#OPINIÓN Gaveta azul: Abusos del poder #3May

Pedro J. Lozada | Ilustración: Victoria Peña |

Nada más característico en el ejercicio del poder que la capacidad de abusar, de hacer realidad el antojo más bizarro o disparatado del César, Rey Emperador, Shajansha, o como sea el título de quien ejerce la autoridad y la hace sentir en cuantas formas dicten sus caprichos y pasiones, sus vicios y aberraciones. Desde los más oscuros rincones de un ego alienado que los desquicia mentalmente, no se detienen ante nada. El caos de sus estructuras mentales asume en cualquier momento una arista o porción del fragmentado Frankestein que han forjado sus desvelos de titan y ese justiciero loco será mañana el encargado de ejecutarlas más sucias y denigrantes tareas sin que nada importe el grado de crueldad, o la vesania del tratamiento a la víctima escogida y menos la valoración moral y virtudes ciudadanas que una fructífera trayectoria de liderazgo social y mecenazgo a las artes y la educación, se acumulen en la hoja de vida de la víctima.

No existen límites en un régimen autoritario cuyo único norte es un control absoluto de cuanto existe bajo la cúpula del estado. Luego, a partir de un ahora fijado por el “colectivo” o por la cabeza de turco que se les antoje en la nomenclatura, habrá vida y acción solo para imponer la soberana libertad del pueblo (o sea, nosotros). Libertad según el zafio concepto de los dueños de la verdad, afianzados en la muestra constante a objeto que nadie lo olvide, de mostrar las manos aferradas con firmeza sobre el mango del sartén…

(Con voz tonante y campanuda)
…Esta revolución bonita y pacífica ni está sola y menos inerme.
tenemos el apoyo de los pueblos libres del mundo y nuestros
colectivos están armados y dispuestos, rodilla en tierra, a dar
la vida en defensa de sus logros y una libertad soberana que
ha doblado la cerviz del imperialismo…bla, bla, bla… púyalo
que va en bajada.

Semejante ducha mental a cualquier hora, en cadena, para eso se dominan los principales medios de comunicación y el régimen ha creado varios más, dejando sueltos y desperdigados a uno que otro para que digan sus tonterías sobre la libertad de prensa, y con previa advertencia de pisar como loro en techo de zinc. No se vayan a ir de la lengua; “Y por favor mejor si entrevistan a mengano, sultano, y a los ilusos creadores de minipartidos por la libertad y la unión…

Esta y no otra es la realidad actual. Promesas, amenazas sin velo, más o menos disimuladas. Planes etéreos de recuperación económica y soberanía alimenticia, anunciados a promedio de tres por año y llevan 22 de enchufe lavando peor su ropa y negándose obtusamente a prestar la batea. Nada de lo dicho se desconoce pero es importante repetirlo intentando contrarestarla avalancha de repeticiones de mentiras del régimen. Por lo demás es necesario volver al caso de los abusos, los Protectores de Estado, el desmesurado empeño de insistir que la constitución no solo estipula la creación del Estado Comunal, sino que lo ordena tácitamente.

En este mismo orden de ideas respecto a lo abusivo e inconsulto, hay un pesado fardo pendiente respecto al bloqueo de los recursos. Hace unas tres semanas toco a la vicepresidencia su turno de señalar las maldades del imperio y sus conmilitones. Cifra por cifra fue señalando cuántos millones de dólares y en cuales bancos estaban depositados los recursos financieros propiedad del Estado venezolano, bloqueados por los malucos del imperialismo.

Tengo la seguridad que en este asunto caben unas cuantas preguntas. La Vicepresidenta culminó su intervención citando la cifra delos recursos totales sumando TREINTA MIL MILLONES DE DOLARES. Relea la cifra por favor, observará que no son tres conchas de ajo. Quién autorizó esos depósitos si es que una persona puede autorizar tales egresos. No debe estar a cargo de la remoción de recursos del tesoro nacional un “colectivo”, digamos como mínimo un Consejo de Ministros, aunque sea de suponer que lo apropiado era la discusión en el seno de la Asamblea Nacional de los egresos a depositar en bancos del exterior. Desde luego que no terminan acá las interrogantes. Cuál era, o es, la necesidad de tener depositados en un puñado de bancos extranjeros tan elevadas sumas de dinero. Antes de ser bloqueadas
tales sumas para que se utilizarían o quien debía disponer de su utilización…

Hay mucha oscuridad respecto a esos depósitos. El bloqueo por acá y el criminal apoyo al bloqueo por allá y vuelta al imperio maluco bloqueando los recursos de un país libre y soberano y no se dijo ni jota respeto a un puñado de porqué y para qué envueltos en semejante alud de dinero. De tanto dato, cifras y nombres de bancos uno en particular llamó mi atención. En un banco de Luxemburgo (Grand Duché de Luxembourg/ Nombre oficial en francés) hay 340 millones de dólares, bloqueados sin duda. Luxemburgo es un país miniatura, Con un territorio de 2586 Km2, similar al Municipio Boconó del Estado Trujillo, su accidentada geografía es una de las razones claves de su independencia y soberanía desde mediados del siglo XIV. Se le considera uno de los más importantes centros financieros de Europa. Se amontonan las preguntas por hacer y no se pide cuenta de los actos inconsultos del gobierno, lo que nos convierte en cómplices pasivos de la ruina del país.

