EEUU y Venezuela, dos rivales que se necesitan mutuamente

La nueva crisis diplomática entre Caracas y Washington, al margen de las protestas de la oposición venezolana, revela la tirante relación bilateral en la era chavista, apenas sostenida sobre las mutuas necesidades comerciales, señalaron analistas este martes.

«Hay tremendos problemas políticos en Venezuela y lo más fácil para el gobierno venezolano es sacar la carta antiimperialista-nacionalista», dijo a la AFP Erick Langer, profesor del Center for Latin American Studies de la Universidad de Georgetown.

Venezuela expulsó el lunes a tres funcionarios consulares de Estados Unidos, a los que acusó de reunirse con estudiantes que impulsan las multitudinarias protestas de las últimas dos semanas y que dejaron un saldo de tres muertos. Washington dijo que contempla tomar acciones.

«¡Qué se vayan a conspirar a Washington!», había dicho el domingo el presidente Nicolás Maduro, cuyo gobierno acusa a Estados Unidos de «legitimar un intento de desestabilizar la democracia venezolana».

Como el fallecido mandatario Hugo Chávez, Maduro usa al «enemigo» del norte para desviar la atención de la crisis económica y la criminalidad galopante que germinaron las protestas -las mayores desde que llegó al poder hace 10 meses-, según los expertos.

«Están regresando a su narrativa central. A medida que avanza la crisis deben mostrar que no es el pueblo que se alza contra su incompetencia económica sino que es un complot financiado en el extranjero», señaló Ray Walser, del conservador Americas Forum.

«Una forma de ver qué tan bien va el gobierno de Maduro es ver qué dicen sobre Estados Unidos», ironizó Langer.

Al respecto, la portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki, dijo este martes que las acusaciones contra Estados Unidos son desviaciones que «reflejan una falta de seriedad de parte del gobierno de Venezuela para encargarse de la grave situación que enfrenta».

 No quieren un mártir

Para Walser, las acusaciones y las expulsiones de diplomáticos «solo van a profundizar la división entre Estados Unidos y Venezuela», sin embajadores desde 2010, y antípodas en el plano regional e internacional desde la presidencia de Chávez (1999-2013).

Venezuela es el principal obstáculo a la política estratégica y diplomática del gobierno de Barack Obama en la región, mientras que Caracas acusa a Washington de comportarse como un «imperio».

Y mientras la Casa Blanca se alía con países afines como Colombia o México, Venezuela lidera el foro antiestadounidense del ALBA.

Pese a las tensas relaciones, Estados Unidos sigue siendo el principal cliente del petróleo de Venezuela, un país monoproductor con las mayores reservas mundiales de crudo, al que compra 900.000 barriles en efectivo.

La estatal PDVSA posee a través de su filial CITGO tres refinerías y más de 6.000 estaciones de servicio en el país norteamericano, desde donde, por otra parte, se venden miles de productos a empresas venezolanas.

«Es una gran contradicción» que mantiene a raya una ruptura total de las relaciones, afirmó Langer.

Según el analista, las discrepancias son «simbólicas más que nada» y el efecto político o económico del bloque antiestadounidense liderado por Venezuela es mínimo para Estados Unidos.

«El gobierno estadounidense calculó que va en su mayor interés y el de sus ciudadanos seguir recibiendo petróleo venezolano que sancionar a Venezuela», afirmó Langer. «No quieren hacer de Venezuela la mártir», apuntó.

Serie de expulsiones
El origen de los quebrantos se remonta a 2002, cuando un golpe de Estado, con apoyo estadounidenses según Caracas, depuso brevemente a Chávez.

Ante el asombro de todos, Chávez y Obama se dieron la mano en la cumbre de las Américas en abril de 2009, pero un año después el embajador nominado para Venezuela hizo unas declaraciones que irritaron al mandatario venezolano, quien lo rechazó antes siquiera de que llegara a Caracas.

Las tensiones aumentaron y el 5 de marzo, poco antes de anunciar la muerte de Chávez, Maduro ordenó la salida de dos agregados militares estadounidenses, rompiendo los deseos adelantados del Departamento de Estado por un borrón y cuenta nueva, dicen los analistas.

Pese a que hubo intentos de acercamiento, Caracas los dio por terminados en julio tras críticas a Venezuela de la ahora embajadora de Washington ante la ONU, Samantha Power.

Y a fines de septiembre, Maduro ordenó la expulsión de otros tres diplomáticos estadounidenses, entre ellos la encargada de negocios, a los que acusó de conspirar con la oposición.

Esas medidas no han evitado las críticas regulares de Washington por lo que considera hostigamiento a la oposición política y a los medios de comunicación en Venezuela.

En Estados Unidos «hay preocupación por la estabilidad de un vecino que impacta en importantes aliados, particularmente Colombia», señaló Walser.
Ese interés abarca temas de seguridad, narcotráfico o los vínculos de Caracas con La Habana y Teherán, pero «Estados Unidos no va realmente a involucrarse en la crisis actual. Aunque tiene sus ojos puestos en lo que pasa», afirmó Walser.