esto tiene una oportunidad brillante ya que ante la dilución de los valores nacionales nosotros hemos conformado una Parroquia Universal que atrincherada en ilusiones propias ha trazado un camino de convivencia.

La lucha del caroreño por buscar soluciones propias a sus problemas locales data de hace muchos años y ha sido el resultado de un afianzamiento telúrico contra el cual nada ha podido hacer la politiquería y el pragmatismo clientelar de los partidos…para muestra de esta verdad recordemos lo que escribió en l945 Rafael Oropeza..”El Chueco Oropeza” en un Editorial de El Diario…”Por encima de la obra de ornato, por sobre la empresa de beneficencia social; además de cualquiera otra de esas manifestaciones que son las huellas perdurables conque el hombre señala el paso de su energía, la Junta Amigos de Carora tendrá como misión de su existencia, no menos fundamental y preciosa, la de inculcar mística en el entusiasmo particular para las iniciaciones,

Un templo, una escuela, un hospital, un asilo, una plaza, una calle, pueden ser biografía de un pueblo escrita en el lenguaje monumental e imperecedero de la arquitectura. Pero para que todas esas edificaciones se efectúen, es preciso que el vigor económico sostenga sus muros y consolide la sombra amparadora de sus naves o sus techos.

Porque el índice definitivo de felicidad de un pueblo es la habilidad productora, que consecuencialmente le proporciona una capacidad adquisitiva suficiente para el holgado vivir.

Por eso servir de fuerza moral con el aliento de la palabra apasionada, que estimula y que convence, es objetivo que no debe descuidarse. Así que cuando la Junta Amigos de Carora ponga con terquedad su afán, en que el capitalista o el simple hombre con dotes emprendedoras, funde su industria o ensanche y perfeccione las existentes, estará respondiendo con clara videncia de su responsabilidad a la más entrañable palpitación de su fe.

Pues es la fe que no mira obstáculos, o que si los encuentra los elude o los vence, la que nos dará alas para salir con airoso empuje a darle bienvenida al porvenir…..es fundando riquezas, sembrando creación, como germina ese apego amoroso y sedentario de la gente por las cosas familiares de su ámbito o de su paisaje nativo…”

Ahora la Junta de Amigos de Carora está representada en Asocacu, hacia sus integrantes llegue este mensaje para que sirva de corneta y aliciente con meta de defender la obra cultural legada por Juan Martínez Herrera y  cuya mejor muestra son cuatro mil niños que tocan a Mozart y Beethoven con maestría.

Dios con nosotros.

Jorge Euclides Ramírez

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