#OPINIÓN Gaveta azul: Límites #15Feb

Pedro Jota Lozada. | Ilustración: Victoria Peña |

¿Qué son los límites? Cónchale, los límites, qué más.
¿Deben ser absolutos? Desde luego
–Nunca, por Dios
¿Pueden ser relativos? Claro eso es indiscutible
–Imposible, no tendrían razón de ser.
¿Podrían ser elásticos? Negativo, ya lo dije antes
–Es lógico, una elasticidad ponderada, dado que existen las excepciones.
¿Deben ser rígidos, inflexibles? Con todos los hierros, no hay otra forma
–Chamo se le filtra la platabanda al que dijo eso.
¿Quién impone los límites? El que ejerce el poder, quién más
–Falso, es una necesidad desde cualquier perspectiva
¿Para que sirven los límites? Pueden frenar el voluntarismo e impedir brotes de megalomanía
–Mentira, “mentiras tuyas, tú no me has olvidado” …
¿Existen solo límites físicos, tangibles, mensurables? Todo sistema, estructura, organismo, institución o elemento, individual social, debe configurarse en zonas y parámetros límites, o sino, adelante anarquía.
–No hay pele maestro, uno se cansa y tiene que tomarse un fresquito
En qué, o dónde, aplica eso de los límites? En todo hermano ya está dicho, o el gran despelote
–En nada, o es un cuento chino lo del libre albedrío.
¿Los límites son un muro mental o sólo ético-moral?… Son la quinta esencia de la acción justa.
–Cuál ética, de qué estamos hablando…no chamo usted está tostaó

De dónde provienen los límites, por qué imponerlos, sostenerlos, defenderlos. ¿Acaso una teoría matemática, una necesidad histórica, o una molesta necedad seudo-filosófica como cualquier brillantez de botiquín?

Qué peo con los límites…

La naturaleza con su prolijidad y desmesurada abundancia, sus desordenados procesos evolutivos en la incesante tarea de armonizar el caos de los inicios, realiza una perenne invitación a la contemplación descriptiva. Crea estímulos mediante el detalle sorpresivo, inesperado, llamándonos desde sus más frágiles estructuras y mostrando las complejidades ocultas en la vida orgánica a lo que somos ciegos, incapaces de escuchar sus silenciosos acordes de colores y apreciar las gráciles piruetas de la savia alimenticia que le otorga muda actividad vital y fructífera, tomada por manos ávidas de lucro, indiferentes al mágico evento reproductor del grano, ayer fruto, otro día espiga, mañana generoso tubérculo. Así persistimos ante sus prendas cuyo modesto celo educativo despreciamos.

Sería lógico y benéfico volver a esa escuela del entorno natural, escuchar sus murmullos, distinguir sus matices. No en actitud pasiva ante el árbol, la rosa, las nubes o el riachuelo. Auscultar, detenerse y ver, no contentarnos con mirar; descubrir cuanto puede informarnos una mirada atenta obligando a preguntarnos sobre la realidad escondida en las apariencias, separando los falsos velos tejidos por la ignorancia, realizar la maestría de ubicar la grieta cognitiva temporal que nos separa del presente real, dejándonos atrás, colgando del último micro-instante acontecido.

–Pon empeño en el intento, no olvides que limitas con el infinito, nos dice y lo repite Don Juan Maltus, evocado en mi estudio estadístico de la gota de agua, tarea concluida en monografía técnica y ocasión donde el agua me dio la primera lección sobre la relatividad de sus límites operativos.

Dos átomos de Hidrógeno y uno de Oxígeno forman una molécula de agua que manifiesta en gotas tiene una serie de comportamientos característicos, propios de su estado y condición de gota. Si se tratase de un arroyo observaremos que es agua semejante e igual -en composición y estructura interna- a cualquier gota, pero su comportamiento obedece a factores diferentes y será por ende una corriente cuyas respuestas a los medios externos a los que está expuesta lo determinará su estado y condición de agua corriente. Lo mismo se observará si se trata de una pequeña laguna, un gran lago, o el océano. Comportamientos distintos del mismo elemento. Han variado las dimensiones, los volúmenes, entonces serán diferentes los tiempos operativos y las fuerzas en movimiento.

Es muy difícil pensar en límites rígidos, que en alguna ocasión serán oportunos. Es un tema en que no puedes ni debes ser dogmático o se corre el riesgo de errores garrafales. Otra consideración en torno a si es o no posible que una limitación sea implacablemente rígida, o condicionalmente elástica y a conveniencia, depende de circunstancias políticas, de intereses económicos involucrados en una decisión. Dicho en buen criollo, depende de los callos que pise.

