#OPINIÓN Decir la verdad para conseguir la libertad y formar líderes de relevo (Parte 21) #18Abr

Juan José Ostériz | Ilustración: Victoria Peña |

TEST IDEOLÓGICO – POLÍTICO DE NOLAN

SI Ud. coloca el siguiente link: http://www.testpolitico.com/ conseguirá lo siguiente:

• Este test político le permite localizar su ideología en el Diagrama de Nolan.
• El Diagrama de Nolan va más allá de la tradicional y ambigua división entre izquierda y derecha, desdoblando el espectro político en dos dimensiones: la social, y la económica.
• Descubra en unos pocos minutos su ubicación en el Diagrama de Nolan realizando este sencillo test político de 20 preguntas.
Presione en: Realizar el test
Instrucciones: Cada cuestión tiene tres posibles opiniones al respecto:
• Escoja aquella con la que se identifica.
• Si no se identifica con ninguna, escoja aquella con la que se esté en mayor acuerdo.
• Si no está de acuerdo con ninguna, escoja aquélla con la que se encuentre en menor desacuerdo.
• Si aun así no logra decidirse, siempre tiene la opción de dejar la cuestión sin responder, pulsando sobre la siguiente pregunta.
Por favor, responda con sinceridad a las 20 preguntas. No se engañe Ud. mismo
• Las 10 primeras preguntas le posicionarán a Ud. en cuestiones sociales.
• Las últimas 10 preguntas le posicionarán a Ud. en cuestiones económicas.

PREGUNTAS:

1: Libertad de expresión
2: Religión
3: Servicio Militar
4: Sexo
5: Drogas
6: Seguridad
7: Discriminación
8: Inmigración
9: Nación
10: Medio Ambiente
11: Globalización
12: Impuestos
13: Pensiones
14: Solidaridad
15: Permisos
16: Sindicatos
17: Sanidad
18: Bancos
19: Grandes superficies
20: Mercado laboral
Final

EL INDIVIDUO Y EL CONTRATO SOCIAL

La Constitución ¿para qué?

Mucho se ha escrito sobre el contrato social entre gobernados y gobernantes, con frecuencia para ensalzar las virtudes de un sistema más teórico que práctico, y que parece casi diseñado para tranquilizar a las personas o incluso para ocultarles la usurpación de su autogobierno.

Si continuamos separando claramente el ámbito colectivo del individual, no hay duda de que en el primero es muy deseable que se dé realmente un contrato así: que los gobernantes estén de veras maniatados por la voluntad popular a la hora de ejercer el poder. ¿Se da en los regímenes colectivos o los maniatados son cada ser humano?

No en vano, las constituciones surgieron, mucho más que como una norma suprema de organización social, como una legítima imposición de la gente a los reyes y, después, a los mandatarios republicanos. Y habría que añadir que es una lástima que se haya perdido, en muchos países, ese claro entendimiento de la esencia de las constituciones. Ahora se emplea la frase mágica “es que la Constitución dice que…” para limitar la acción individual y grupal de las personas más que para limitar al gobierno.

¿Cómo queda el ser humano en la Constitución?

Pero en cualquier caso, ese contrato social entre gobernantes y gobernados, ¿Dónde deja al individuo? Habría que replantearlo como un contrato tripartito: poder, voluntad popular, ser humano en particular, porque “la suma de las voluntades de miles o millones de gobernados no resuelve, por sí sola, la relación de cada individuo con el poder”.

En otras palabras, la plena legitimación de los gobernantes y de su acción no depende sólo de la aceptación mayoritaria sino también de la aceptación individual, caso por caso, cuando se trata de decisiones que afectan directa o especialmente a una persona. No basta que el poder cuente con el respaldo “de todos” o “de la mayoría”, sino también con el de cada uno en lo que a ese uno afecta. ¿Se han preguntado por qué hay tanta abstención en las elecciones?
Organizar esto es sin duda complejo pero, en muchos aspectos concretos, podría y debería intentarse mucho más de lo que habitualmente se hace.

Nada puede limitar la Libertad

En virtud del contrato social se nos ha enseñado a aceptar sin rechistar lo que el poder nos ordena o prohíbe, porque quienes lo ostentan actúan “en nuestro nombre”, están “legitimados en las urnas” o responden a ”la voluntad de la mayoría”.

Siempre es más elegante que la imposición se nos justifique así, en lugar de venirnos dictada por un tirano, pero ninguna de esas excusas es éticamente válida para limitar nuestra libertad, aunque pueda ser necesaria para el grupo por razones, una vez más, de pura conveniencia organizativa.

La soberanía reside en cada persona

Un nuevo entendimiento tripartito del contrato social debería “incluir al individuo como una de las partes del mismo”, al menos en pie de igualdad con las otras dos, “reconocer que la soberanía reside en las personas” y no en conceptos vagos y difusos como “la nación” o “el pueblo” y “establecer”, claramente, “los casos en los que el individuo la delega en el grupo”, “cuándo y cómo puede negarse a delegarla” (por ejemplo, pero no exclusivamente, en los casos de objeción de conciencia),
• “cómo se diferencia la relación del poder con la sociedad y con cada uno de sus miembros”, y
• “cómo y con qué consecuencias puede el individuo rescindir unilateralmente el contrato”, por ejemplo:
o mediante la renuncia a la ciudadanía,
o con la pérdida de sus derechos y obligaciones, y
o el eventual apartamiento voluntario de la sociedad para vivir solo o con otros en un entorno diferenciado o
o su salida del territorio correspondiente.

Cabe abundar en el hecho de que, si la “patria” y sus consecuencias sobre el individuo le vienen impuestas a éste y no son resultado de su libre decisión, su sustitución por otra y la “apatridia” son opciones personales de incuestionable legitimidad. Es curioso que la hoy obsoleta Declaración Universal de los Derechos Humanos insista en el derecho individual a una nacionalidad (es decir, a ser súbdito de un determinado Estado) pero no reconozca el derecho a elegir cuál, ni a renunciar a ella, ni tampoco el derecho complementario: el derecho a no tener “patria” alguna si así se desea.

Próximo domingo 25/04: La soberanía ¿De quién?…

Juan José Ostériz

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