ROGATIVA POR EL DIFERENDO DE GUYANA ESEQUIBA

 Nos enteramos por los medios de comunicación social que cubren la noticia como la diligente y dinámica Cancillera de Guayana, Carolyn Rodríguez, aventaja en adarmes de reflexión y capacidad al Canciller de Venezuela, Nicolás Maduro, en la tramitación y correcta conducción del diferendo del Esequibo, que mantienen ambos países, desde hace unos sesenta años.

Tal circunstancia se pone de relieve en estos mismos días, cuando el ente especifico de la Comisión de la ONU, de Limites de la Plataforma Continental, debía decidir la premiosa petición, que formula la Republica Socialista de Guayana, desde el seis de septiembre del año pasado, para extender el limite exterior de su plataforma, mas allá de las doscientas millas náuticas fijadas.

El diferendo entre Venezuela y Guyana comprende el Rio Esequibo, el mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental, lo que resulta suficiente para comprender la magnitud de los derechos e intereses que asisten a Venezuela en su jurisdicción y que la Casa Amarilla de Caracas, debe vigilar y defender con absoluta eficiencia y dedicación.

La petición de Guyana de extender su plataforma marina, se debería considerar en el periodo de sesiones Nro. 29, que se inició el 19 de marzo y cerró el 27 de abril último. En todo este tiempo de pleno laborar de la Comisión de Límites, como lo reseña la prensa y demás medios de comunicación social, el Canciller lo empleó por entero, a defender y presentar el Proyecto de la LOT, una tarea completamente distinta a las habituales funciones de la Cancillería, para las cuales no tiene competencia legítima, ni delegada, e insistir en esa faena, como gallito pataruco en corral ajeno, entorpecen por completo su labor en relaciones exteriores y el alejamiento de sus delicadas obligaciones inseparables, de conservación y defensa de nuestra irrenunciable soberanía. Una materia tan delicada, ligada a los intereses más altos de la nacionalidad, puede estar en extranjeras manos de cubanos, comunistas o maximalistas.

En cambio, si revisamos el prontuario de la Cancillería Guyanesa, Carolyn Rodríguez, es seguro que sorprende la actividad y tareas por ella emprendidas y realizadas. Para mirar el panorama desde terreno objetivo y con animo ponderado, obtuvo el apoyo, según se comenta, de la comunidad del Caricom, Bloque Regional del Caribe y los homólogos de la cancillera Rodríguez de esa importante comunidad, de nuestra zona de influencia, le ofrecieron pleno apoyo y se distanciaron de Venezuela. En la reciente Cumbre de las Américas, con sede en Buenos Aires, la Republica Argentina y Bolivia, tuvieron unánime respaldo en la lucha por Las Malvinas y en su derecho a la salida al mar y total respaldo del bloque hemisférico. La Cancillería venezolana, llegó con las manos vacías y no abogó por nuestro justísimo diferendo.

El diferendo de Guyana Esequiba ha generado una descollante historia diplomática e incidencias dignas de evocar. En la actualidad se disciplina por el Convenio de Bruselas de 1.966. Su primer trámite se inicia bajo la presidencia del Prócer Carlos Soublette, quien designo Ministro Plenipotenciario al eminente doctor Alejo Fortique, quien presidió la más descollante comisión que Venezuela destacó al Viejo Mundo. El doctor Fortique celebró con el Canciller Británico Abedeen, convenio muy honorable y satisfactorio a los intereses de Venezuela, pero un sedicente Consejo de Estado, se negó ratificar. Eso malo tienen los Consejos de Estado de torpe criterio. Lo mismo pasó con el Tratado Pombo-Michelena, que nos reconocía la mitad de la Goajira y se rechaza con notable perjuicio.

El laudo de Paris de 1.899 no fue aceptado por Venezuela. Se juzgó írrito y nulo. Después se supo por el eminente Apoderado de Venezuela, doctor Mallet-Prevest Severo, que los Comisionados Británico y Ruso, pactaron en contra de Venezuela y a favor de sus imperios, unos 149.500 KM2. En el arreglo Fortique-Abendeen, se entregaban unos 4500KM2, en la Guayana.

Queda Venezuela en espera de justicia. La reclamación puede ser reemprendida. Estamos en buena oportunidad para la próvida cosecha. Necesitamos saber hacer buen uso, con acierto y efectividad del uti possideti juris. No descuidar el principio de la Aquiescencia diplomática y de la Ley de Topel, que son aceptados en escenarios internaciónales como operadores jurídicos del Jus Gentium y pueden robustecer el derecho ajeno. Con énfasis, increpó el Libertador en su primer discurso: “vacilar es perdernos”. Cuando la fe en la razón vacila no se puede vivir ni convivir.

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