#OPINIÓN Gaveta azul: sonidos #23Nov

Pedro J. Lozada | Ilustración: Victoria Peña |

El sonido dada su condición creadora es el testimonio arquetipo de cuanto existe, tal cual lo demuestran las tres cimas gloriosas de su ejecución: El universo, la vida y el hombre. El sonido inicial o música de las esferas (Kepler, místicos y poetas) es el tercer atributo  del universo. La definición lo afirma así:

“El universo es piramidal en su estructura; serpentino  en su acción operativa; sonoro en su manifestación constante; y eterno, por construcción”.

Cada atributo tiene una justificación y el orden en que están dados una razón de ser. Obsérvese que son cuatro (4). La Ley del cuatro llamada también “Ley del Cuaternario” es muy especial. El sonido, como tercer atributo es el testimonio existencial del universo. Una expresión mediante la que dice y repite “estoy vivo y activo”. El sonido data del comienzo de los tiempos; y si no podemos decir que construye el Universo, le acompaña desde su nacimiento, atestigua constante su activa presencia y garantiza  su eternidad.  En cuanto a la vida, la sonoridad está reflejada por la vibración en lo inorgánico y por la respiración de la vida orgánica existente.

El sonido nos acompaña de manera incesante. Al ser primitivo le deleitó el suave susurro de la brisa. Le motivó, el rompiente batir del oleaje. Le despertó inquietudes ocultas el crepitar del fuego nocturno en la caverna. Le aterró  hasta el horror, la descarga tronante del relámpago. Finalmente  coronó la majestad de su compañía, al convertirnos en  humanos.

El hermoso e invalorable don de la palabra, el lenguaje articulado, es lo que genera el salto dimensional que convierte al homínido en humano. Y otorgada  la palabra, deviene con ella su terrible poder de  creación, a veces magistralmente usado y otras, por desgracia,  con malvados y retorcidos motivos cuyos resultados pueden alcanzar grados de tragedia.

Cómo  dar idea del poder de la palabra?…

La forma clásica es mostrar las dos cumbres  de sus logros.

 a)- La palabra “construye” al hombre, y después, “construye” su mundo.

El poder de la palabra se manifiesta en el acabado  de la primera etapa del proyecto “hombre”. Es la pieza maestra del último salto evolutivo en la vida orgánica de esta etapa. Los pasos anteriores son cuantitativos, suman,  crean una progresión casi toda mecánica. El logro de la palabra es un salto  dimensional, “cualitativo”. El ser que obtiene  el milagro de un lenguaje articulado se convierte en algo diferente.

La aparición de Lucy, fósil cuyo hallazgo realizó el Antropólogo Donald Johanson (Museo de Cleveland) 30/11/1974 en Hadar, Etiopía,  cambió por completo la historia de la evolución. Lucy y sus congéneres mostraban un bipedismo  superior al nuestro por su rendimiento mecánico de bajo compromiso. Además, echa por tierra que el bipedismo ocurría en los pasos finales de la evolución, quizás el último millón de años o menos; pero data de 3.600.000 años el  caminar en dos  pies, indicando una gran anterioridad en liberar las extremidades superiores del proceso de locomoción. Otros descubrimientos fósiles de casi medio millón de años más antiguos, mostraron la misma calidad del bipedismo mostrado por Lucy.

En el proceso evolutivo la naturaleza es generosa, multiplica vías y caminos de adaptación, ensaya tipos, detalles anatómicos acordes a los factores por afrontar, pero al descartar lo innecesario a la supervivencia es radical; trabaja según el criterio “automático” de  posibilidades  múltiples para el proyecto” y máxima economía de recursos para el “acabado final”.  Lucy no es un antropoide, tampoco es un ser humano, pero la  naturaleza  intenta conducir  su especie a estadios superiores. Por lo pronto su cerebro de unos 350 cc, o ligeramente mayor, es suficiente para el control y dominio de su elementalidad vivencial, casi toda constreñida a la sobrevivencia, atada a los cuatro impulsos básicos del animal: Comer, reproducirse, combatir, huir.

