#OPINIÓN Ramón quiere tirar la toalla #14Feb

Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

Ramón Franeto Ramos Pitarroyo abrió su cartera y vio en los billetes lo absurdo del país. Papeles de diferente denominación y todos inservibles, Uno de ellos lo guardaba como ejemplo de estulticia, un marrón de cien bolívares de hace varios años, el cual causó centenares de muertos en el Estado Bolívar cuando el régimen anunció que quedarían fuera de circulación.

Ramón repasa en su mente diferentes etapas de la reciente historia venezolana y piensa que un buen escritor puede hacer excelentes novelas sobre nuestra tragedia nacional, aliñada con rasgos de humor y picardía.

Ríe y llora por dentro al cotejar realidades en diferentes tiempo. Cuando en Perú y Ecuador se habilitaron casas de familia para recibir con los brazos abiertos a los raspa cupos, quienes eran halagados y solicitados por comerciantes para beneficiarse de sus tarjetas de crédito buchonas de dólares. Hoy esperan a los venezolanos con tanques y fusiles para impedirles entrar a estos países.

Son muchos los recuerdos y la mayoría frustrantes. Formado según esquemas éticos cristianos y apegado a la legalidad occidental ve con indignación como han quedado impunes cantidad de crímenes, muchos ante los ojos de todo el mundo, como el ajusticiamiento de Oscar Pérez cuando ya se había entregado, el del capitán Arévalo que murió de torturas ante los ojos de un juez, también Fernando Alban lanzado por una ventana. Son apenas ejemplos, junto a los testimonios de quienes han estado en la Tumba en el Helicoide, en Ramo Verde y otras cárceles donde existen centenares de presos políticos. Todavía sangra en la memoria la herida de los jóvenes a quienes se les disparó en la cabeza en las manifestaciones. Es mucho el dolor que siente Ramón Franeto pero continua en la lucha porque confía en que todo este drama es una prueba que le puso Dios al país y es necesario cumplirla con humildad y espíritu solidario.

Su posición moral es la de no transigir en nada con el régimen comunista, de enfrentarlo en todos los escenarios, de no concederle ninguna credibilidad a los diálogos y negociaciones, sino de abatirlo mediante el ejercicio de la fuerza ciudadana. Por ello estuvo firme hasta el final en los movimientos de calle del año 2017, por eso salió emocionado en Enero del 2019 a defender al joven parlamentario que se proclamó Presidente en nombre de la Constitución. Pero Ramón ve los billetes y observa lo absurdo de nuestra economía y lo absurdo de la política venezolana. Igual que los billetes no sirven para nada, de la misma forma todo el esfuerzo opositor pareciera haber quedado en nada, Los billetes no tienen respaldo en la economía real y los actos de oposición tampoco parece que tienen un respaldo real, ni de los militares ni del conjunto de países aliados que apoyan la Democracia, pero solamente con medidas diplomáticas y sanciones económicas.

Quiere decir, concluye Ramón, que todos los muertos, los torturados, los presos, los exiliados, los fugados en Diáspora, son solamente datos que usan los organismos multinacionales para describir nuestra crisis, pero en ningún caso sirven como expediente penal para liberar a los venezolanos de sus secuestradores.

Todo este sufrimiento venezolano, el infierno cotidiano de todo un pueblo está a la vista de todo el planeta, pero igual que a los arruinados, los amigos lo tratan por cortesía pero sin involucrarse mucho en soluciones gravosas para su estabilidad personal y familiar. De la misma manera actúan los países democráticos respecto a Venezuela, dan consejos, acuerdan sanciones y denuncian violaciones de derechos humanos, pero no dan el paso necesario para liberar a los venezolanos del drama humanitario que sufren.

