#Opinión Sin biblia y sin crucifijo

Joel Rodríguez Ramos | @Casareal |

 

Comienzo estas líneas con un punto previo, manifestando que extraño la edición impresa de El Impulso. Toda la vida la he leído y recuerdo gratas polémicas con amigos y adversarios por las opiniones recogidas en este querido periódico. Encomiable esfuerzo hace hoy su página web para mantenerlo en el corazón de los larenses. Ese esfuerzo merece el apoyo de todos. El daño causado a nuestra tierra por el régimen actual no tiene nombre y el atentado siniestro contra las libertades públicas y en especial en el caso de El Impulso y otros medios, contra la libertad de expresión, algún día lo pagarán. El gobierno ha demostrado ampliamente el desprecio por la libertad de los seres humanos. Dios quiera que nuestros muchachos aprendan a valorar, a defender y a luchar por la libertad. Nunca más debe haber un régimen como este.

Se ha producido un cambio de gobierno en España. A pesar de lo negativo que podamos encontrar de los tiempos coloniales, España es una tierra entrañable. Me siento agradecido de lo bueno que nos legaron. “España es lo mejor, que viva España”. El señor Mariano Rajoy, hasta la semana pasada presidente del gobierno español, fue desalojado del poder por un malabarismo político. Pedro Sánchez no ganó ninguna elección, fue varias veces rechazado por el pueblo español y en un momento determinado se pensó que su carrera política había terminado. Pero es un hombre astuto, ambicioso y encontró un hueco mínimo en la actuación no de Mariano Rajoy, sino del Partido Popular y por allí se coló proponiendo una moción de censura contra el gallego, logrando su destitución. Una diputada canaria en un discurso muy claro y contundente y sin ser del PP, le dijo a Sánchez: “Ud. ha puesto en riesgo las instituciones españolas con el solo propósito de querer complacer su ambición, no tenía derecho de llegar a tal canallada”. Sin embargo Sánchez está en La Moncloa. Debe estar feliz, reunió a Ciudadanos, Podemos y a los autonomistas para complacer su ambición. Rajoy, sin carisma, sin mucha simpatía personal y sin ser un líder descollante, había estabilizado la economía española, creó empleos y detuvo la inflación. España estaba en franco progreso. A diferencia del patético Rodríguez Zapatero cuyo gobierno dejó a España casi en la ruina. Sánchez juró su cargo sin la tradicional Biblia y sin el Crucifijo. Se ha dicho que en España hay libertad religiosa. Muy bien, pero su

s raíces son cristianas y están allí, en el corazón de la mayoría de los españoles y colocar a Dios en la cúspide de una actividad humana tan importante como la política, estarea imprescindible en estos tormentosos tiempos. Nadie niega en Venezuela, por ejemplo, el derecho a creer o no creer en una fe religiosa, pero nadie aceptaría despreciar a la Divina Pastora en Barquisimeto. La España de, entre otros, Santa Teresa de Ávila, San Ignacio de Loyola, San Juan de La Cruz, Santo Domingo de Guzmán, San José de Calazans, San Vicente Ferrer, San Antonio María Claret, San Josemaría Escrivá, San Francisco Javier, ha quedado relegada al lugar peligroso del desprecio y del olvido. Los socialistas o comunistas, allá y aquí, desean expulsar a Dios de la sociedad cuando Él es la verdadera libertad. No saben lo que hacen o sí lo saben. En cualquier caso, perdónalos Señor.

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