Iglesias de Venezuela y Colombia reclaman solución para desplazados por conflictos fronterizos

Juan Bautista Salas | Foto: Archivo IMP |

Su preocupación por la situación que han tenido que enfrentar los ciudadanos de Venezuela y Colombia, debido al conflicto armado que ha provocado el desplazamiento de un importante número de personas en la frontera, expresaron las iglesias de los dos países fronterizos.

En efecto, a través de un comunicado conjunto, los obispos de las dos naciones expresaron su preocupación por los recientes acontecimientos que además de poner en peligro la paz y la convivencia ciudadana, se hace sentir en la población más vulnerable.

En el documento dado a conocer por la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), hacen un llamado al gobierno de Venezuela y Colombia para que avancen hacia soluciones de fondo, eficaces, dialogadas y concertadas, ante la grave problemática que se vive a lo largo de la frontera.

El texto del comunicado conjunto de las Iglesias de Venezuela y Colombia expresa:

Los obispos católicos de Venezuela y Colombia, en profunda comunión fraterna de pastores de la Iglesia, manifestamos nuestra preocupación por la situación que está afrontando un crecido número de hermanos y hermanas de ambos países, a lo largo de la frontera que comparten, y especialmente la que se extiende entre el Estado venezolano de Apure y el Departamento colombiano de Arauca,  por  el desplazamiento transnacional que se ha presentado por diversas causas y circunstancias.

Frente a esta situación, compartimos estas consideraciones:

  1. Nos preocupa el conflicto armado que lamentablemente se está dando y cuyas consecuencias, además de poner en  peligro la paz y convivencia ciudadana, se hacen sentir en la población más vulnerable.

2. Es necesidad apremiante que las autoridades de ambos países avancen hacia soluciones de fondo, eficaces, dialogadas y concertadas, frente a la problemática que se vive a lo largo de la frontera, siempre anteponiendo a  cualquier otro interés el respeto de la dignidad humana y de los derechos de las personas.

3. En cuanto a la situación específica en Apure y Arauca, expresamos solidaridad y cercano acompañamiento a las  personas que han debido atravesar la frontera. Hacemos un llamado para que se propicien las condiciones que permitan  a las personas permanecer en su territorio o regresar a él.

Con sentido de comunión eclesial,  ratificamos nuestra solidaridad con las diócesis de Arauca y Guasdualito. Sus  obispos, unidos a  sus presbíteros, religiosos, laicos y grupos de pastoral social están dando un decidido testimonio de  fraternidad,  acompañamiento, defensa y  dignificación  de quienes más sufren por esta situación que viven en sus territorios. Están demostrando, como nos lo ha enseñado el Papa Francisco, que la Iglesia no tiene fronteras y es madre  de todos.

4. Invitamos a continuar las muestras de efectiva solidaridad con estos hermanos y hermanas, recordando que el Papa Francisco ha exhortado a toda la humanidad a acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y desplazados,  como una muestra concreta del empeño de todos para lograr la fraternidad, la paz y el desarrollo integral de los pueblos.

5. Reconocemos y agradecemos los esfuerzos de diversas instituciones oficiales y privadas, de organizaciones  nacionales e internacionales de ayuda humanitaria, de personas individuales, de comunidades católicas y de otras  confesiones para acompañar y asistir a los migrantes. También resaltamos las manifestaciones cotidianas de solidaridad que se dan entre nuestros pueblos y que son testimonio de los vínculos estrechos que nos han unido a lo largo de toda nuestra historia.

6. Renovamos el llamado a la comunidad internacional a proseguir la tarea de unir esfuerzos y articular acciones en favor de las poblaciones migrantes y desplazadas. Que la luz de Cristo resucitado ilumine este momento de nuestra  historia y nos ilumine a todos el camino que nos lleva a superar las dificultades. Seguimos confiando a la intercesión de Nuestra Madre del cielo, invocada por nuestros pueblos como Nuestra Señora de Coromoto o como Virgen del Rosario de Chiquinquirá, para que  todos,  especialmente los migrantes y desplazados, encuentren condiciones de vida digna y de desarrollo humano integral, señala el comunicado conjunto.

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