El pequeño cerebro hace suficiente una pelvis reducida con gruesas paredes óseas más fuertes;  un fémur  de  mango  articular largo y acetábulo grueso y compacto. Una caja pélvica  de alta solidez y compromiso mecánico de locomoción muy bajo. Lucy no se cansa  al caminar. Su cómodo bipedismo está mejor articulado que el nuestro. Para albergar posteriormente un cerebro más grande, a medida que evolucionaba a estadios superiores, se adelgazaron las paredes pélvicas,  se acortó el manguito articular del fémur, se estructuró una pelvis de mayor volumen sacrificando la fortaleza del conjunto  y el buen rendimiento mecánico anterior a la adaptación.  

En la medida que la elementalidad vivencial de los inicios adquirió necesidades  –cazar en conjunto fue indispensable– aparecen  nuevos factores  de convivencia. Hay que relacionarse con “otros”, surgen zonas de conflicto y deben entrar en juego las primeras formas  organizativas de equipo, es imperioso jefaturar. Entra al ruedo de la actividad humana la categoría  jerárquica. Aparece el Jefe y la vida crece multiplicándose en tareas. Los nuevos retos deben  ser enfrentados y esa lucha  de rutinas  más complejas, obliga al uso extremo de las herramientas disponibles: Las manos y el cerebro. Las primeras  ganan pasito a pasito destrezas y pequeñas habilidades. Por su parte, el cerebro se enriquece…Los enlaces neuronales se multiplican y el volumen de masa gris  crece molécula a molécula, gramo a gramo.

Desde los albores de la antropología como ciencia se debatió  acerca de la cualidad por excelencia de la hominización.  El cerebro y el bipedismo ocuparon durante mucho tiempo las primeras prioridades. El hombre es tal porque se hace bípedo… El hombre es tal porque razona, dado que tiene un cerebro mayor… El cerebro se desarrolló porque el bipedismo permitió mejor  rango continuo de circulación periférica a la cabeza, etc, etc.

Además de los muchos desacuerdos entre los científicos acerca de qué hace al hombre diferente de los animales, tampoco se ha  precisado cuándo y cómo el pre-homínido deja de ser un mono diferente y pasa a ser humano. El bipedismo es parte de la  transición prehomínida inicial.  Se trata de la conquista del espacio con la mayor economía de recursos orgánicos. El proceso continúa con la utilización progresiva y especializada de la mano, para conquistar la forma.  La línea evolutiva prosigue aportando la capacidad del pensamiento por analogías, evento gestado a la par que las nuevas herramientas, las manos, ganan habilidad en la concentración necesaria para el trabajo, un proceso enriquecedor de los enlaces neuronales hasta el gran descubrimiento interno: El “YO” definitivo y un grito primario de testimonio por la adquisición de la individuación autoconsciente. La aparición del lenguaje es el verdadero nacimiento de Adán. Adán símbolo.

Creado el “hombre” con el aporte de la palabra, este ser frágil, más débil que cualquiera de los animales que le rodean, menos veloz, sin la agilidad de los ancestros de los que  evolucionó, con la mayoría de los órganos que se manifiestan en dispositivos físicos  de su existir de menor alcance, goza de un arma especial. Su cerebro puede estructurar ideas, herramientas de abstracción creadoras de  relaciones y necesidades inmediatas bajo su dominio por el uso del lenguaje. Nombra  las cosas y objetos que le rodean, narra y describe.  Tamaño, forma, volumen, peso, texturas,. Forja lo que  nombra y comprende, y así crea un mundo, el suyo, del tamaño de su lenguaje…

Enfocados en la amplitud semiótica de la palabra intentemos  por el análisis aproximarnos a su origen, sus dimensiones  trascendentes  y en síntesis, a su poder. Al procurar comprender algo sobre lo que tenemos dudas, o desconocemos, lo primero es  preguntar. No está mal informarse de lo que otros conocen del asunto, pero es mejor “preguntarse” y encontrar la respuesta según el consejo de los grandes maestros: “Toda pregunta formulada correctamente, y definida en forma precisa, trae su propia respuesta”. Esta última premisa  era la clave usada por Sócrates, no te mostraba su verdad, te enseñaba  como podías encontrar una certeza propia. . 

