#OPINIÓN Por la puerta del Sol (64): Se apagó el lucero #28Mar

Texto y foto: Amanda Niño de Victoria |

Trina y Adelfa:

Nada es más placentero al final del camino que hallar un rinconcito en el cielo cuando el sufrimiento nos azota sin piedad.

(Ochero)

Poco a poco como velita al viento se fue apagando Lucerito. Como todos los perros fue inseparable hasta el final, de quienes dieron el mejor de los amores, el amor de madre.

Dejó de alegrar la casa con su presencia, hoy es el lucero que brillará por siempre sobre el cielo de Bello Monte.

Que difícil es ganar a la muerte una partida cuando decide llevarse a un ser querido o a nuestra mascota, sin que nada pueda detenerla. Ella llega, juega y termina ganando la partida sacando a humanos y animales de este mundo con un escalofriante ¡¡Jaque mate!!

También a Lucerito le llegó su hora final. Fresca era la mañana del 25 de Marzo, de pronto en el crucial momento el día se puso triste ante lo inevitable, pero había mucha esperanza en el corazón de que Lucerito superaría el difícil momento. Ardía en el fondo del alma la fe como crepitante leño. El día se iba diluyendo entre encajes de seda y color de rosa en botón. Una hoja corría tras la huella que dejaba la fila de unas hormigas…

A pasos agigantados la perrita perdía su batalla por la vida. El viento daba mordiscos a los racimos de su tiempo que como velitas se iban consumiendo, mientras en medio de su asfixia, ella continuaba unida a los recovecos de su propio ensueño. La sublimidad de los nidos dejaba escuchar el chillar de los polluelos y el canto de las aves, mientras que allá arriba en la copa de los chaguaramos mecía el viento con coquetería la hermosura de sus hojas.

La mañana iba pasando aprisa, antes de mediodía Lucerito dejó de respirar apagada en su propia llama, se quedó dormida ajena a la penumbra del olvido…

El alma se hizo trueno, fluyeron torrencialmente las lágrimas, la voz de la familia sonó como un grito apagado.

Se fue Ocherito. Adiós amiga fiel, compañera inseparable. Te fuiste apagando como una velita en los brazos de quién más te amó. Te fuiste apagando sin una queja, sin miedo, luchaste hasta que ya no hubo fuerzas para resistir. Te fuiste dejando el corazón entristecido y un vacío espantoso en tu camita y rincón preferido, dejaste nuestro canto de amor perplejo.

¡Sube Ocherito! Sube y no te detengas. Arriba te espera la libertad plena y la alegría verdadera, allá no hay enfermedades ni sufrimiento, vete a perseguir luceros en el anchuroso espacio, corre por las verdes praderas del cielo, ládrale a los perfectos crepúsculos eternamente ágil, libre y feliz allá en donde no son umbríos los cipreses y en la dulce calma del ambiente solo se escuchará tu batir de Alitas y el de esos ángeles como tú de cuatro patas que un día nos esperarán en los umbrales del cielo.

Amanda Niño de Victoria

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