#OPINIÓN La muerte de Walter y Asdrúbal (Parte I) #8Jun

William Amaro Gutiérrez | Ilustración: Victoria Peña |

Walter y Asdrúbal son mi sobrino y mi hermano. El primero murió trágicamente en mayo y el otro en junio de este año 2021 lo cual ha causado mucha consternación y tristeza en la familia. Por ello, es propicia la oportunidad para hablar sobre la muerte y lo que Dios enseña acerca de ella. De manera que voy a presentar varias entregas y espero que mis apreciados lectores tengan a bien leerlas y reflexionar sobre ello. Estoy convencido que aprender de Dios es lo mejor que le puede suceder al hombre y por eso dejo el manual, la guía, el GPS, el mapa, el libro de la Sabiduría que nos lleva a puerto seguro: La Santa Biblia.

Mis apreciados, nadie está preparado para afrontar la muerte porque no nacimos para morir. Llevamos en nuestro ADN el gen de la inmortalidad, lo que sucedió fue que el hombre al transgredir la directriz divina, al desobedecer, se apartó de Dios y dio lugar a la muerte. Dios lo puso muy claro en el momento de la Creación. “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” Gen. 2:16,17. Entonces el ser humano se dejó engañar por el Diablo, desobedeció y allí entró la muerte.

La muerte trágica de mi sobrino Walter con tan solo 19 años de edad es desbastadora. Ni pensar en el dolor de su mamá y sus abuelos. Mi esposa y yo ya lo vivimos y late en nuestros corazones ese temor que solo Dios con su promesa de su SEGUNDA VENIDA, resurrección y vida eterna nos alienta cada día. Las circunstancias de la muerte de mi sobrino me recuerdan la hermosa poesía del poeta Andrés Eloy Blanco “Cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos de la tierra, al hijo de la casa y al de la calle entera, se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga y al del coche que empuja la institutriz inglesa, y al niño gringo que carga la criolla, y al niño blanco que carga la negra, y al niño indio que carga la india… Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños que la calle se llena y la plaza y el puente y el mercado y la iglesia, y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle y el coche lo atropella …” Si, murió un hijo…

Y la muerte de mi hermano Asdrúbal a sus 83 no es menos triste, por cuanto nadie quiere morir y siempre se anhela alcanzar objetivos en lo que resta de vida. Pero la Santa Palabra de DIOS nos alienta con su Palabra. Lo deja claro cuando dice “Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos” Sal.90:10. Entonces concluimos que nuestro hermano Asdrúbal era de los más robustos. Pero los años no pasan en vano y la vida se hace más dura, sobre todo cuando sobrevienen las enfermedades. Sin embargo, cuando se ha llevado una vida difícil, complicada y en el ocaso de la misma logramos tener una conexión con Dios, entonces él nos hace acepto ante su presencia y eso fue lo que hizo mi hermano Asdrúbal cuando lo visitaba los sábados en el “Charrascal” en su primera convalecencia y lo confirmó, cuando lo visité en su última hospitalización.

Mi hermano Asdrúbal fue un hombre bueno. A pesar de sus últimos años que fueron duros por su enfermedad, carestía y otros sinsabores muy cercanos a él, a pesar de las ingratitudes de otros, siempre me decía que no resentía nada contra nadie y más bien defendía a los demás. Tal vez su condición de trovador, músico, compositor y poeta. Tal vez su vida de bohemio y romántico por la vida le preparó para escuchar la voz del ESPÍRITU SANTO y así se fue al descanso. ¡Lo veremos otra vez en la SEGUNDA VENIDA de nuestro DIOS! ¿Amén?

Próximo artículo: “La muerte de Walter y Asdrúbal” PARTE II

William Amaro Gutiérrez

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