La muerte viaja en dos ruedas

El tema de los motorizados ha ocupado miles de espacios en los distintos medios de comunicación de nuestro país. Son múltiples los enfoques utilizados para analizar este complejo tema, en este artículo solo abordaré su conducta e impacto en el tránsito automotor en las distintas ciudades de Venezuela. Cuando estoy atrapado en una cola me dedico a detallar el comportamiento de los motorizados que van pasando, mas como una forma de disminuir la tensión del atasco, que como una investigación en si misma. Hasta hace poco tiempo, cuando no había tantas motos en las avenidas y autopistas, los motorizados acostumbraban a circular por el espacio ubicado entre los canales rápido e intermedio. Esta predecible conducta ayudaba a los conductores a anticipar la maniobra de desplazamiento y esquive, sin embargo, ahora, se desplazan zigzagueando de un canal a otro, lo cual imposiibilita su localización por los espejos retrovisores, provocando inevitables accidentes, casi siempre con consecuencias fatales para el más débil de los involucrados.

Me pregunto y no hallo respuesta a la imprudente actuación de los motorizados, siendo ellos los únicos a quienes no afectan las colas, deberían andar menos apresurados. Deduzco que están compitiendo con ellos mismos, buscando disminuir los tiempos marcados en viajes anteriores. Deberíamos contarle las anécdotas de los conductores que se someten al estrés de las altas velocidades para llegar en menor tiempo a su destino y una vez en él, deben acostarse a descansar algunas horas para descargar la tensión acumulada en el trayecto.

Según las normas de tránsito, los conductores que circulen unos detrás de otros por un mismo canal, deben guardar una prudente distancia con el conductor que los precede, de allí surgió la “Regla de los 2 segundos”, sin embargo, en Venezuela podemos contar por miles los motorizados que se desplazan “chupando rueda” unos tras otros, sin dejar el mas mínimo espacio entre ellos, lo que hace prácticamente imposible a los conductores de vehículos de cuatro ruedas poder cambiar de canal sin riesgo de provocar un accidente.

Trato de descubrir qué extraño conjuro creen los motorizados se oculta en su corneta, que les permite, cual naves intergalácticas, apartar meteoritos con sus rayos láser, quitar de su trayectoria los vehículos que encuentren a su paso. Acompasados del sonido estridente, desarrollan velocidades astronómicas entre las filas de vehículos atrapados en las colas, llevando como escudo, además de su cuerpo, el sonido lacerante de sus bocinas, cual modernos quijotes cabalgando en sus rocinantes de acero, van contando y cantando, sin darse cuenta que pueden encontrar la muerte.

*Coordinador Nacional de “Gente” Generación Independiente
@alvareznv

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