Ventana abierta: El rey se quitó la corona

 El rey de España, que se llama Juan, convocó a sus “sirvientes” y les dijo: “!Vamos, vamos, apúrense que se hace tarde, tenemos que ir a Bostwana! “Díganle al piloto que aliste el avión y todos hagan provisión para unos quince días”. Señor dijo uno: “No hemos pedido permiso para esta salida”. El rey contestó: “No importa, a larga soy un rey, ¿no te parece?” “Ah, rey, si usted lo dice”. Otro de sus súbditos, se le acercó casi al oído y le mencionó: “Rey, con mucho respeto, pero recuerde que no hay mucho dinero, además nuestro país está pasando por una crisis fuerte, no olvide que el “viajecito” nos va a costar unos 44 mil euros (57 mil 850 dólares), eso es el equivalente al doble del salario promedio anual en España”.

“Además, nuestro país es visto como el país más débil de los 17 que conforman la eurozona, la tasa de desempleo se encuentra cercana al 23%, y se espera que pudiéramos caer pronto en la segunda recesión en tres años”.

A todas estas, el de mayor confianza le preguntó ¿Rey, no me diga que va a seguir con esa “manía” de andar cazando animales, entre ellos los elefantes? ¿Ya se le olvidó que en octubre de 2006, un gobernador ruso ordenó investigar al rey español que disparó y mató a un oso mientras estaba de paseo cerca de Moscú? Y el rey contestó: “De todas formas, mis queridos amigos, empleados y súbditos, ya hemos contratado a los guías que nos llevarán a la cacería”.

Escribir o narrar historias no es nuestro fuerte; la adaptación la hicimos con los datos tomados, de la versión digital del “excelsior.com.mx”. La historia se acortó, ya que el rey Juan Carlos de España, de 74 años de edad, sufrió un accidente en plena cacería, el viernes 13 de abril, de los corrientes, y el sábado 14, fue sometido a una operación de cadera; tuvo que ser intervenido en su propio país, y no se fue a otra parte, para que lo operaran otros médicos que no fueran de su nación.

A los dos o tres días le dieron de alta y saliendo del hospital, el rey, a quien muchos respetan, pero varios le criticaron ampliamente por su viaje al África, se sintió impelido a hablar, se “quitó la corona” por un momento y pidió perdón a su pueblo por lo que había hecho; les dijo que “no volvería a suceder”. Lo anterior, es algo ejemplarizante para otros presidentes del mundo.

Muy distinto es nuestro país, y otros gobiernos de la tierra, los reyes (presidentes) aparentemente tienen “corona” y casi nunca se la quitan para ofrecer disculpas o perdón por errores cometidos; son criticados por violar las cartas constitucionales; salen sin permiso de su país; al parecer gastan desmesurada e injustificadamente dinero de la nación y la respuesta que dan, ante la crítica es: “Yo soy el Presidente, ¿y…?”.

En estos días, en nuestro país, se levantó un escándalo por unas declaraciones del ex magistrado, Eladio Aponte Aponte y nadie del alto gobierno ofrece disculpa, ni quieren averiguar nada. Hoy, el gobierno le llama “delincuente”, olvidando que él estaba allí en su cargo, ¿por orden de quién? o ¿cómo llegó allí? Nuestro primer mandatario pudiera quitarse la “corona”, aunque fuera por un poquito, y aclarar algunos hechos.

En realidad, pedir perdón por nuestros errores no es fácil. Y, es desagradable pedir disculpas por errores no cometidos y peor aún, ¿será más difícil pedir perdón por el pecado de otros?

Hace muchos años, según la historia bíblica, la primera pareja Adán y Eva pecaron y su transgresión pasó a todos nosotros. Aunque se arrepintieron, y fue aceptado su pesar, de todas maneras tenían que morir. Pero, su simple muerte, no era válida ante la justicia divina para expiar sus propios pecados y de la humanidad. Sólo podía morir el creador, quién los hizo. Por eso Jesús, siendo Rey, se quitó la corona, pidió perdón por los pecados de la primera pareja y de todos nosotros, ante Dios su Padre y ofreció su vida para venir y morir en la cruz del calvario. (Ver: 1ª Pedro 1:18-20; Isaías 53).

Dice la Sagrada Escritura: “Por tanto, así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, pues todos pecaron” (Romanos 5:12). “Pero Dios demuestra su amor hacia nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ídem, v.8). Cristo murió por pecados que no cometió.

Eso fue lo que vino a hacer Jesús, el Hijo de Dios a esta tierra y el Apóstol Pablo nos dice: “Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8: 9). “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó así mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2: 5-7).

Por ello, Dios Padre quiere que observemos el acto de humildad del Rey, su Hijo, y que aprendamos a pedir perdón por todos nuestros pecados y/o errores humanos; hasta por los pecados que no sabemos que cometemos. Como dijo David: “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos” (Salmos 19:12).

Acá nadie tiene corona. Dios quiere que todos nos arrepintamos y alcancemos la Victoria y la Salvación. Bien dijo el médico español, Gregorio Marañón: “En medio del clamor de los aplausos, el hombre inteligente cerrará los ojos, y con la mente pedirá a los que le aclaman ¡Perdón por haber vencido!”

[email protected]

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios