El martirio de padres con niños neonatos

José Manuel Zaá | Karen Paradas |

Solo el hecho de traer al mundo un niño prematuro, resulta una situación apremiante, demandante y que requiere de mucha fuerza emocional para salir adelante. No obstante, lejos de colaborar, el panorama económico y social del país dificulta, aún más, un escenario como este.

Enmanuel Chavier es un joven padre que tenía todo preparado para pagar la cesárea de su esposa en un centro asistencial privado, aunque el destino tuvo un plan distinto para él y su familia.

El 16 de octubre de este año, con solo cinco meses de gestada, su pequeña decidió darle una sorpresa y llegar al mundo antes de lo esperado, por lo que fue internada en el servicio de Neonatología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda (Hcuamp). Allí, por la crisis venezolana en materia de salud, no cuentan con casi ningún insumo, medicamento, ni realizan exámenes de laboratorio, lo que obliga a los representantes de los pacientes a costear todo tipo de gasto. Irónicamente, en el Día Mundial del Niño Prematuro (17 de noviembre), Enmanuel le contó a EL IMPULSO que se ve obligado a gastar entre 15 mil y 30 mil bolívares de manera diaria, situación que no está al alcance de todos.

Mucho tienen que celebrar quienes están involucrados, de alguna u otra manera, en el servicio de Neonatología, pues a los chiquillos se les considera como “unos súper guerreros”; sin embargo, no son atendidos en las condiciones debidas porque “los médicos y enfermeras trabajan con las uñas”.

“Hay que traer todo. Debo buscar siete sondas que valen 1.100 bolívares cada una, ya ahí se van 7.700 bolívares; también cuatro pares de guantes; yelco, hasta cuatro y cinco veces porque los bebés tienen las venas muy finitas”, dijo Chavier, enumerando parte de la lista, únicamente de insumos, que deben conseguir cada día.  Ya él lleva más de un mes luchando contra la escasez de medicamentos, la inflación y los pronósticos médicos desfavorables, pero está más confiado que nunca que su niña terminará de crecer sana.

“No me dieron esperanza, me dijeron que iba a nacer muerta. Yo solo me he refugiado en Dios para pedirle el milagro y afortunadamente ha mejorado (…) Porque donde termina la medicina empieza a trabajar mi Señor”. Según sus cálculos, ha gastado más de 800 mil bolívares en el mes, pero agradece a sus familiares por el apoyo. “Aquí se me ha ido más de la plata de la cesárea”, comentó con una sonrisa irónica.

 

Son más de 50

En de Enmanuel es uno de más de 50 casos en la terapia intensiva, cuidados intermedios y cuidados mínimos de Neonatología.

Uno de cada diez partos resultan prematuros, por lo que la demanda de atención es importante. Además, se reciben pacientes de Portuguesa, Yaracuy, Cojedes e incluso Barinas.

 

Canto remedio

El equipo reporteril de EL IMPULSO no llegó a verlo, pero contó una de las enfermera que, al escuchar las melodiosas notas musicales que entonaron los integrantes del Sistema Nacional de Orquestas, los monitores de los bebés comenzaron a alterarse.

Esta actividad también se desarrolló en el Hospital Universitario de Pediatría Agustín Zubillaga, así como en otras instituciones a nivel nacional.

“Se ha demostrado que el canto mejora la frecuencia cardíaca, hace que los neonatos se relajen y crezcan más”, dijo la encargada del servicio, Ana Semko, quien además contó que será repetida tal acción.

Con guitarra, teclado y música de cuna, intercalados con algunos villancicos, hicieron vivir momentos realmente emotivos.

 

Heroínas de blanco

El trabajo de enfermería con estos pacientes es digno de admirar, por la delicadeza y el tino que amerita la profesión.

Durante la semana del Niño Prematuro, se han impartido charlas dirigidas especialmente a los padres y a los cuidados de enfermería, pues resultan imprescindibles en la evolución de los chiquillos.

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