#OPINIÓN Ventana abierta: El tapabocas y el lavado #18Mar

Eduardo Iván González González | Ilustración: Victoria Peña |

Para recordar:

“Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas a la ciudad”

(Apocalipsis 22:14)

“Se denomina máscara quirúrgica, barbijo (uso argentino), mascarilla, cubrebocas o tapaboca, a un tipo de máscara utilizada por cirujanos y personal médico en general, durante una cirugía ‘o un hospital’ para contener bacterias ‘y virus’ provenientes de la nariz y la boca o el ambiente (es.wikipedia.org). Aunque, no está declarado de uso obligatorio, no solo se está usando por el personal de salud, sino por todas las personas en el mundo, vulnerables o no, que quieren evitar o minimizar el contagio del Covid-19 (coronavirus).

En otro tiempo, pudiéramos haber estado reacios en usar el tapaboca, pero debido a la pandemia mundial, pensamos que las autoridades y nosotros nos preparamos tarde. No obstante, sentirse algo protegidos, nos da cierta “seguridad” al cargar dicha máscara. 

Eso sí, tristemente, por encima del derecho a la vida, aparecieron los usureros, especuladores, por no llamarles “ladrones”, aprovechándose del dolor ajeno al vender guantes, tapabocas e insumos por encima del precio normal de venta. Dicho sea de paso, la creatividad del venezolano salió a relucir y observamos diferentes modelos y formas, pero temible que algunos no cumplían con el requisito o el “estándar” de un tapabocas.

De acuerdo a Klasco, Ricardo (28/03/18), señaló que para 2013, “los investigadores contaron el número de partículas virales en el aire alrededor de los pacientes con influenza. Encontraron que los tapabocas disminuían hasta veinticinco veces la exhalación de gotas grandes de virus” (https://www.nytimes.com/).

Desde este prestigioso diario, EL IMPULSO, en el 24/10/2012, se nos publicó un artículo titulado: “Lavarse las manos” y hoy, no solo las manos, debemos lavarnos el cuerpo, la ropa y todo lo necesario para evitar las enfermedades de tipo infectocontagiosas.

Justo el 16/03/2020, el Primer Mandatario de Venezuela, N. Maduro, mencionó que debe haber un “Distanciamiento social”, como una vía para detener el virus, pero él solo mencionó que el virus nos llegó de Europa y Colombia. Dicho así, pudiera inducir a ver a los colombianos y europeos como únicos culpables; cuando nació en China y 50% que se debido a su mala forma de alimentarse; quienes generalmente comen animales salvajes, desde el sonado mercado de Wuhan, prototipo de otros en China.

Pero, ante los estragos de esta malévola pandemia, nos preguntamos: ¿Por qué el virus se originó en Wuhan? ¿Qué hacen ellos o en la China? ¿Qué estaba ocurriendo a nivel bélico en el mundo? ¿Cuántas manifestaciones sociales, y hasta los LGBT estaban protestando? ¿Qué estaba pasando en Venezuela a nivel político, social y religioso? Prácticamente, casi todos opuestos a la voluntad de Dios ¿Y de nosotros qué?

Vale decir: La cultura asiática (China, India y Japón, entre otros), se alimentan, del rubro cárnico, de forma antagónico a la directriz dada por Dios a través de la Biblia. Aunque el libro de Levíticos y otros libros fueron escritos, primariamente, para el pueblo de Israel, indicó cuáles son los animales que podemos comer o no. Lamentablemente, hay muchas las personas en el mundo que no creen esto y están lejos de Dios y su Libro.

Por ejemplo, en el libro del Génesis, desde Noé, se definen los animales limpios e inmundos (Génesis 7:2), en Levíticos 11, está la lista y en todo el libro, se observan las mejores normas de salubridad dada a la humanidad. Aunque allí no manda usar tapabocas, pero sí lavarnos físicamente y vale más la limpieza espiritual para tener acceso al cielo.

Por ello, el lavarse es muy importante y es un acto de limpieza o de higiene que viene de aquella cultura, pero es difícil recomendarlo en nuestro país, ya que lamentablemente existe un gran deterioro de los servicios públicos (agua, aseo urbano, energía eléctrica, servicios hospitalarios), algo que complica la situación.

Por todo lo anterior, aprovechando este frenazo que le metió al planeta el Covid-19, deberíamos sacar provechos para estudiar más la voluntad de Dios, porque como dice nuestro verso inicial: “Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas a la ciudad” (Apocalipsis 22:14).

Eduardo Iván González González

www.ventanabiertalmundo.com

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios