Esperanza local

Ramón Guillermo Aveledo |

En tiempos de dificultades, un papel central de la política es generar esperanza. Dar motivos para la esperanza, al señalar propósitos, objetivos y mostrar caminos para alcanzarlos. Dar razones para la esperanza en evidencias visibles, tangibles, que sirvan de fundamento.

Los gobiernos locales elegidos en 2013 han tenido el desafío titánico de una crisis como la Hidra de Lerna de varias cabezas. La política, un gobierno tan incompetente en sus decisiones como en sus indecisiones, que no asimila la Constitución y se siente por encima de ella. La económica, reflejada en escasez por falta de producción, dependencia de las importaciones ahora incosteables, y en la no generación de nuevos empleos. Y la inflación, gracias a cuya regresiva magia roja, los recursos no alcanzan por el veloz e indetenible aumento de los precios, con impacto negativo en la gestión en menos obras y servicios. Pero no podemos rendirnos, ni vamos a rendirnos.

Acabo de reunirme, el 15 y el 16 de este mes, con alcaldes de toda Venezuela. Treinta y siete de ellos, con representantes de sesenta gobiernos municipales y una importante representación de los concejales. Como parte del programa que adelanta el Instituto de Estudios Parlamentarios Fermín Toro. Alcaldes de la Unidad, pero ya nos gustaría acercar al mismo a burgomaestres elegidos en propuestas políticas distintas, porque en su diversidad Venezuela es una sola y nuestro pueblo está sufriendo sin distinciones, la misma crisis.

Empezamos hace dos años, en 2014, aquí en Barquisimeto, estos encuentros para discutir problemas y soluciones. Lo fiscal-tributario, la participación, la seguridad, los servicios de agua y aseo urbano. Este año 2016, los dos encuentros nacionales serán el que acabamos de hacer en Mérida sobre Desarrollo Económico Local, porque hay que contribuir a producir bienes, servicios y empleos, y el del venidero julio, Dios mediante, en Petare, sobre Programas Sociales Municipales, porque cuando la cosa va mal, no es momento del egoísmo y la indiferencia, hay que recordar la solidaridad.

La jornada merideña me dejó el optimismo como nuevo. No porque ignoremos los gravísimos problemas y la necesidad de un cambio político que abra cauces distintos y mejores en paz, democracia y dentro de la Constitución. Allí vi a gobernantes locales, empresarios, profesores, expertos, debatir con seriedad, ofrecer soluciones, examinar las experiencias, mirar hacia adelante con responsabilidad y compromiso. Constaté definiciones desde lo local, visiones claras de los municipios, proyectos estratégicos con miras a largo plazo, alianzas entre sector público y sector privado, programas de capacitación para el emprendimiento. Organizaciones como Fedecámaras, Atraem, Conapri. Universitarios de la ULA, la Universidad del Valle del Momboy y la Red de Universidades de Lara representada en la Yacambú, trabajando con los municipios y la sociedad civil.

Como el desarrollo económico local, opción territorial y centrada en las personas, nos ofrece la esperanza de empleo decente y productivo, el trabajo conjunto, solidario entre gobiernos, empresarios, trabajadores y sociedad civil, nos muestra una nueva esperanza democrática desde lo local.

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