#OPINIÓN Cristo Rey #25Nov

Joel Rodríguez Ramos | Ilustración: Victoria Peña |

No siempre es fácil hablar o escribir sobre el tema religioso. Cada quien es libre de tener sus convicciones y deben ser respetadas. Creo y defiendo la libertad religiosa. Las guerras por diferencias religiosas han sido siempre violentas en extremo y las diferencias entre creencias, con  poca gasolina (si la hubiera en Venezuela) conducirían a un incendio devastador. Por muchos años Irlanda, entre otros, fue una demostración de lo que es un enfrentamiento religioso. Católicos y protestantes, inexplicablemente, defendieron sus puntos de vista en una guerra interminable. Hoy el islamismo fundamentalista es un peligro para la humanidad. Se creen dotados del derecho a disponer de la vida (¡¡¡Divina Pastora¡¡¡) de los que no crean sus  planteamientos y sus dogmas. El mundo está urgido de evitar ese tipo de enfrentamientos y abonar para la paz. En estos días, concretamente el domingo pasado, la Iglesia Católica, en la cual creo fervientemente y cuya doctrina practico, celebró el día de Cristo Rey. También conocida como Cristo Rey del Universo, aunque según nos relatan los Sagrados Evangelios, Cristo al declararse Rey ante Pilatos, le aclara que su reinado  no es de este mundo. Su reinado es de otro mundo, de un mundo trascendente de lo terrenal, existente más allá de lo que es el reinado de cualquiera de los reyes o gobernantes actuales.  No hablo de los pasados porque ya ellos se habrán dado cuenta que los reinados que ejercieron fueron temporales y efímeros. De muchos de ellos nadie se acuerda.

La solemnidad de Cristo Rey del domingo pasado, puesta al final del año litúrgico, aparece como la síntesis de los misterios de Cristo conmemorados durante el año, y como vértice desde donde brilla con mayor luminosidad su figura de Salvador y Señor de todas las cosas. En esos misterios de la vida de Cristo, destaca el amor, centro del Cristianismo,  condición indispensable para ser admitidos al reino de Cristo que es un reino de amor, de perdón, de paz  y de verdad. Bien diferente es entonces, la prédica del Cristianismo a la prédica de las religiones violentas y guerreristas y no hablemos de las ideologías como el marxismo, nazismo, fascismo, etc., que tantas vidas han cobrado a la humanidad. Cristo es el gran defensor de la vida desde la concepción hasta la muerte natural de las personas por estar creadas a su imagen y semejanza, de donde deriva la eminente dignidad de la persona humana, principio fundamental de todo el pensamiento cristiano.

Y el perdón es la esencia de la vivencia cristiana. Los diálogos interreligiosos que se han dado desde el Concilio Vaticano II, entre religiones cristianas y no cristianas, no han tenido el resultado deseado, porque las religiones no cristianas no entienden que pueda existir un Dios que perdona, un Dios que muera en una cruz y le pida a su Padre que los “perdone porque no saben lo que hacen.” Cristo es Rey, precisamente porque, como he dicho, ama, perdona y redime. Si Cristo no nos hubiera redimido habríamos perdido el tiempo y lo perdemos si despreciamos su perdón, su amor y su redención. También recordó la Iglesia el domingo pasado, a los mártires claretianos asesinados en la guerra civil española por las fuerzas comunistas. Estos mártires murieron diciendo Viva Cristo Rey. Ya están beatificados unos y canonizados otros. En este mundo de hoy, donde vemos tanta maldad, crueldad diría yo, donde pareciera que nos hubiéramos olvidado de Dios, gritemos como esos mártires españoles y sin miedo, como decía San Juan Pablo II: Viva Cristo Rey.

Joel Rodríguez Ramos

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