El héroe que no reconocí

Carolina Jaimes Branger |

¡Qué difícil escribir sobre Óscar Pérez! Confieso que me encuentro entre quienes dudamos de las verdaderas intenciones, respaldo y metas que el joven tenía. ¡Es que era demasiado para ser real! ¡Era osado, valiente y encima, guapo! Parecía salido de una película de acción. Cuando voló el helicóptero y lanzó bombas sobre el Ministerio del Interior y Justicia y el Tribunal Supremo (sin bajas) en una operación impecable que duró media hora sin que nadie le dijera “aterriza o te tumbamos”, era algo así como un James Bond venezolano. Pero el mismo hecho de que no lo hubieran atrapado en aquel momento, me hizo dudar…
¡Qué tristeza que en la Venezuela actual nos hayamos vuelto tan suspicaces que todos sospechamos de todos! ¡Más doloroso aún que la mayoría seamos incapaces de distinguir entre un héroe y un impostor! La confianza es la base de las relaciones humanas y la nuestra es una sociedad cada vez más deshumanizada.
Óscar Pérez y su grupo de valerosos compañeros se habían acogido a los artículos 333 y 350 de la Constitución. Muy distinto de los guerrilleros y subversivos de los años 60 y 70 que no actuaron bajo el amparo constitucional, porque la Constitución del 61 no contemplaba (como sí lo contempla la vigente) la desobediencia civil, ni exigía que todo ciudadano está en la obligación de colaborar con su restitución. Sin embargo, en aquella República Civil, a los guerrilleros se les reconocieron sus derechos y en general se les trató como seres humanos. Todavía viven quienes pueden dar ese testimonio. Y las bajas que hubo –todas lamentables- fueron duramente criticadas por la sociedad y en particular por quienes hoy están ocupando cargos en el alto gobierno.
Pero esas críticas se esfumaron la semana pasada cuando Óscar Pérez y las personas que se habían rendido –y que estaban acompañadas de civiles- fueron asesinadas a sangre fría. Ahí quedan los videos para el futuro, cuando los responsables responderán ante tribunales probos, no sé si en Venezuela, pero seguramente en otras partes del mundo.

Subsisten las interrogantes de por qué no se apersonaron en el hecho representantes de otros poderes, que hubieran podido hacer algo. Todas esas omisiones también se pagan. Cabe destacar que el 350 en desunión es un artículo de muerte y que la Historia cobra todo.

@cjaimesb

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