#OPINIÓN Sueño de ciclista unípedo #20Sep

Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

El sueño comienza en un estudio de televisión donde los anfitriones son Susana Griso y Alfredo Álvarez y el público está conformado por periodistas y activistas de ONG orientadas a la defensa de los Derechos Humanos. Trato de tomarme un café mientras las cámaras están apagadas y en ese momento las encienden y desde el fondo del salón gritan que todo el mundo se tire al suelo que estamos rodeados por una banda de hombres lobo, prontos a entrar al estudio y por ello quieren transmitir en vivo.

Pero los hombres lobo son enanitos vestidos de payaso que solamente al ver las luces retroceden velozmente con gestos amenazantes y huyen entre un nutrido aplauso de un grupo numeroso de sus escoltas de traje negro con los labios pintados de carmín. Toman la palabra Yuyita de Chiosonne y Nelson Freites para hacer un diagnostico de enfermos, presos y varios matrimonios celebrados en las colas de gasolina donde murieron varias personas por consumir cocuy adulterado.

Susana Griso pregunta que donde está el ponente que responderá las preguntas del público y le dicen que viene de Caracas en vuelo privado y que debe buscarse en el aeropuerto. Macario Gonzales se ofrece para ello y pide que alguien lo acompañe porque su carro no tiene frenos y necesita un copiloto que vaya gritando a peatones y otros automovilistas que se aparten de su camino, Helí Saúl dice que él mismo es y le quita prestado a Juan José Peralta un megáfono que cargaba.

Reportan varias protestas con tranca en las vías hacia el aeropuerto y Macario dice que conoce un camino alterno por la montaña y enfila su vehículo por una carretera de tierra. Al tiempo de haber salido se aparece Heli Saúl de vuelta para informar que se detuvieron en una casita al lado de un puente y allí unas personas le piden a Macario los lleve cerro arriba para buscar unos niños perdidos, se fue entre brumas y llovizna hasta que se confundió en la trama de verde y desapareció. Heli Saúl se quedó a la orilla de una quebrada hasta que pasó Gisela Carmona en una moto y le dio la cola de regreso como parrillero.
Ante la ausencia del ilustre invitado Jorge Rosell, quien apareció de pronto rodeado de un grupo de damas vestidas con traje sastre, dictó una charla sobre la necesidad de dotar a todas las cárceles con salas de enfermería con personal médico a tiempo completo. Pero los periodistas insistieron en saber cómo se iba a derribar una pared detrás de la cual estaba Trump dando una conferencia de prensa.

Pero de repente se escucha una voz potente, multiplicada por altavoces exigiendo que todos nos salgamos porque el sitio donde estábamos seria anegado por el desbordamiento de una laguna cercana, El estudio de TV estaba como en una hondonada y comenzamos a subir, pero a cada paso la calle se elevaba y de los lados salían personas llorando y gimiendo, mujeres famélicas con hijos puro hueso, hombres con ojos brotados con cuchillos y palos en sus manos exclamando a gritos que deseaban venganza. La calle se hacía empinada como si se tratara de un puente levadizo y nosotros sentíamos que llegar a la puerta de salida era un imposible.

De súbito sentimos una música como de marcha triunfal que detrás de nosotros se hacía cada vez más fuerte y contagiaba animo al mismo tiempo que aplanaba la cuesta para que pudiéramos caminar más rápido. Volteamos y vimos un hombre joven montado en una bicicleta, tenía una sola pierna pero movía con ella los pedales sin perder el equilibrio, Con una mano sostenía el manubrio y con la otra un clarinete con el cual tocaba de manera entusiasta su marcha triunfal, echado hacia adelante para apoyar el instrumento musical sobre el manubrio.

Sigámoslo, vamos con él, venzamos la fatiga con su alegría, nos dijo Marco Tulio, quién vestido con un traje de dril blanco y sombrero Panamá se puso a la vanguardia del grupo y todos nos pusimos a correr y aplaudir tras el ciclista unípedo. La puerta se fue agrandando y en ella había frutas y flores, corrimos y corrimos llenos de esperanza…desperté con la sensación que estábamos por cruzarla.

Jorge Euclides Ramírez

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