#OPINIÓN Ventana abierta: Día de la paz #23Sep

Eduardo Iván González González | Ilustración: Victoria Peña |

Para recordar:

“Que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.”

(1ª Tesalonicenses 5:3).

El 21 de septiembre se ha tomado como día Internacional de la paz, según las Organización de las Naciones Unidas (www.un.org) y se solicita: “24 horas de no violencia”. ¿No será mejor todo el año o todos los años que vienen? Ahora bien, por “Paz”, entendemos como un “tratado o convenio que se concuerda entre las partes beligerantes para poner fin a una guerra”. (Diccionario Océano, p. 1223)

Es bien altruista hablar de paz, hasta para los que sirven de mediadores. Y se habla de paz, porque debe haber alguien en guerra, en conflicto. ¡Qué difícil es que dos personas hagan las pases cuando entran en conflicto! Especialmente si hubo buenas relaciones por años. Similarmente pasa cuando dos países caen en líos y no es tan fácil alcanzar acuerdos de paz.

Hay varias locuciones relacionadas con la paz como: “A la paz de Dios, que es como un saludo o despedida”; “Dejar en paz a uno, no inquietarle o molestarle”; “Descansar en paz, Morir y salvarse; conseguir la bienaventuranza.”. (Ídem).

Nos llama la atención está última, que dice “Descansar en paz”. Porque allí dice que es el acto de “Morir y salvarse…”. Esta es una posición muy humana y nada bíblico. Y hemos reiterado que después de morir, no subimos al cielo y bajamos a la tierra como si nada ¿Quién ha visto eso?No es el inicio de la vida eterna o salvación. Después de morir, pasamos a un descanso y ese sería el buen sentido de “descanse en paz”.(Eclesiastés 9:5,6), hasta que Cristo vuelva por Segunda vez. (Ver Hebreos 9:27).

Es más, ya han pasado dos semanas después de  nuestro Reto III (09/09/2020), y estimamos que nadie a ha encontrado a una sola persona que esté en el cielo, desde el Génesis hasta el Apocalipsis (Adán, Eva, Abraham, hasta Juan el profeta) a excepción de Enoc, Elías y Moisés (Por ello seguimos escribiendo). Otra pregunta: ¿Acaso los seres humanos comenzaron a irse al cielo, después que Cristo ascendió a la diestra de Dios, su Padre? No podemos creer o repetir lo que no está escrito en la Biblia.

La paz Jesús, el Hijo de Dios ofrece es muy distinta y dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Juan 14:27). La Paz que da Cristo no la da ningún humano u organización.

En esa ocasión, les estaba asegurando a sus discípulos (a nosotros) que no nos dejaría huérfanos, que el Espíritu Santo sería nuestro ayudador, y Cristo iría al Padre, por ello no lo podían ver más. Pero, Él dijo que para verlo de nuevo había que guardar sus “mandamientos”. Es por ello que tratar de alcanzar la paz, o el cielo, sin la ayuda de Dios no es nada fácil; sean dos personas, dos o más países.

Mientras las naciones, las sociedades, los partidos políticos, están en un solo conflicto, esas son señales de la Segunda venida de Cristo. En ese sentido, el apóstol Pablo, señaló en Tesalonicenses 5, que “el… Señor vendrá como ladrón en la noche”; y cuando digan: “Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina”.

Todavía no entendemos por qué algunos no quieren ver que Cristo viene pronto, ya que antes del coronavirus el mundo se estaba cayendo a pedazos; hasta los ladrones, criminales, homosexuales, obreros, estudiantes, ciudadanos estaban haciendo huelgas, había guerras o grandes conflictos entre algunas naciones. Y gracias al Covid-19, hubo una parada. Entonces, cuando se hable de paz ¿Qué sucederá?

En ese capítulo 5, el apóstol  nos dice: “(9) Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por ello, queremos que todos nos salvemos y alcancemos la patria celestial. Lo que deseamos es las barreras sean eliminadas, creamos en la misma Biblia y haya paz entre todos.

Y seguro que nos queremos encontrar, en un futuro, después de la resurrección con nuestros seres queridos que hayan bajado a la tumba. Para ello, nos toca buscar la verdad sobre el asunto de la muerte y la vida eterna, ya que la vida es el premio que Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo nos entregarán en el encuentro de la gran Redención.

Eduardo Iván González González

www.ventanabiertalmundo.com

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