Otra premisa importante es  comprender que la palabra es un transductor del pensamiento. Toma la idea, y transforma ese bloque abstracto en praxis realizable mediante la concreción de la palabra, lo hablado…pero el salto de lo abstracto e intangible del pensamiento a la concreción práctica del lenguaje, nunca es incólume, deja trozos rasgados en el limbo de lo perdido, esfumados en grietas semánticas que los códigos significantes no reproducen debido a dos categorías de limitaciones. Estructural la primera y  carencial la segunda.

Expliquemos porqué y dónde aparece el límite estructural. El pensamiento y la idea que  emerge del pensar conforman una categoría de elementos agrupados en dimensión global, totalizante (neta abstracción) distinta al concepto,  “realidad refleja” formulada en la palabra. 

El problema del pintor intentando mostrar la realidad observada (tridimensional y fluente en el tiempo) sirve para explicar el caso de traducir la idea y el pensamiento abstracto, a  palabras y lenguajes. El pintor debe representar lo real (tres dimensiones y tiempo) en un lienzo plano, problema similar al de pasar una idea a lenguaje. De qué se vale el pintor para aproximar su representación estática y plana a la realidad polidimensional y dinámica. Usa trucos técnicos, recursos de estructura y colorido de matices múltiples; Composición, perspectivas, claro-oscuro, texturas, degradé, etc. Los lenguajes se valen también de recursos para reflejar la totalidad integrada del pensamiento. Las abstracciones se  manifiestan a la comprensión sensible por revelación. El lenguaje se entiende por el ensamble  ordenado (sintáctico) de conceptos. En el lenguaje escrito, usamos los signos de puntuación, la metáfora, neologismos, alusiones, comparaciones, el adjetivo, jugamos con los tiempos verbales, etc; y así intentamos reducir “la distancia” entre la totalidad que revela la idea pensada (realidad verdadera) y la concreción práctica de los conceptos  expresados por el lenguaje, (realidad reflejada).

La oralidad dispone su propio arsenal, tan rico como vasto y amplio sea el cúmulo informativo y la densidad polisémica del hablante. Tiene el arma de lo gestual, la intensidad  dinámica del tono (alto, medio, bajo, profundo); los diversos volúmenes que preste a la emisión de su voz, modos de dicción, formas y estilos de modulación, etc. Toda esta argumentación revela la carencia estructural del lenguaje, agregando que la armazón para contrarrestar la falla estructural del lenguaje frente a la globalidad revelada por la idea, será más o menos efectiva  según la riqueza, amplitud y cantidad o masa de lenguaje que domines. Un orden de ideas conductor al sub-tema de la palabra como arquitecto  diseñador  e ingeniero constructor del mundo que conocemos. 

Repetiremos la explicación desde otra perspectiva, con sus  detalles más  significativos.

El mundo es una sintaxis particular que inician los padres al narrarnos el cuerpo  en la etapa de bebé. Mamá señala partes de la cara del bebé y dice quedamente, solo dirigido al virgen oído del  pequeñuelo:

—Boca…boca,  y repite con dulce tono, prolongando el sonido: boooca.

Después toma la mano del niño y la lleva a señalar con sus deditos el órgano o parte del cuerpo nombrada. Pronto se suman otros familiares a la tarea. Los abuelos, la hermanita mayor, los tíos; y después de narrarte el cuerpo toca el turno a objetos y partes de la habitación. Los narradores se multiplican Se agrega la televisión, los vecinos, y hasta un visitante  ocasional. Sucede que no es necesario señalar el objeto y nombrárselo  al bebé, sus vírgenes  circuitos neuronales infieren que todo tiene  nombre y al correr los días, las semanas se convierten en meses y a la narración del mundo contribuye el entorno social con el salto cualitativo de la escolaridad  tomando la batuta del cuento.

