lunes, septiembre 20, 2021
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#OPINIÓN Cuando la realidad imita la tele… #12Abr

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Hago uso de esta frase del escritor uruguayo Eduardo Galeano, para hablar de realidades. Hoy, los ciudadanos del mundo nos encontramos en algo muy parecido al arresto domiciliario, para salvarnos de una pandemia originada en China, ocasionada por la supuesta mordedura de un murciélago a un animal llamado “pangolín”, objeto del comercio en la localidad de Wuhan.

Parecen absurdos los motivos que han traído el colapso en la política y la economía mundial; haciéndonos parte de una macabra narrativa, con más de 58.000 fallecidos hasta la fecha.Somos pues los protagonistas de una historia distópica donde la voluntad de superación está en riña contra las circunstancias.

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De esta misma forma, hemos visto a los jefes de Estados maniobrar para resguardar a sus nacionales; haciendo uso de sus potestades ejecutivas con decretos de Estados de Excepción y otras medidas restrictivas,  que han puesto a prueba liderazgos de los gobernantes, la fortaleza de las instituciones de la estructura estatal y  la satisfacción del “bien común” también conocido como bienestar. 

La catastrófica pandemia, ha servido de indicador para evaluar la efectividad  delos gobiernos en la toma de decisiones en beneficio colectivo. Esto es un reto para la Democracia como modelo político en constante construcción.  Pues nunca ha resultado sencillo para quienes representan la cara del Estado hacer consensos, generar confianza y estabilidad para la ejecución de políticas públicas, menos en un contexto que se escapa a toda planificación.La incapacidad e ineptitud de los mandatarios también queda en evidencia.

Los derechos civiles y las garantías, hoy convertidas en urgencias, requieren pronta respuesta; así el funcionamiento del sistema de salud, la seguridad social y demás servicios básicos; la promoción de planes para la recuperación económica son responsabilidad directa de quienes detentan el poder, en quienes delegamos la responsabilidad de administrar de forma eficiente los recursos de la Nación. 

Pensaren todo lo anterior en Venezuela, con tragedias sociales apocalípticas, tal vez imitando a las series televisivas donde la población está compuesta de zombies, amerita un ejercicio de creatividad; o tal vez de un esfuerzo en exigir la existencia de un Estado democrático, que asuma el poder más allá de la planificación de proyectos hegemónicos propios del pragmatismo político, conducta que debe ser proscrita por el juicio de la ciudadanía involucrada en el control social del gobierno.

En atención a esto, la extraña realidad que nos ha tocado compartir a la humanidad, debería dejar enseñanzas más allá de la resiliencia y la tolerancia con nuestros pares mientras estamos en confinamiento; es decir, de cada casa, apartamento, barrio, o acera (si el domicilio en desgracia es este) la expectativa de tener gobiernos responsables en momentos de dificultad debe ser superior.

No es el fin. Para salvarnos del caos necesitaremos más que aplicar la tesis del “sálvese quien pueda”;nos tocará ayudarnos todos.  Así como las democracias del mundo se han solidarizado para empujar la liberación de Venezuela de la pandemia socialista del siglo XXI que pareciera eterna. En medio de la cuarentena, estos gestos gozan de total gratitud.

Por ahora, estamos. Y espero podamos Ser con todo lo que implican estos verbos; no somos espectadores. Somos actores.

Macarena González Machado

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