#OPINIÓN El padre Beto #16May

Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

El Sol de Carora es una piel cristalina que somete el alma de sus habitantes a rigurosos episodios bélicos entre las fuerzas del bien y del mal. En Carora el calor aquieta los sentidos pero agita poderosamente la inteligencia y el verbo. Por ello el caroreño centra sus reflexiones en las profundidades del conocimiento y desdeña los artilugios del pensamiento cosmético. Carora es un pueblo religioso siempre buscando respuestas en las intimidades del ser, por ello es un pueblo donde la filosofía y las artes se han convertido en caminos de transito hacia la angustia y la eternidad.

Una expresión de esta religiosidad, quizás la mas nítida y emblemática es la gran cantidad de sacerdotes que han nacido en Carora, hombres que han asumido la existencia como un reto de la fe ante las dudas teleológicas y las asechanzas de los apetitos…que en Carora son de una intensidad demoníaca.

Ser sacerdote en Carora es vestir una armadura de tolerancia para resistir los embates del Hedonismo .Ser sacerdote en Carora obliga a fortificarse en la inteligencia para no sucumbir frente al asedio de interrogantes perversas nacidas del caldero ardiente de reflexiones interminables.

El padre Alberto Álvarez es un sacerdote que solamente puede existir en Carora, inteligente, culto, afable, humilde y al mismo tiempo sobrio y distinguido, el padre Alberto semeja un águila gigante entonando la balada de un turpial.

El padre Beto, como afectivamente lo llama su feligresía, es hijo de un gran caroreño, el doctor Pablo Álvarez Yépez, un médico y educador que consagró su vida a la modernización de la medicina en nuestra ciudad. El doctor Paucho, como se le conoció y como se le recuerda , se graduó a muy temprana edad en la Universidad Central de Venezuela , perteneció a la promoción de l937 , junto a otros grandes médicos como el doctor Mombrun , quienes prestaron un servicio altamente civilizador en el país . El doctor Paucho nació en el año l913, año que dio luz a otros hombres que luego también se convertirían en médicos, como Arturo Arispe y Juan Bautista ” Tita ” Perera.

Cuando viene a Carora prácticamente el único médico que había era el doctor José Luis Andrade, hombre de origen colombiano sembrado en el cariño de todo el pueblo .Con la fuerza de su juventud el doctor Paucho se encarga de crear los diferentes servicios por especialidad en el viejo hospital San Antonio, administrado por las hermanitas de los pobres.

El doctor Paucho compartió su tiempo como profesional de la medicina con la tarea de educador, siguiendo la tradición de su padre el maestro Pablo Álvarez. Gran lector y hombre de amplísima cultura, las clases del doctor Paucho servían no solamente como lección escolar sino también como cátedra de orientación moral para muchas generaciones de jóvenes caroreños.

Como si esto no fuese suficiente fue gran promotor de la sociedad civil de Carora y a él se debe la creación del club Rotary y su sección juvenil, el Interact Club, el cual cumplió un importante papel en su época como apoyo de actividades culturales y deportivas. En compañía de Juan Martínez Herrera, Domingo Perera y otros insignes caroreños, se crea la Casa de la Cultura…en fin, el doctor Paucho llenó toda una época como benefactor de grandes causas sociales, educativas, culturales y sanitarias.

El Padre Beto Nació el primero de noviembre de 1952. Estudió primaria en el Colegio Cristo Rey (Hoy Calasanz) con los padres escolapios. La secundaria la cursó entre este mismo Colegio y el Liceo Egidio Montesinos. Inició los estudios de Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello, en la ciudad de Caracas, posteriormente se traslada a terminar su carrera a la Universidad de los Andes, en Mérida.

Alberto Álvarez se gradúa de abogado en l976 y de inmediato se instala en Carora. Se incorpora al escritorio de su cuñado, el Doctor Cecilio Zubillaga. El confiesa que nunca se consideró un abogado litigante y más bien se dedicó a la defensa de intereses religiosos. Con todo y que por su talento era solicitado como asesor jurídico de varias empresas y esto le representaba honorarios profesionales muy jugosos, jamás se dejó seducir por Don Dinero por aquello que no se puede servir a dos patronos al mismo tiempo .Es así como el padre Alberto Álvarez combinó doce años de ejercicio profesional como educador, cursillista y abanderado legal de la iglesia católica. Al igual que San Ignacio percibía que los éxitos del mundo le dejaban siempre insatisfecho, mientras que su alma se llenaba de gracia y tranquilidad cuando la fuerza de su corazón lo empujaba hacia el servicio de Dios.

Inmerso en el torbellino de la fe Alberto Álvarez vio crecer con gran fuerza la raíz de su devoción católica, gradualmente lo mundano se le convirtió en algo insípido mientras que los caminos de Dios se le hicieron cada vez mas deseados. Impelido por una clara visión de su destino como persona ingresa al Seminario, en México y Venezuela, allí fue un estudiante de primera y un facilitador de cátedra para sus compañeros. Carora ganó un gran sacerdote, un clérigo de la mejor estirpe espiritual, un hombre de fe que irradia bondad y comprensión. Betote, el gordo inteligente, de figura plácida y sedentaria, se convirtió mediante una metamorfosis espectacular, en un ser de gran luminosidad, en una persona donde residen con gran fuerza la autoridad y el prestigio. El Padre Beto está en las oraciones de miles de familias caroreñas, él encarna lo ancestral de un catolicismo militante y al mismo tiempo la renovación carismática de una iglesia incorporada en los grandes espacios laicos de la fe.

Jorge Euclides Ramírez

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