#OPINIÓN Visión de frente: Amargo Cáliz #27Ago

Jorge Rosell y Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

La Conferencia Episcopal Venezolana, comprometida de manera piadosa y raigal con el destino del pueblo que le toca pastorear, emitió un comunicado que ha generado encendidas polémicas  y  obliga a la dirigencia democrática a una respuesta clara y oportuna debido a que la iglesia católica en Venezuela ha representado una trinchera irreductible en la defensa de la libertad y dignidad de nuestra República a través de su historia como nación independiente, rol que no puede ser desconocido a pesar que se pueda resentir de  su ultimo exhorto que muchos han considerado anfibológico

Alertan los señores obispos sobre el peligro que significa en estos momentos cruciales para el país no tener una alternativa fuerte y eficiente que complemente la decisión de la unidad democrática, nucleada en torno a la Asamblea Nacional, de no participar en el simulacro electoral que el régimen usurpador dispuso realizar el próximo seis de diciembre. Para alivio y abono de la Conferencia Episcopal es justo decir que está alerta, montada sobre una plataforma de angustia y urgencia, lo hemos dicho con insistencia desde el componente de la Sociedad Civil del Frente Amplio Venezuela Libre, obteniendo de diputados y dirigencia política una gran comprensión pero dejando en suspenso la estrategia y el plan operativo que compense la decisión de no hacer lo que por oficio y principios mejor saben hacer los partidos políticos, participar en elecciones.

Porque es imprescindible dejar claro que la vocación de los partidos políticos es concurrir a elecciones, mas allá de los principios ideológicos que sustenten y de sus propuestas económicas. Las organizaciones partidistas funcionan y se articulan bajo esenciales estrategias electorales y su militancia y dirigencia se califica y jerarquiza según su eficiencia en el cumplimiento de estas tareas, simplemente porque es mediante las elecciones como los partidos acceden a los cargos de control desde los cuales pueden cumplir sus propósitos existenciales. Así que no está en la genética constitutiva de estas organizaciones el abstenerse en comicios electorales, todo lo contrario, nacieron y crecieron para ir a lecciones.

Ahora cabe la pregunta: ¿Son elecciones las que bajo este nombre fueron convocadas por el régimen de Maduro este 6 de diciembre? La respuesta a esta pregunta la ha dado con singular sabiduría didáctica el doctor  Moisés Troconis,quien demuestra de manera indubitable y pedagógica que ya Maduro eligió, que al controlar todas los actores que concurre, al fijar reglas bajo su absoluta discrecionalidad, al tener manejo directo e inauditable del hardware  y el software del proceso, al ser el único operador de las màquinas de votación, al ejercer absoluto control del registro y tener bajo sus órdenes directa a funcionarios del Consejo Nacional Electoral y a los militares responsables del Plan Republica, este 6 de diciembre no habrá elecciones sino un simple simulacro cuyos resultados ya fueron anunciados, meses antes, por el Ministro de la Defensa Vladimir Padrino López.

Entonces toca preguntarles a nuestros muy respetados y queridos obispos firmantes del Comunicado: ¿Es moral participar en esta farsa cuya única razón de ser es intentar validar la usurpación cometida por Nicolás Maduro en las elecciones ilegales del 2018, las cuales tampoco fueron tales porque estuvieron viciadas de inconstitucionalidad?

 Como se ha dicho que en momentos de crisis catastrófica como la que hoy sufrimos en Venezuela la legalidad debe dejar paso a la política y que ella tiene más de Maquiavelo que de San Pablo, hagámonos la preguntas que ustedes sugieren.

 ¿Si vamos a al simulacro convocado por Maduro que ganamos?

Por todo lo explicado por el doctor Moisés Troconis es obvio que la oposición perdería. Quedarían en sus manos algunas diputaciones, repartidas al antojo oficialista entre los partidos que expropiaron y unos muy pocos curules para los demócratas auténticos, Se podría alegar que al menos se tendrían unos voceros con los cuales expresar y denunciar el caos nacional y de alguna manera tener el reconocimiento formal de la dictadura para efecto de mantener un espacio de entendimiento pacifico. En pocas palabras tendríamos una ventanita para relacionarnos con el régimen.

Entonces, ir a este simulacro representaría renunciar a las banderas de cambio de modelo político y económico que hemos levantado por 20 años, tutelados y alentados por ustedes mismos, para aceptar que nuestro destino inexorable es el de Cuba y de Corea del Norte.

Ir al simulacro de diciembre es también aceptar que nada podemos hacer por aliviar el drama humanitario que vive la población venezolana, que el hambre, la enfermedad, la muerte, la carencia de todos los servicios públicos no se pueden superar y que nuestra misión seria instruir a la gente en la manera de vivir en el infierno creado en Venezuela por 20 años de comunismo.

 ¿Sino validamos el simulacro de diciembre que pasa?

Perderemos la plataforma actual, aceptada pero no reconocida por el régimen, lo cual le permite a la oposición democrática declarar y movilizarse con cierta soltura dentro del territorio nacional. Será una perdida muy dura que obligará a muchos al exilio o la clandestinidad.Pero se mantendrá el apoyo internacional a una propuesta política que reclama libertad y elecciones presidenciales libres y confiables. No sabemos la manera como los países democráticos del planeta manifestarán su apoyo a los actores políticos que hoy gravitan en torno a la Asamblea Nacional, pero indudablemente que sobre esa materia habrá una solución. Sin embargo, lo importante es que el régimen no ganará nada en este simulacro, su situación ante el pueblo venezolano y la comunidad internacional será cada día que pase más menguada y solitaria.

Lo más importante señores obispos es que no convalidar ese simulacro es mantenerse en la verdad de las convicciones. Esa verdad que se cantó en las catacumbas romanas y se santificó ante los leones del coliseo. Esa dolorosa verdad de asumir la misión de vida como una tragedia que sabemos inevitable, como inevitable es que su consecuencia sea la liberación y el triunfo de la causa que defendemos. Diciembre será duro. Enero será duro. Lo sabemos. Quisiéramos que fuera de otra manera, pero los soldados tienen rodeado Getsemaní. Señor aparta de nosotros ese cáliz pero si esa es tu voluntad que así se cumpla. Señores obispos, aunque hoy no estén con nosotros, oren por nosotros porque vamos a una confrontación de la verdad y la fe contra los fusiles y los calabozos. Dios con nosotros.

Jorge Rosell y Jorge Euclides Ramírez

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