#OPINIÓN “Gran diversidad” #12May

Joel Rodríguez Ramos | Ilustración: Victoria Peña |

Todos los venezolanos de buena voluntad, quisiéramos votar, pero queremos hacerlo dentro de unas elecciones libres, justas, con observación internacional imparcial, pulcras y con garantía de esa pulcritud. Venezuela tuvo en los últimos cuarenta años, por así decirlo, una gran vocación electoral, los niveles de participación eran muy altos, poca gente se quedaba sin votar. Y esa tradición fue parte de la vocación democrática y civilista del pueblo venezolano nacido con posterioridad a la era gomecista. La experiencia de una dictadura es tan seria, tan grave, que quisiéramos evitarla a toda costa y una forma de evitarla es elegir a quienes nos van a gobernar. Esa fobia a una dictadura y la vocación democrática se fortalecieron al calor de la penúltima dictadura presidida por el General Marcos Pérez Jiménez. Pero lamentablemente, la tradición electoral de los 40 años democráticos, se rompió con la llegada al poder del Teniente Coronel Hugo Chávez y sus seguidores.

El chavismo llegó al poder dominado por el complejo de Adán, es decir, el complejo según el cual nada servía y todo había que construirlo. Debía levantarse una sociedad pletórica de bondades y beneficios para todo el mundo, pero los resultados hoy en día, es otra y se dan en la frente, porque nada de lo que han hecho ha sido beneficioso para el país. La decepción ha sido muy grande. A estas alturas ya no creemos en la vía electoral, no porque ella sea mala en sí misma, al contrario es la única vía para vivir civilizadamente, sino porque la utilización de la vía electoral se ha distorsionado y se ha convertido en una vía fraudulenta. Creemos que esa es la vía, pero dentro de unos parámetros que reflejen la verdad de lo ocurrido en las urnas electorales. Nadie quiere resultados acomodados al interés particular de alguna parcialidad, queremos la certeza de lo que ocurra. Los resultados electorales de los procesos electorales desde 2004 para acá no han sido confiables, salvo los de 2007 y 2015. Muy pocos venezolanos creemos en la pulcritud de la vía electoral en Venezuela mientras el CNE sea una especie de oficina electoral del oficialismo. Cada elección es una experiencia más de los fraudes cometidos y del engaño a la población que acude a votar. Con razón los niveles de participación ahora son muy bajos, he visto mediciones, por ejemplo, que nos indican una abstención del 80% en las elecciones parlamentarias del 06 de diciembre pasado, luego estamos frente a un parlamento ilegítimo. Hay quienes dicen que esa abstención fue mayor. Por todas esas razones, la escogencia de un nuevo CNE ha sido vista con mucho interés por todo el país pero también con mucho recelo, con mucha desconfianza, sin esperanza de una solución al problema que padece Venezuela. El señor Maduro ha dicho que hay una “gran diversidad” en el nuevo CNE, pero en el fondo él mismo sabe que no es así.

Un parlamento ilegítimo como el que se “eligió” en 2020, no tiene facultad legal ni autoridad moral para hacer designaciones de ninguna naturaleza y menos para hacer designaciones de entes tan importantes como el CNE. Por otra parte, para ese CNE, se han escogido personas de cuya imparcialidad hay razones para dudar. Un ex ministro de Chávez y Maduro, una señora sancionada por organismos internacionales por falta de imparcialidad y otro militante o muy afín al partido de gobierno. Los dos supuestos opositores no dan ni una pequeña explicación de su aceptación de los cargos que ahora ocupan. No constituyen ni de lejos la “gran diversidad”. Yo, personalmente, no votaré en una elección con ese CNE. Es lo mismo que nada, la “gran diversidad” no se ve por ninguna parte.

Joel Rodríguez Ramos

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