#OPINIÓN La legión de María #11Abr

Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

Hay una creencia muy extendida entre los católicos que en momentos de aflicción social la Virgen María hace su aparición como madre bondadosa para darles protección a los hijos que imploran su divina intersección ante Dios Padre.

Esta convicción pareciera encajar perfectamente con el nacimiento de la Legión de María en Dublín, Irlanda hace precisamente 90 años, cuando un grupo de católicos marianos se congregaron el siete de septiembre de 1921 para suplicar a la Santa Madre detuviera el baño de sangre a que estaba sometido su país debido a una secular guerra entre ingleses e irlandeses en la cual el elemento religioso se había incorporado como instrumento de combate.

Buscar explicaciones a este conflicto obligaría a repasar la historia del Reino Unido, los conflictos íntimos de la familia real y dentro de ella lo que significo la escisión del anglicanismo respecto al Vaticano. Pero lo cierto de esta historia es que Irlanda ha sufrido desde hace siglos enfrentamientos armados que no parecen terminar nunca, actualmente alimentados por células de acción violenta. Pero la gran resistencia pacífica de los irlandeses para fortificarse en su idiosincrasia republicana se manifiesta en su coraje religioso para defender el catolicismo frente al poderío político y económico que representa el anglicanismo en esas islas donde nació el esquema industrial que hoy domina sobre el planeta.

En 1921 al igual que en los años inmediatamente anteriores la muerte por confrontaciones políticas era algo cotidiano y frente a este marasmo sangriento un grupo de oración se reunió en torno a un altar presidido por la Virgen María bajo la advocación de La Inmaculada Medianera con el objeto de rogar su santa mediación para detener las atrocidades de la guerra. Líder de este grupo fue Frank Duff, un laico irlandés, sumamente inteligente, lleno de energía, entusiasmo, generosidad, caridad, y un profundo amor a Dios y la Santísima Virgen María.

Nació en Dublín, Irlanda el 7 de junio de 1889, en una fiesta de Pentecostés y fue el mayor de siete hijos de una familia católica muy piadosa y muy unida. Frank hizo sus estudios en escuelas de renombre. De joven asistió al “Purgatorio de San Patricio” que era un lugar de ejercicios espirituales de tres días y de una penitencia, tal vez única en el mundo: “El primer día ayunaban las 24 horas, los otros días no comían más que pan negro duro y té sin azúcar. Toda la primera noche la pasaban en vela y la segunda dormían sobre tablas rasas en un cuarto grande. En el intervalo, hacían toda clase de oraciones y meditaciones; el rosario, varias veces al día y también rezaban el Vía Crucis”. A partir de entonces, Frank iba cada año hasta que la enfermedad se lo impidió.

Posteriormente, ingresó a la Asociación de San Vicente de Paúl, cuyas reuniones empezaban con una oración, una lectura espiritual y la lectura del acta de la reunión anterior; esto sirvió más tarde de modelo para la Legión de María.

La Asociación de San Vicente de Paúl, se ocupaba de los más pobres. Frank, que nunca tuvo problemas económicos, estaba azorado con tanta miseria que había en su país. Tal miseria abrió las puertas de par en par a los anglicanos para hacer proselitismo: agrupados en asociaciones bajo el nombre inofensivo de “Servicio social”, ofrecían desayunos gratuitos a los pobres con tal de hacerlos renunciar al catolicismo.

Frank también ofreció desayunos para defender el catolicismo, pero no pudo hacerlo por mucho tiempo. Entonces decidió rezar el rosario frente a estas oficinas y hacer labor de convencimiento. Este apostolado provocó que le llamaran “el loco del barrio”. Pero su locura tenía método y finalmente logró, después de 16 años, que se cerraran todos esos locales.

Es con todos estos antecedentes como Frank Duff se convierte en el líder de este primer grupo de oración fundado el 7 de Septiembre de 1921 que inicialmente tomo el nombre de Nuestra Señora de la Misericordia. No satisfecho con este nombre su fundador lo cambio por el de Legión de María el cual fue aceptado por unanimidad en Noviembre de 1925.

Como toda obra santa la Legión de María ha tenido muchas dificultades tanto fuera como adentro de la Iglesia Católica. Fue el Papa Pio Once quien dio su permiso y bendición para que funcionara como parte integrante de la Iglesia, lo cual no era fácil en ese tiempo porque la figura de laico comprometido no tenía un espacio propio y prácticamente no existían pastorales sociales sino grupos de creyentes que auxiliaban a los sacerdotes en tareas de tipo domestico.

Hoy día la Legión de María está extendida por todo el planeta y su trabajo se orienta a servicios concretos de ayuda a los semejantes en problemas, para ellos no es suficiente la oración, tienen el compromiso de dedicar parte de su tiempo a obras de beneficio a favor de personas necesitadas, bien sea por abandono, por conducta viciosa o cualquier otra causa que los mantenga en situación de padecimiento físico o moral.

Es de admirar la humildad con la cual trabajan los legionarios, por alguna razón casi todos muestran un bajo perfil, realizan su misión en silencio y parecen siempre que viven un trance de oración. No por ello tienen acogida en todas las parroquias, por razones que ignoramos, pero donde los dejan prestar su apoyo se hacen sentir a la callada.

En la Parroquia Santa María Reina de Cabudare existe un grupo de legionarios, allí casi invisible y con timidez María Helena Guevara nos dijo…”Usted es el que escribe sobre religión, diga entonces que acá en esta Parroquia nosotros estamos a la orden”. Dios este con nosotros.

Jorge Euclides Ramírez

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