En lugar de emplazar al régimen con la debida fuerza y voluntad a rendir cuentas y satisfacer preguntas acerca de sus acciones y decisiones, salimos a inventar chistes baratos sobre las barbaridades del clan gobernante.
Gozamos una ”ola” y parte de la otra en reírnos de la propina entregada al mesero por su esmero en atender la delegación que debió estar integrada por cinco o siete personas y no 35 o 40 como acostumbra el clan revolucionario arreando con primos, tíos y sobrinos más sus respectivos viáticos, cuando debe asistir a una convención o congreso internacional.

Casi puedo decir que estoy obsesionado con el lío en mi cabeza acerca de la necesidad de una teoría de los límites. A cualquier lugar donde vuelvo la vista para observar un evento o suceso, sale a relucir el problema de los límites y me acuerdo de la sentencia de Epicteto: “En exceso, ni la prudencia”.

Enfoquemos por un momento la atención en la condición bondadosa o malévola ostentada por las potencias imperiales y por las naciones ávidas de alcanzar ese rango de presencia histórica. Son unos diez, talvez doce, no más,
los países o Estados que han alcanzado en los últimos siete mil años, (cinco mil a.c. y dos mil d.c.) rango de imperio, comenzando por los Sumerios y el Egipto faraónico, seguidos por Persia, Roma. Un breve interludio Turco, Austro-Hungaros, también de breve temporalidad, España, Inglaterra, los primos gringos, Rusia y China.

Otros países han intentado erigirse como tales cabezas imperiales pero les ha faltado un impulso final o sus pretensiones no han podido detener la in- fluencia de los que en esos momentos encabezan el ranking, es el caso de Francia, y aun que sea poco creíble el de Polonia. Si amigos la sufrida Polonia tuvo sus pretensiones y fue cabeza y casi dueña por uno pocos años del más grande territorio de un Estado del Planeta, la Rusia zarista, período de tiempo en el que no fueron nada benévolos con los paisanos de Chejov y Dostoyesky.

Ninguno de los imperios consagrados puede ser etiquetado –visto en forma simplista—como bueno o malo. En un análisis por somero que se emprenda resultarán en algún orden vital o en muchos, que fueron períodos muy positivos de la historia esos decenios, o siglos de alta regencia encabezados por una potencia imperial a cuyas cabezas reinantes quizás lo menos que les preocupó, o que les preocupa actualmente a quienes están a la cabeza de los tiempos actuales es el juicio de la posteridad.

El norte de los imperios del pasado fue el control, el dominio y las formas de mantener y si era posible ampliar, las conquistas territoriales sobre las que regían, e indudablemente defender sus posesiones. En torno a esta circunstancia y las situaciones a enfrentar debido a las estrategias y políticas a seguir para mantenerse a la cabeza en el territorio de su influencia política y tutelado por una influencia cultural inevitable, no existen grandes diferencias entre las potencias imperiales de hoy con Persia o Roma en el pasado, o con Inglaterra al inicio de la modernidad.

Bajo que premisas básicas se establece el contrato entre la cabeza imperial y sus satélites. Simple, fácil y muy similar a los arreglos de protección que extienden las mafias.

Yo te protejo, tu me apoyas y sostienes como necesarias y vitales para la salud económica y la paz de la región, mis políticas económicas, mis designios sobre defensa y armamentos y los conceptos de libertad condicionada que ofrezco y manejo en el marco de una visión cultural proclive al logro del éxito material. La visión de la libertad de los pueblos bajo nuestra egida económica y las estrategias políticas que manejamos y controlamos en la región, acepta cualquier otra consideración mientras no adverse o colida con nuestras prácticas operativas de lo normal cotidiano. En el mismo orden de ideas, que no se contradiga o cuestionen las causales y consecuencias de nuestra filosofía de acción. Las condiciones de nuestro contrato serán voceadas sobre las diversas colectividades de tu nación, enfatizando la generosidad con la que mi gobierno sostendrá financieramente el crecimiento económico, el progreso tecnológico y la actualización científica. Queda vedado totalmente dar a conocer los detalles de nuestro acuerdo debido a las mal interpretaciones posibles de mentes afiebradas y de los sueños utopistas.

Amigos lectores, pueden creerlo o no, pero esto es la realidad monda y lironda, lo demás son cuentos de camino. No cuentos chinos, porque tratándose de imperios, China ya ocupa ese rango con todos los hierros y su comportamiento con quienes escoja o conquiste para integrar el cuerpo de sus satélites –a fuerza de los clásicos abalorios y espejitos de colores—no serán tratados ni considerados como socios o clientes (sabia premisa inglesa de política exterior)sino como mercado de tercera clase. Aquí creemos conocer lo que es discriminación. Esperen un poquito y con los ojos bien abiertos.

Pedro J. Lozada

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