Es injusto-dice Ramón para sus adentros- decir que no hemos luchado por nuestra libertad. Son veinte años de salir a la calle, de manifestar, de plenar avenidas y calles de Caracas y todo el país con gente enardecida. Cuando se pidió votar se fue a votar, cuando se pidió trancar vías públicas se hizo, se ha ido a paros, las huelgas de hambre son incontables, de todo ha hecho el pueblo venezolano, hasta ahora que se ha quedado sin fuerza y muchos han debido huir, millones. Hemos fracasado en todos los intentos de sacar a la dictadura mediante la movilización de calle, No quiere decir que no se deba seguir intentándolo, pero ahora el reto es sobrevivir al hambre y las enfermedades.

Ahora quienes pueden darnos ayuda desde afuera nos indican con absoluta claridad que desechemos de manera total y definitiva una intervención militar, de ningún tipo, incluida la motivada en razones humanitarias. Lo han venido diciendo desde un principio pero con las declaraciones belicistas de voceros de EEUU quedó la matriz de opinión que ello era posible. De esta manera cualquier solución política ha quedado congelada en el falso dilema de cese inmediato de la usurpación o la salida electoral, cuando en realidad es esta última la única posibilidad viable y disponible.

Ramón Franato piensa que es inútil continuar debatiendo este tema porque los reductos de racionalidad fueron tomados por la emoción. Además siente que esta polémica no es tanto con los otros sino consigo mismo, son los deseos de su corazón contra la lógica de la razón. Cuando discute con quienes alimentan la falsa ilusión de una salida expedita y milagrosa discute también contra sí mismo, contra sus anhelos de que esta pesadilla termine en un abrir y cerrar de ojos. Pero el problema es como en el cuento de Monterroso, uno sueña con el Dinosaurio y al despertar el monstruo sigue allí.

Dos años estuvo la oposición en escarceos, entre llamados a calle y propuestas de dialogo. El régimen ganó tiempo y de pronto llegaron las elecciones parlamentarias ante las cuales se decidió no asistir. Estando en ese limbo la Conferencia Episcopal emitió un duro comunicado desnudando la realidad, lo rebatimos pero resultó que nuevamente estaban diciendo la verdad, ellos indicaron que la quietud, la inacción, nos conducía y nos conduce a un abismo sin retorno. Entonces de manera improvisada fuimos a una consulta y tomamos una propuesta que hacía tiempo rodaba sin éxito por las redes sociales. La motivación central era satisfacer la demanda de la iglesia que exhortaba a participar y manifestar de manera contundente que la oposición democrática no es abstencionista. Ahora resulta, que frente a la posibilidad que dentro de una probable negociación, se abra una ruta electoral que pase por unas elecciones regionales, desde ya se levantan con fuerza y furia las voces que descalifican esa opción, con base a una consulta cuyo propósito principal era demostrar que no éramos abstencionistas.

Para Ramón Franato Ramos Pitarroyo el tema político le resulta agotador. No quiere ya debatir con nadie porque ve razones poderosas de lado y lado y los ánimos encrespados promueven distanciamientos y tensiones , cuando lo único que puede salvarnos es la unidad y esta se hace muy difícil mientras no haya tolerancia entre los componentes de la plataforma que apoya al joven líder que se mantiene como referencia internacional, aunque cada día mas disminuido y atrapado en una Presidencia interina que hace aguas al ser desconocida por algunos actores internacionales y puesta a un lado por sectores internos que necesitan pactar con el régimen su supervivencia.

Como Ramón hay muchos venezolanos. Están desconcertados ante la calma mortal que se cierne sobre las esperanzas. Si pronto no se establecen objetivos concretos, sino hay claridad en la ruta que nos saque de estas cavernas de dolor y muerte, muchos se entregaran al letargo de su particular apocalipsis.

Ramón, amigo de toda la vida, me confesó; Jorge Euclides, a mí solo me sostiene la fe. Yo le contesto, como siempre. No pierdas la fe, Dios está con nosotros.

Jorge Euclides Ramírez

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios

Comentarios