#Especial Secuelas del apagón: Salud mental empobrecida #15Mar

José Escalona |

Incrédula se mostró Ana Ramírez, de 63 años, ante la hipótesis de que próximamente podría concluir el Plan de Administración de Cargas o Racionamiento Eléctrico, como es conocido por la colectividad larense, que azota a los venezolanos desde hace más de un año.

En la calle 51 entre carrera 21 y 22, lugar donde reside con su familia al oeste de Barquisimeto, quitan la electricidad todos los días. Aunque la frase que expresan sus hijos cuando se raciona el fluido eléctrico no se puede transcribir, Ramírez aseguró que en muchas ocasiones el sentimiento de angustia y desesperación han invadido su núcleo familiar, sobre todo al ver cómo personas de la tercera edad son las más afectadas por los cortes en eléctricos.

“Uno tiene que hacer comida en la oscuridad con la luz de los teléfonos o hacerla temprano para después comérsela fría. Los cortes de electricidad ha impedido que mucha abuelitas estén en su casa y se han partido el fémur porque se caen de la cama en medio de la oscuridad”, reveló Ramírez.

La psicóloga clínica Maricarmen Rivas define el comportamiento de Ana Ramírez como una de las tantas secuelas de estrés postraumático, impacto que ha generado la altivez de emociones en los larenses.

“Hemos visto una población que está gravemente afectada con secuelas de estrés postraumático. Fueron cuatro días en que los venezolanos quedaron desamparados, no sólo en cuanto al servicio eléctrico sino con el de agua potable y de conexión. Hay un factor que jugó y sigue estando presente en la salud emocional de las personas que es la incertidumbre”, manifestó Rivas.

Por su parte, Édgar Benítez, médico psiquiatra, puntualizó al equipo periodístico de Elimpulso.com que la ansiedad es la raíz de otras alteraciones producto de la falta de información y la imposibilidad de cumplir con sus habituales actividades.

No es lo mismo que le digas a las personas que le van a quitar la luz a las 8:00 de la noche a que te la quiten a cualquier hora. El no manejar un cronograma para el racionamiento eléctrico genera en la población incertidumbre permanente y eso conlleva a la ansiedad provocando enfermedades como hipertensión y trastornos de pánico”, sentenció.

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