Súbita

 La vida te hace algunos juegos inesperados, situaciones para ponderar, acontecimientos para reflexionar y pone al límite incluso tus emociones, te enfrenta con tus convicciones y te hace pensar sobre las emociones humanas; sus frutos y sus peculiaridades.

En particulares ocasiones te preguntas y repreguntas en un exhaustivo interrogatorio, por que la vida se presenta con esa naturaleza cargada de vicisitudes , para unos traspiés , para otros solo calibrar el tamaño de los afectos , la elocuencia de la aceptación y el perdón sobre lo que no tenemos por qué perdonar porque nadie nos ha llamado a ser jueces. Solo vivir y aprender a querer con tanta profundidad como la vida nos permita.

El llanto y el desencuentro, una crisis que pueda turbarte y te alienta y te inmuniza y reflejas solo el sentimiento que aflora. Y entonces saber si en tu corazón hay cabida para el odio o para el amor, si tu pecho y tu mente guardan anhelos superiores a lo que de habitual en cualquiera sería una respuesta ordinaria. O en cambio, la pureza de tus sentimientos hacen mutis para entender y saber que nadie es mejor que nadie, que yo no puedo erigirme en un ser sin mancha, que yo soy tan pecador como a quien he osado lastimar aun sin quererle herir.

Hay gente más pura y más sana, que como la concebimos en nuestra mente, que busca su espacio, que persigue sus sueños, que sobrevive en una ambiente muchas veces hostil y que como una grácil criatura de Dios en un mundo nuevo solo ha querido querer y que le quieran. Solo ha sabido amar aunque le hayan traicionado. Una victima de las circunstancias y del inefable destino.

“A veces las personas se pierden lo mejor de las personas”. ¿Y como entender esta aparente tautología? Pues simplemente, que cuando la gente se presenta en la vida de otras u otros llenos de candidez, ternura e inocencia, un modo de abandono puede herirlas de por vida y quitarles la alegría. Y aun cuando puedan encontrar la fortaleza por la templanza de su carácter, son personas que sufren por no haber sido valoradas y haber querido más allá de lo que alguien se mereció. En vez de cobijar, guarnecer de amor y llenarse de júbilo porque alguien así haya podido compartir en el escenario de la vida con su mundo de inocencia.

Y ahora con las ansias de vivir y encontrar respuestas a la mala jugada de quien no valió la pena, porque tú jugaste limpio, no dejes “que esto te vuelva ciego o ciega para la virtud que existe”. No lograrán manchar la bondad de tu corazón, la pureza de tus sentimientos, y en tu camino siempre habrá alguien para quien eres su tesoro y quien te ama con llaneza.

Es trascendental recordar que somos seres humanos y nada de lo que es humano nos es ajeno.

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