El sindicalismo sólo se desarrolla, actúa y les produce fruto a los trabajadores, en los regímenes democráticos. En una dictadura es cuesta arriba, incluso imposible, que los ciudadanos puedan ejercer a plenitud los derechos sindicales. Durante la vigencia de un gobierno de fuerza (tiranía), los trabajadores (profesionales, técnicos, artesanos, obreros, etc.) están a merced del mandón de turno.
Esta lección debimos aprenderla en la época dictatorial de Pérez Jiménez. De este tiempo todavía quedan muchos que lo cuenten. Unos, porque padecieron el rigor del entonces “dueño de Venezuela”. Otra, porque lo aprendieron de la palabra directa de sus antecesores. Si por casualidad aparecía un sindicato que lo dejara funcionar, era porque al gobierno le convenía para dividir a los trabajadores y para engañar al país y al mundo, haciéndoles creer que en Venezuela la libertad era un derecho en ejercicio. Nadie más indefenso que un trabajador, cuando éste es absolutamente limitado para conquistar prerrogativas laborales y defender los que aún se hayan salvado de los caprichos del dictador.
Quienes crecimos profesional y laboralmente durante los cuarenta años de democracia (1958 – 1998), sabemos por experiencia propia que sin libertades públicas, cuando el gobierno permite y facilita la creación de sindicatos, es para dividir y asesinar los existentes. Y si alguien lo duda, lo único que puede hacer, para comprender lo que estamos afirmando, es mirarse en el espejo de los últimos catorce años de gobierno, cuyo origen democrático es cuestionable y su desempeño detestable.
Si hay un sector laboral al que le conviene conocer esta terrible realidad, es a los educadores. Primero, porque fueron ellos quienes más y mejores reivindicaciones alcanzaron entre 1958 y 1998. Sólo vamos a señalar tres: plenos derechos sindicales, contratación colectiva y prestaciones sociales. Y segundo, porque son los educadores los más idóneos multiplicadores del conocimiento. Y la democracia es un conocimiento, el cual sólo es posible aprender donde y cuando la libertad es un derecho constitucional.
Democracia y libertad sindical(IV)
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