De pronto son más los  cuentistas, narradores indeseados impuestos por circunstancias y situaciones fuera de control. Se masifican las voces: Familia, entorno social, escuela, TV, Disney, Animal Planet; el computador con YouTube y un dedo índice incansable. La voz de un mundo  cada vez más diminuto llega a tu casa a través del huésped obligado. Las muchas gargantas aumentan las fuentes de acceso al conocimiento. No obstante el conocer, saber o informarse, se autolimita; lo  restringe o enriquece un único factor, la amplitud, volumen y alcance del lenguaje conocido, el que se domina y emplea a diario.

Solo accedes a lo nombrado, de no hacerlo es imposible comprenderlo. No te despierta sensaciones, ni sentimientos, deseo o pasión alguna. “Nominar” te da posesión respecto a lo citado; accedes al caso o al evento sucedido y lo haces tuyo al experimentar la vivencia de sentir rabia, odio, alegría, necesidad, pasión; o negarlo siendo indiferente, pasivo, dejarlo al archivo de lo vi, no me gustó y lo olvidé…pero existió, sigue vivo en algún rincón de la memoria y cuando quiera  lo rescato y hago presente en mi recuerdo.  

Innecesario decir más. El tamaño del mundo es  igual al del lenguaje usado y  conocido. Abundando algo más encontramos la palabra como base estructural de cuanto ha sido creado, destrozado y vuelto a reconstruir para despedazarlo de nuevo y rehacer  creaciones distintas que  permitieron avanzar bajo la guía y conducción de otras palabras. Fueron las voces del líder espiritual, el poeta, el ideólogo, el científico y hasta las de gargantas  anónimas alguna vez, las que formularon, planificaron e impulsaron la realización del mundo que  tenemos y estamos a punto –de destruir en forma total y definitiva, pese  a las voces que intentan salvarlo…Podrá lograrse?

Para concluir, el breve resumen de un corto  ciclo de conferencias discutido en clases dictadas en la Escuela Superior de la Marina Mercante, y una última reflexión.

El poder creativo de la palabra  al forjar el hombre y construir al  mundo en el que se manifiesta y expresa el ser viviente, es la primera  de  sus tres dimensiones trascendentes.

La segunda dimensión trascendente es existencial; la palabra hace intemporal al ser y su presencia: Fija el pasado. Crea el presente. Proyecta el futuro.

Nos entrega una tercera dimensión de trascendencia su poder vinculante de integración. Entre las partes y el todo. Entre lo humano y lo divino. De lo oculto a lo revelado.

La máxima expresión del ser humano, es su palabra. Una célebre frase dice: “El hombre es él y su circunstancia” pero ésta no es simple; un complejo grupo de factores conforma la sintaxis particular de esa multiplicidad paradójica y circunstancial del ser humano. El ser viviente no es una isla y como parte de un todo integrado se infiere que por existir en esa gran envoltura, nos  condicionará su entorno;  rico y variopinto cocktail conformado por la educación no formal e inconexa, la instrucción e información recibida  de la escolaridad organizada, la lograda por “libre iniciativa y decisión voluntaria” (ambas, ya sutilmente pre-condicionadas); Los ambientes donde se vive, hábitat natural de ríos, montaña, costa, selva, o llanuras; el entorno socio-cultural unido al sedimento de la historia colectiva (familiar, comunal, religiosa) y talvez otros ligeros matices, sazón al fin: hábitos adquiridos, amistades ocasionales  de profundo calado vivencial, que si escapan a un análisis eventual, siempre dejan su impronta. Sobre tan heterogénea mezcla se añade el trabajo de cuatro fuentes nutricias, a saber:

Lo que se ingiere (alimentos sólidos, líquidos y gaseosos, para el cuerpo físico).

Las emociones vividas (alimento del cuerpo etérico y mental inferior/deseos y caprichos)

Los sentimientos que nos motivan (Alimentos para el alma y la forja del espíritu)

Las formas de pensamiento (Alimentos que nutren y sostienen la mente)

De esa inmensa amalgama resulta en esencia, presencia y razón de ser la persona que se expresa y manifiesta con su  lenguaje. La palabra  delinea mejor que un dibujo,  nos retrata más nítidos que una fotografía y  revela detalles tan profundos como la mejor  tomografía computarizada.

Pedro J. Lozada

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