Es obligado advertir que los grados de solidez institucional del lugar donde haya que dirimir diferencias de criterios en juego en torno a la extensión, el alcance legal, o la aplicación de excepcionalidad, tiene un gran peso decisional, pero de opuestas orientaciones en el caso –muy común en nuestros países- de fragilidad institucional. Vale la pena ilustrar estas aseveraciones comparando casos donde estuvo en juego una limitación jurisdiccional, derecho muy celosamente respetado y defendido en todo país civilizado. Un caso tiene lugar en cualquier pequeña ciudad norteamericana, en la que, se investiga un asesinato cuyo presunto objeto es desviar la investigación de un probable error de la Navy (Armada naval USA) en el caso del extravío de una ojiva nuclear. Enterado el almirantazgo de la investigación de un caso en el que corren el riesgo de salir “untados”, toman cartas en el asunto y a la desaliñada oficina de un funcionario de tercera clase, se presenta el alto mando de la Navy para exigir al funcionario policial dejar el caso en manos navales. El comisario atiende el requerimiento, mira al marino enjoyado con todas sus estrellas sobre los hombros y pronuncia tranquilamente la siguiente repuesta.

–Almirante el peso de sus estrellas en esta oficina es tan débil que no puede desviar un milímetro el curso de nuestra investigación; y señalando con ademán respetuoso la puerta de su pequeño despacho, agrega: …Y si me permite, tengo muchas cosas que atender.

Comparación: Desde la muy itálica ciudad-puerto de Génova, cuna del Gran Almirante de la Mar Océana Don Cristóbal Colón, título otorgado por la corona española al redescubridor de la América, ha zarpado la Motonave Maracaibo de la extinta CAVN bajo el comando del Capitán de Altura Humberto León, rumbo a Puerto Ordaz. Complementan la oficialidad de Navegación el Primer Piloto Teodoro Cizmania y los oficiales Julio Sanguino y Blanco Penín. El frente propulsor y de maquinaria auxiliar y accesoria está a cargo del Lic y Jefe de Máquinas Carlos Marques Baretti, asistido entre otros por los Oficiales de Máquinas Argenis Esparragoza(en la actualidad próspero ganadero y predicador de la palabra cristiana) y Hernán Princ (qepd).. Navegan plácidamente por el Mediterráneo, trasponen las Columnas de Hércules para cruzar el Mar de los Atlantes. Un cálido verano de Junio del 1983, aproximadamente a la 1 y 30 p.m., aparece en el horizonte del rumbo de la M/n Maracaibo, la silueta de un buque. Nada raro en la aventura de mar.

Sin embargo el buque en el horizonte del Maracaibo si parece raro. No se mueve, no se le ve salir humo por la chimenea, parece estar solo; lo que se evidencia cierto es que se encuentra a la deriva. Novedades al Capitán León, observa y decide de inmediato. Aboirdarlo. El Capitán Cizmania, entonces Primer Oficial, encabeza la misión de abordaje e inspección.

¡¡Sorpresa!!. No es un buque. Es un derrelicto. Técnicamente no es un buque, ha sido abandonado por la tripulación al desatarse un incendio que no pudieron o no supieron controlar y su carga eran proyectiles calibre 122. Frente a la irrebatible verdad expresada por el refranero: “el que corre, cuenta el suceso” la tripulación abandonó el buque, el incendio se extinguió por si mismo quien sabe cuánto tiempo después, el “Cloud” nombre del buque que bajo bandera nigeriana navegaba con esa carga quedó abandonado y así lo certificó el Lloyds Register (Londres). Desde ese momento se adueñaría de los restos, aquel que los encontrase y remolcase hasta sus predios.

Nos pusimos las botas, pensó con toda razón cada tripulante del Maracaibo. Se sabían dueños de un botín. El remolcado derrelicto era ahora propiedad, a partes iguales, del armador de la nave que lo encontró y de la tripulación del buque remolcador.

…Pero el botín se redujo. La noticia del hallazgo del buque abandonado se conoció en todo el mundo marítimo venezolano; no muy amplio y extenso, valga decirlo y la Armada afiló dientes. Solicitó información completa y detallada que le fue remitida con la velocidad del rayo, se movió veloz cuál un peso pluma y despachó a la Fragata Almirante García al encuentro de la M/n Nave Maracaibo y su remolque, para escoltarlo y protegerlo (¿¿??).

Conclusión. Pusieron una vela en un entierro ajeno y se adueñaron de la mitad del muerto con el sólido e inatacable argumento (a ese gato nadie le pone un cascabel) de la seguridad, y tomaron su tajada, nada menos que toda la carga.

El Maracaibo y su remolque fueron desviados por órdenes de la Armada hasta la base naval de Turiamo. Dejaron su preciosa carga bajo custodia y luego prosiguieron viaje a su destino original, Puerto Ordaz. No hay noticias sobre los aspectos finales del reparto pero más de uno sospechó que el armador tomó la parte del León de los restos dejados por el depredador.

Ah…los límites.

Pedro Jota Lozada.

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